Fernando Lamata sigue viendo en la política “algo en lo que ha depositado todas sus fuerzas y toda su ilusión desde que era muy joven y cuando tuve puestos de responsabilidad como en Castilla-La Mancha (al ser nombrado Consejero primero por el presidente y luego por el presidente Barreda); para mí fue un orgullo esa etapa, disfruté mucho, tenía la suerte de contar con colaboradores magníficos”.

Afirma que la echa de menos y que le gustaría seguir haciendo esa labor en la que tanto pudo acercarse y ayudar a colectivos que tenían, como eje de todo, a las personas. Hace algunos años, un ictus le obligó a abandonar la intensidad que requería esa faceta: “Cuando tuvo el ictus dichoso -recuerda- perdí un motor de los cuatro; puedo hacer muchas cosas, pero no tener ese ‘motor’ me impide estar en la labor ejecutiva de toma de decisiones, de aguantar las discusiones y de estar en esa tensión que requiere este oficio”.

Pero sí mantiene intactas (y mejorando con los años, visto está) otras capacidades, como la de reflexionar, asesorar (ha estado como tal estos últimos años, por ejemplo, en un grupo de en una panel de expertos): “En esta labor, creo que he podido aportar cosas y ahora, con este libro (y otras actividades relacionadas) creo que también podemos aportar cosas interesantes”.

Un libro que se ha ido construyendo poco a poco, y a través de la visión y experiencia de expertos en diversas materias que van desde la medicina a la economía (pasando por el derecho y la farmacia)

Nos cuenta que ‘Medicamentos: ¿Derecho Humano o negocio?’ es “un libro vivo” fruto de un equipo que asegura que también se ha ido construyendo “paso a paso”. Lo empezó él mismo junto a (médico especialista en neurología, experto en gestión de servicios de salud, planificación y dirección hospitalaria). El ‘desencadenante’ fue un tema que el propio doctor Gálvez conocía muy bien por su trayectoria: el que se suscitó a raíz de la problemática que recientemente se dio en nuestro país en torno al acceso a los medicamentos para tratar la Hepatitis C: “Él me explicó lo que suponía esta enfermedad, lo que afectaba, y la aparición de estos nuevos medicamentos antivirales de acción directa que hacía que los efectos adversos (diversos y problemáticos) se minoraran mucho a aquellos pacientes que los recibían. Me contó esto, pero me contó también que el precio que pedían por este medicamento (cuando se lanza en Estados Unidos) era de 84.000 dólares por tratamiento y que esto hacía imposible que se pudiera dar a todas las personas que lo necesitaban (de hecho en España se había retrasado la financiación del medicamento casi un año y eso hizo que durante un año personas que podrían haberse estado beneficiando de ese tratamiento, no lo pudieran hacer y fallecieran)”.

Eso les llamó la atención como problema (que, asegura, no era el primero ni el único, porque había más situaciones de estas) que afectaba a gran número de personas en España (casi 700.000) y, a partir de ahí, iniciaron un estudio del problema. Así pidieron asesoría a (abogado y profesor honorario de la , académico correspondiente de la y ex director de los Servicios Jurídicos del la Salud -INSALUD-). Cómo experto en el tema de patentes que es, su visión les permitió diagnosticar que “el problema de este precio tan alto es que hay un mecanismo de protección de la industria (que es la patente) que genera un monopolio, una ‘posición dominante’ en el mercado: nadie puede entrar a competir contigo durante un periodo de tiempo (pongamos, veinte años), y en ese tiempo tú puedes poner un precio más alto porque nadie compite para bajarlo…”.

De este modo, decidieron investigar “cuál era la razón de estas patentes, por qué se habían creado, por qué no se quitaban, etc.”, y fue de este modo como llegaron al cuarto participante de este libro: Pedro Pita (economista, vicerrector y profesor de Economía en la Universidad Nueva de , experto en economía de la salud, y actual editor del ‘International Journal of Health Care Finance and Economics’). “Es una cabeza privilegiada -nos dice de él- y nos dio opinión de los temas económicos del libro, pero tanta opinión nos dio que merecía la pena que fuera coautor (y así lo aceptó)”, sonríe.

Finalmente, “debatiendo en otro acto público sobre estos temas mientras estaba ‘cocinándose’ el libro, había un grupo de farmacéuticos hospitalarios que tiene especialidad en evaluar lo que aportan realmente a nivel terapéutico los medicamentos (se llama Grupo Génesis), y el doctor Francesc Puigventós discutía conmigo sobre estos temas, y de esa discusión surgieron muchas ideas que incorporamos al libro… de modo que es un libro que se ha ido construyendo a través de personas que, en cada caso, han ido aportando un valor de su experiencia ,de su reflexión… muy importante”.

“Si nosotros para pagar los medicamentos de la Hepatitis C hemos gastado en España 1.700 millones de euros por algo que cuesta 30 millones ‘solamente’, si pagamos un sobreprecio abusivo porque tenemos una patente que nos está blindando… pues eso no puede ser, no hay derecho”

Como idea subyacente en este libro, la de que el medicamento es un Derecho Humano que todos sabemos que en cualquier momento podemos necesitar. ¿Acceder a él debe ser un derecho o, por el contrario, ha de ser un privilegio al que cada uno accederá (o no) en función de sus posibilidades?

“Nosotros pensamos que tiene que ser un Derecho porque el medicamento es un bien público que tiene que ser accesible a todos cuando se necesite, pero esto en este momento no está siendo así en el mundo porque hay una de cada tres personas que no tiene acceso a los medicamentos y porque en el planeta cada año mueren 10 millones de personas que no tienen acceso a un medicamento”, afirma.

A aquellos que creen que ésas son cosas muy lejanas que no nos tocan a nosotros de cerca, Fernando Lamata les cuenta que “aquí en España ya hay 2 millones de personas que han dicho (así lo recoge el CIS en el barómetro sanitario del año pasado) que no han podido comprar el medicamento que les ha recetado el médico”, y recuerda el caso del que una colega le habló sobre una señora mayor que no podía pagar ni los 8 euros del copago para su medicación para la diabetes porque decía que ella con esos 8 euros daba de comer a sus nietos una semana entera… “Y casos como ése hay muchos más de los que pensamos”, afirma.

A quien no quiera ver el problema o dijera que a él no le afecta (porque tiene la suerte de no haber estado o de estar en esa situación) Lamata le explica que “también le está afectando porque si esos medicamentos tienen esos precios tan caros y pagamos precios abusivos, ese dinero público está saliendo de otras cuentas: la atención sanitaria que se da por los profesionales pierde calidad porque no podemos reponer las plazas de médicos, porque se disminuyen las plantillas, no se renuevan los equipamientos o se retrasa su sustitución, y entonces aumenta la lista de espera… si eso es así, a todos nos está afectando”.

Prosigue señalando que “si nosotros para pagar los medicamentos de la Hepatitis C hemos gastado en España 1.700 millones de euros -repite la escalofriante cifra- por algo que cuesta 30 millones ‘solamente’ y pagamos un sobreprecio abusivo porque tenemos una patente que nos está blindando… pues eso no puede ser, no hay derecho; y se originan problemas porque para pagar eso, se dejan de pagar otros medicamentos, se quita la financiación, o se pone un copago más alto (y hay quien no puede) o, desde luego, se retrasan procedimientos de diagnóstico o se baja la calidad en el tratamiento porque hay menos recursos… Por la gravedad de la cuestión quisimos estudiarlo y averiguar posibles causas y posibles soluciones”.

“En la toma de decisión de la industria farmacéutica, pesan más consideraciones de ganancia económica a corto plazo que del bienestar de los pacientes”

La causa de este problema está, a ojos de los expertos que han dado contenido a este libro, “en que esos precios tan altos se ponen porque el Gobierno está dando la patente a esa industria para que se proteja”. Nos sitúa explicándonos que “en España estuvo prohibida la patente de medicamentos en la primera parte del siglo XX y sólo se autorizó en medicamento de producto médico en 1992 (es bastante reciente); antes, inmediatamente se podía hacer el genérico del medicamento y, por lo tanto, ponerle un precio bajo”.

Señala que la industria logró que se pusiera la patente “argumentando que de esa manera garantizamos que se haga Investigación: una empresa de esas características ha gastado dinero en Investigación (ha pagado investigadores, etc.) y eso cuesta un dinero… al llegar otra empresa a competir, si no hay barrera con una patente, viene a otra empresa a competir y puede poner un precio con el coste de la fabricación sin el coste de la Investigación y, por lo tanto, es más competitivo y gana el mercado desplazando a la otra empresa (que era ‘la investigadora’ y ‘no tendríamos Investigación’)… éste es el argumento”.

Lamata apunta que “de acuerdo con ese argumento, la patente lo que cubriría sería el coste de fabricación y el de Investigación, no más; pero el problema está en que, una vez que hemos autorizado la patente, la empresa no solamente ha puesto este coste de la Investigación”.

Pone el ejemplo nuevamente del tratamiento de la Hepatitis C: “Con este medicamento, el coste de fabricación hubiera sido de 50 o 100 euros, más un coste de Investigación (durante veinte años, por los enfermos a tratar, etc.) que serían otros 100 o 150 euros… serían en total 300 unos euros por medicamento, no cobrar 10.000 o 15.000 o 20.000 euros…”. Afirma que pueden cobrar estas últimas cantidades “porque por un lado está la patente y, por otro, una evolución del sector de la industria farmacéutica que se ha ‘financializado’; esto quiere decir que en la toma de decisión de la industria farmacéutica, pesan más consideraciones de ganancia económica a corto plazo que del bienestar de los pacientes”.

Cierto es que en las páginas webs de la industria farmacéutica, al leer sobre ‘su misión’ o ‘sus valores’… está la de buscar el bienestar del paciente tal y como nos recuerda Lamata, “pero si sabemos que los principales accionistas institucionales de esa industria farmacéutica son fondos de inversión… lo que podemos hacer es ir a la página web del fondo de inversión, y allí veremos que sus misiones y sus valores es ganar dinero para el accionista, ahí ya no sabemos nada del medicamento, ni del paciente… Y ahí se toma la decisión, la filosofía del fondo de inversión es la que gobierna las decisiones de la industria farmacéutica (por eso ‘nos explicamos’ que pongan precios abusivos, precios que son el máximo que puedas pagar)”.

Esto es, por tanto, “lo que quiebra el modelo de patentes (que era un modelo basado en la confianza en que hubiera un precio justo para financiar la Investigación); la industria cambia el argumento y dice ‘no, ya no me lo das para pagar la Investigación, sino que me lo das porque esto lo vale…’ ¿y cuánto vale una vida? Todo… y entonces te exigen que se lo des todo… La media de beneficios de esta industria es cuatro veces la de otros sectores (hay un beneficio extraordinario) y el gasto en marketing es dos veces el de Investigación”, recuerda.

Por eso es claro al afirmar que “hemos de modificar el sistema de patentes, que está siendo la causa de este problema ligado (como digo) al fenómeno de la ‘financialización’ del sector, que es lo que ha pasado en otros sectores de la economía también; ¿qué pasó con ‘la burbuja inmobiliaria’?, es el mismo fenómeno que también se está dando ahora en esta ‘burbuja farmacéutica’…”.

Posibles soluciones a tomar desde los Gobiernos para frenar este ‘abuso’

Conocidos ya problema y causa, toca ahondar en las posibles soluciones. Una de ellas, por ejemplo, parte del hecho de que “el Gobierno tendría que no dar las patentes o que ser muy exigente (si las da) para que se cumplieran esos requisitos (de que sea un medicamento realmente innovador y bajo el compromiso de fijar precios con arreglo al coste y a la Investigación pero no al precio por valor máximo que yo pueda pagar…). Si eso no se cumpliera, el tiene una herramienta que consistiría en hacer ‘Licencia Obligatoria’: un decreto para retirar la patente por ‘abuso de patente’ (porque hay una causa con la que se está perjudicando la , limitando el acceso a los pacientes a ese tratamiento o perjudicando a otros pacientes que ven que se les quitan recursos para tratarlos…)”.

La otra vía de posible solución partiría de la propuesta de la (OMS): “Consiste en cambiar el modelo de patentes y que la financiación de la Investigación se desligue del precio del medicamento: que sea una financiación pública e independiente y que, luego, el medicamento se fabrique y se venda a precio de coste (porque la Investigación se habría, así, financiado aparte y para todos, de una forma abierta, sin garantizar el monopolio a ninguna industria)”, detalla. Fernando Lamata asegura que eso se puede hacer, que ya hay algunas experiencias en este sentido que han funcionado y que habría que generalizar, por el lado de la Administración.

“Si seguimos así, el sistema sanitario público no va a aguantar y muchas familias no van a poder tener acceso a los medicamentos dentro de cinco, de diez, de veinte años…”

No obstante, la solución también pasa por la vía de los médicos que recetan: “Este mismo mecanismo hace que el marketing tan potente y con ese beneficio tan grande que tiene esa industria controle la formación de los profesionales, controle los congresos de los médicos, las revistas científicas… casi todo hace que también se oriente a, por un lado, la falta de acceso a medicamentos que nos hacen falta y que son útiles y, por otro lado, el exceso de prescripción innecesaria que no haría falta (o prescribir una marca que cuesta diez veces más cuando el genérico está disponible)… También podemos trabajar ese tipo de ‘presión’, los profesionales tienen que colaborar en este tipo de procedimiento para ordenar, equilibrar, este modelo”.

Lamata asegura que todo esto implica “tomar conciencia de que, si seguimos así, el sistema sanitario público no va a aguantar y que muchas familias no van a poder tener acceso a los medicamentos dentro de cinco, de diez, de veinte años… No podemos, esta ‘escalada’ no se va a poder soportar, y si a alguien ahora no le está afectando, le va a afectar; hay que tomar conciencia de eso”.

Esta industria gasta en Europa cada año “35.000 millones de euros solo en marketing, a través de todo tipo de acciones que al fin y al cabo contribuyen de algún modo (más o menos directo) a la creación de pensamiento” desde el punto de vista de los profesionales. Pero también Lamata explica que incluso se da apoyo económico por parte de la industria farmacéutica a muchas asociaciones de pacientes para que desarrollen actividades, logrando así ‘blindarse’ de alguna manera a las críticas que puedan suscitar estos comportamientos que pueden resultar perniciosos a la larga.

Insiste también en lo importante que es el que haya una cada vez mayor conciencia social al respecto de esta situación: “Dicen que ‘ojos que no ven, corazón que no siente’, y esto es difícil verlo si a ti no te ha tocado; si a ti no te ha pasado que no has podido pagar ese copago de la receta y no has podido tomar tu medicamento para tu diabetes o para tu hipertensión… pues le toca a otro pero a ti no… pero sí, porque ese exceso de gasto implica dinero que se podía haber destinado a otros Centros de Salud, o a otros programas de salud o a haber facilitado la formación de los profesionales… Es decir, que al final estamos haciendo un uso ineficiente de ese recurso que podía hacer, por ejemplo, que la listas de espera para diagnóstico fuera más cortita o que tuvieras más profesionales de enfermería en tu hospital para atendernos mejor; de no modo que no es algo que no vaya con nosotros…”, reitera.

Apunta también que si sigue esta escalada, “el mecanismo que siguen otros países es que dicen que ‘como la Sanidad no es sostenible (y este discurso ya lo hemos oído, dicen que la Sanidad no es sostenible porque es muy cara), no podemos pagarla: que se la pague cada uno, que se haga un seguro privado (que se lo podrá hacer el que pueda); esta es la tendencia a donde vamos si no frenamos esta escalada de precios: a un modelo tipo americano que es el modelo del ‘sálvese quien pueda’…”.

“El departamento comercial de Estados Unidos llegó a decirle al (cuando éste quería introducir un genérico para un medicamento contra el cáncer) que si hacían eso, dejarían de apoyar el proceso de paz de Colombia…”

Poner luz (y, sobre todo, soluciones) a todo esto parece, a tenor de la realidad, que no es algo que interese políticamente atajar, y sobre las causas de que así sea conversamos precisamente con Fernando Lamata: “Los intereses en juego son muy importantes… aquí hay un sector industrial importante que mueve en el mundo un billón trecientos mil millones de euros; en España, en ventas de laboratorio, mueve también unos 15.000 millones de euros (y, si añadimos la distribución farmacéutica… algo más de 20.000 millones)”.

Cuenta que “cuando un ministro o un consejero va a tomar decisiones de este tipo, de intentar ajustar los precios y hacerlos más razonables al coste, pues hay una reacción del inversor, de la industria… a lo mejor lo primero que te dicen es que ‘la planta que tenemos aquí de Investigación, la vamos a tener que cerrar…’ (por ejemplo), con la consiguiente pérdida de puestos de trabajo del sector; pero es que con el dinero que estamos gastando, cubriríamos el coste de todos esos puestos de trabajo y aún ahorraríamos un 60%… unos 8.000 millones de euros en España se podrían ahorrar”.

Señala que esto no se hace debido a “la asimetría en la relación de fuerzas”. Pone ejemplos de cuando ha sido consejero y ha planteado “de todo: reducir el número de visitas de visitadores médicos a los Centros de Salud para evitar esa ‘presión’ del marketing; reducir las posibilidades de regalos, de cursos, de cosas… para que no hubiera tanta presión sobre el profesional”… medidas insuficientes para hacer frente al poder de la avaricia “de una industria financiera que en el fondo está detrás de todo esto y que lo que tiene es que ganar dinero todos los días y cuanto más, mejor”. Señala como, por ejemplo, que “al ir a recomendar que se prescriban medicamentos genéricos cuando haya genéricos, también viene la industria y te pone un pleito, intenta ‘defenderse’ de esa medida… a mí me han puesto varios pleitos a lo largo de mi carrera profesional por decisiones de este tipo”.

Explica que “en España también ha habido presiones comerciales: ‘si ustedes dejan de invertir de alguna manera este dinero en medicamentos de nuestras empresas, dejaremos de comprarles… (cualquier cosa que les estuviéramos vendiendo); se origina una ‘guerra comercial’, hasta el punto de que, como muestra de esto, el departamento comercial de Estados Unidos llegó a decirle al Gobierno de Colombia (cuando éste quería introducir un genérico para un medicamento contra el cáncer) que si hacían eso, dejarían de apoyar el proceso de paz de Colombia… Diremos ¿y qué tendrá que ver una cosa con otra? Pues digamos que todo está en un juego de intereses donde, desde luego, no es fácil modificar este esquema; pero sí digo que el problema hay que plantearlo porque es grave y porque si no reaccionamos el sistema público que conocemos no es mantenible (pero no porque no lo sea, sino porque los precios que están imponiendo son muy caros injustamente)”.

“A mí no me ha sido fácil escribir este libro y publicarlo, y he estado varias veces tentado a dejarlo estar y no terminarlo… Es incómodo porque tratas un tema incómodo”

Son varios los colectivos y asociaciones que están intentando luchar contra estas ‘injusticias’ en torno a los medicamentos, pero Lamata señala que “eso son ‘pequeñas gotitas’ frente a un torrente o una tormenta inmensa… hay un modelo de desequilibrio; por eso creo que hasta que no quitemos la causa (que es el monopolio, esa exclusividad con las patentes) será muy difícil corregir el sistema, pero hay que ir dando pasos, y la concienciación ayuda”.

Asegura que éste es “un libro incómodo” y sonríe al recordar las palabras de su mujer advirtiéndole al preguntarle que para qué se metía en esto… “A mí no me ha sido fácil escribir este libro y publicarlo, y he estado varias veces tentado a dejarlo estar y no terminarlo… Es incómodo porque tratas un tema incómodo; yo tengo muchos amigos que son visitadores médicos, y he negociado mucho con la industria farmacéutica, y hay muchos profesionales muy serios que se ganan la vida dignamente pero yo lo que intento explicar es que el modelo que podría funcionar y que tenía un sentido se ha desequilibrado de tal manera que no es razonable que se cobre 20.000 euros por algo que cuesta 100 euros…”.

“La media de beneficio neto de las empresas industriales en Europa es de un 5% sobre las ventas; la industria farmacéutica tiene cuatro veces más: un 23% (y en ese beneficio neto ha imputado como costes de todo tipo…)”

Recuerda que “la media de beneficio neto de las empresas industriales en Europa es de un 5% sobre las ventas” y que “la industria farmacéutica tiene cuatro veces más: un 23% de beneficio neto sobre ventas, y en ese beneficio neto ha imputado como costes todos esos gastos de marketing de los que hemos hablado y buena parte de los gastos de recompra de acciones, de los gastos de compra especulativa de otras pequeñas empresas (con lo cual, realmente, los beneficios serían no cuatro veces más sino veinte veces más)… esto es lo que no puede ser y lo que me resulta incómodo decir”.

En su natural humildad, admite que puede estar equivocado, pero explica que todos los datos que se recogen en el libro han sido extraídos de fuentes oficiales que están en las referencias como tal: “Acepto que pueda haber razones mejores de otros, y por eso lo que creo es que debe haber debate, discusión, y yo con la industria he discutido (y seguiré discutiendo) porque creo que ellos también han entrado en una dinámica de abuso que no es que les vaya a llevar a la quiebra (porque ellos van a seguir ganando), pero sí que va a tener un efecto sobre el conjunto del sistema muy negativo… y creo que su responsabilidad también tendría que hacerles moderar esa ‘intensidad’ de beneficio”, concluye.

Si lo desean, les invitamos a escuchar con detenimiento las reflexiones de Fernando Lamata en torno al libro ‘Medicamentos: ¿Derecho Humano o negocio?’ del que es coautor, sobre las grandes preguntas y respuestas que hay detrás del desconocimiento generalizado que la opinión pública solemos tener sobre la industria farmacéutica. Pueden hacerlo mediante el vídeo que acompaña a este texto.