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Rodeada de un paisaje genuinamente manchego, la Finca Venta de Don Quijote, heredera de una larga tradición vitivinícola que se remonta a varios siglos de dedicación al cultivo y elaboración de vino, se ubica en El Toboso (Toledo), en el corazón de La Mancha entre los límites de las provincias de Cuenca y Toledo, dentro de lo que se denomina el triángulo de oro de la viticultura castellano-manchega.
Desde que esta finca fue adquirida en 1996 por la familia Pérez Molina, tradicionalmente dedicada a la agricultura y al cultivo de la vid, se inició un profundo proceso de transformación del viñedo, cuyas plantaciones se han prolongado hasta 2005 para completar en total una superficie de 540 hectáreas, en las que una amplia gama de variedades de uva tinta y blanca ha sido distribuida tras un minucioso estudio de sus diversos tipos de suelos.
Esta familia de agricultores se embarcó en el mundo de la elaboración y comercialización de sus propios caldos, sacando al mercado en 2006 sus primeros productos, VQ Finca Venta de Don Quijote. Desde entonces hasta hoy, son muchos los éxitos cosechados, una feliz entrada en el mercado vitivinícola y varios galardones, así como los proyectos iniciados, la construcción de un hotel, con el que esta bodega se suma a la iniciativa de la difusión de la cultura del vino a través del enoturismo, y la adaptación del viñedo y la bodega a la reglamentación exigida para conseguir la calificación de Pago. En definitiva, un sueño hecho realidad.
En el siguiente reportaje, José Fernando Pérez Salamanca, director gerente de esta bodega con claras reminiscencias cervantinas, comenta el esfuerzo y el trabajo que ha supuesto la consecución de este reto, en el que el principal objetivo es la elaboración de “un vino agradable, fácil de beber, de amplia aceptación y asequible. En definitiva, un vino apto para cualquier consumidor”, manifiesta el bodeguero castellano-manchego.
Finca Venta de Don Quijote, propiedad de una familia con gran tradición en el cultivo de la vid, se encuentra ubicada en El Toboso (Toledo), dentro de los límites de las provincias de Toledo y Cuenca.
Tras tres generaciones de dedicación al mundo de la agricultura, en 1996 la familia Pérez Molina adquirió estos terrenos, cuya extensión es de 540 hectáreas, y, empujada, en parte, por las dificultades que atravesaba la venta de la producción del viñedo, tomó la decisión de producir y comercializar sus propios caldos, una actividad que, aunque ajena a la tradición familiar, han logrado desarrollar mediante la elaboración de vinos de gran calidad.
Para ello, según indica José Fernando Pérez Salamanca, director gerente de Finca Venta de Don Quijote, se inició un proceso de transformación del viñedo de la finca adquirida, cuya tradición vitivinícola de varios siglos de dedicación al cultivo de la vid y la elaboración de vino, junto a las nuevas técnicas de cultivo, aseguraba el éxito de las nuevas plantaciones de variedades más aptas para la elaboración de caldos de alta calidad.
Conscientes de que la calidad de un vino proviene en gran parte de la influencia del terruño, a la hora de preparar las plantaciones se tuvieron en cuenta los diferentes tipos de suelo para elegir las variedades que tuvieran un mejor desarrollo, fructificación y calidad, así como que la producción fuera económicamente interesante, relacionando cantidad y calidad. Por las características climatológicas de la finca, las variedades que mejor se adaptan son las de brotación media, a las que no les afectan las heladas tardías, y de maduración media-tardía, evitando así los últimos calores del verano.
Como resultado, la finca cuenta hoy con una extensión de cultivo de 65 hectáreas de Sauvignon Blanc, 20 de Verdejo y 30 de Macabeo o Viura, en variedad blanca; y en tinta, la variedad autóctona Tempranillo, ocupando una superficie de 210 hectáreas, predomina sobre el cultivo de las demás variedades tintas de la finca: 120 hectáreas de Syrach, 40 de Merlot, 45 de Cabernet Sauvignon, 20 de Garnacha, 15 de Graciano y 15 de Petit Verdot.
Dentro de lo que ha sido denominado por los expertos el triángulo de oro de la viticultura castellano-manchega se extiende Finca Venta de Don Quijote, “inmersa en un clima continental, con largos y fríos inviernos junto a veranos secos y calurosos con noches frescas, y en un terreno privilegiado para el cultivo de la vid, ya que su gran superficie presenta diferentes tipos de suelo: franco-arenoso, franco-arcilloso y calizo, tierras ideales para el cultivo de la vid”, detalla José Fernando, para añadir que estas características dan como resultado vinos de alta concentración frutal.
Todo el viñedo se encuentra guiado en espaldera y provisto de riego por goteo para un mejor cuidado y maduración del fruto. La orientación de la espaldera es de norte a sur, de tal forma que en los momentos de mayor asoleo se encuentre la uva protegida del sol.
En opinión de José Fernando, las ventajas de la uva en espaldera consisten en que, al no estar tan cerca del suelo, se consigue una mayor aireación del fruto, además de posibilitar la vendimia automática, “lo que no es posible en las plantaciones en vaso”, aclara, para afirmar que la vendimia mecánica es más efectiva en los cultivos de gran extensión.
En Finca Venta de Don Quijote, el control exhaustivo en poda, abonado, tratamientos y riego permite determinar la cosecha en función del destino al que está prevista. Así, de las uvas de las cepas más jóvenes se elabora el mosto, las cepas de mediana edad, con siete a diez años, son ideales para vinos jóvenes con mucha estructura, mientras que las uvas de las cepas con más de diez años son destinadas para la elaboración de vinos de crianza.
La vendimia también se realiza según las variedades y el destino de la uva, siendo determinante la elección de la fecha adecuada y del tipo de vendimia, mecánica o a mano en cajas de 18 kilos.
En variedades con poca oxidación, “optamos por hacer la vendimia mecánica”, indica José Fernando, precisando que este tipo de vendimia posibilita la recolección de la cepa a la bodega en un periodo de tiempo de 15 minutos, ya que su transporte se realiza en bañeras de acero inoxidable, con una capacidad de 3.000 a 3.500 kilos y provistas de unos motores vibradores que dosifican la uva directamente a la despalilladora; y por la noche, a unas temperaturas más frescas que durante el día.
Dada la extensión de la finca, a pesar de optar en muchas variedades por la vendimia mecánica, la recolección de toda la producción, que se inicia el 20 de agosto, se prolonga hasta finales de octubre.
Finca Venta de Don Quijote es una de las 30 bodegas de la Región que pertenecen a la Asociación de Enoturismo de Castilla-La Mancha, fundada hace poco más de un año con la intención de difundir la cultura del vino a través de la marca Divinum Vitae, una iniciativa pionera en España.
Manifestando su satisfacción por pertenecer a esta Asociación de Enoturismo, José Fernando cree que es una buena iniciativa para difundir la cultura del vino e introducir a la gente en todo lo que rodea a la elaboración del vino mediante visitas a las bodegas.
Finca Venta de Don Quijote organiza en sus instalaciones degustaciones y catas comentadas para el disfrute y el conocimiento del vino, visitas guiadas por el viñedo donde el personal responsable va comentando lo relacionado con la viticultura y recorridos por las dependencias de la bodega siguiendo el proceso desde la recepción de la uva hasta la sala de crianza.
Actualmente, en Finca Venta de Don Quijote se está construyendo un hotel con ocho habitaciones, restaurante y piscina cubierta. Teniendo en cuenta que esta bodega lleva el nombre de Venta de Don Quijote, “donde según Miguel de Cervantes fue armado caballero Don Quijote y que además está muy próxima a El Toboso, la tierra de Dulcinea, esta nueva construcción, destinada a promocionar el enoturismo, tiene unas características típicas manchegas según la tradición de las construcciones que había en la zona”, describe José Fernando. De momento y hasta que el proyecto vea la luz, continúa, “contamos con restaurantes y casas rurales colaboradoras en típicos pueblos manchegos como El Toboso, Mota del Cuervo, Quintanar de la Orden o Belmonte, todos ellos con gran interés turístico y situados a pocos minutos de la bodega”, destaca.
Con una situación perfecta, justo en el centro de la finca, se levanta una bodega de 18.000 metros cuadrados, una construcción tradicional de la zona, haciendo homenaje a su nombre, Finca Venta de Don Quijote, con líneas arquitectónicas simétricas y ornamentación típica de La Mancha, pero totalmente provista de las mejores tecnologías para la elaboración y cuidado de los caldos.
Dividida en cuatro zonas –elaboración, crianza, embotellado y almacén-, la bodega tiene capacidad para elaborar el cien por cien de la uva producida en la finca, aproximadamente seis millones de kilos, de los cuales el 60% se destina a mosto y el resto, tras una exhaustiva selección, a vino de calidad, con una producción de 400.000 litros en blanco y 1.600.000 en tinto.
La nave de crianza, con capacidad para 3.000 barricas, es subterránea y se encuentra provista de un control de temperatura y humedad automático, así como de una recirculación de aire limpio cada cierto tiempo.
Finca Venta de Don Quijote tiene en el mercado desde 2006 una amplia gama de vinos, tanto blancos como tintos. En blancos, Sauvignon Blanc, Macabeo, un coupage de 40% Sauvignon Blanc, 30% Verdejo, 30% Viura, y Sauvignon Blanc de Vendimia Seleccionada, elaborado con los primeros racimos recogidos manualmente.
En tintos, esta bodega tiene cuatro monovarietales de Tempranillo, Syrach, Merlot, Cabernet y un coupage de 30% Syrach, 30% Cabernet y 40% Tempranillo.
Además, también ofrece un tinto semicrianza, Syrach 2006, con tres meses en barrica; y dos tintos crianza, Syrach 2005 y un coupage 2005, ambos con seis meses en barrica.
Aunque Finca Venta de Don Quijote comercializa actualmente sus vinos bajo la Indicación Geográfica Vinos de la Tierra de Castilla, tiene previsto obtener la calificación de Pago: “Estamos ahora mismo en el proceso de adaptación para cumplir con toda la normativa”, precisa José Fernando, para añadir que la finca reúne las condiciones idóneas por la variedad de suelos, habiéndose adaptado las plantaciones del viñedo a las peculiaridades de cada tipo de suelo.
Pese a su juventud, Finca Venta de Don Quijote se encuentra en una buena posición dentro del mercado del vino: “Somos una bodega muy nueva pero hemos tenido una introducción bastante aceptable en el mercado para el poco tiempo que llevamos, hemos conseguido darnos a conocer en bastantes sitios, tenemos en el mercado nacional una marca conocida y en el mercado exterior estamos exportando en lugares como Estados Unidos, Perú, México o Puerto Rico y en el mercado europeo, en Alemania y en Inglaterra”, señala José Fernando, para detallar que actualmente se está destinando un 70% de la producción al mercado nacional y un 30% al internacional.
Por otra parte, no hay que olvidar que la familia Pérez Molina, de larga tradición en el mundo de la agricultura, se ha tenido que adaptar e introducir en esta nueva actividad de la elaboración y comercialización del vino. Por ello, José Fernando reconoce que, como en todo nuevo negocio, ha sido complicado posicionarse y encontrar un lugar en el mercado, un reto que ya ha sido superado existiendo unas buenas perspectivas de futuro.
Una prueba del éxito inicial que están teniendo los vinos de Finca Venta de Don Quijote es que ya en 2006, en su primer año en el mercado, estos vinos obtuvieron numerosos galardones, algunos de ellos de prestigioso reconocimiento. El Tempranillo recibió un Bacchus Plata, la Medalla de Plata de Bruselas y la Medalla de Oro Tempranillos del Mundo; el Sauvignon Blanc, un Bacchus Plata y la Ballesta de Oro como mejor vino blanco en Cuenca; y el Macabeo, un Bacchus Plata.
A pesar de que el cultivo del viñedo castellano-manchego alcanza una superficie del 50% del total de toda España y del esfuerzo realizado tanto por las instituciones como por parte del sector vitivinícola, los vinos de la Región no gozan del prestigio que merecen.
En opinión de José Fernando, actualmente los vinos castellano-manchegos, gracias a las buenas condiciones que reúne La Mancha para el cultivo de la vid, así como al esfuerzo que se está realizando por elaborar vinos de calidad, “son tan buenos como pueden ser los de cualquier zona vitícola de España”, asevera, lamentando que durante mucho tiempo se hayan asociado los vinos castellano-manchegos con vinos a granel de baja calidad, una idea que, bajo su punto de vista, aunque sigue suponiendo en cierto modo una barrera, poco a poco se está abandonando, de manera que “los caldos de la Región están cada vez mejor posicionados en el mercado”, defiende, argumentando que en las cartas de los restaurantes cada vez hay más vinos de Castilla-La Mancha.
A nivel internacional, José Fernando cree que la mayor competencia proviene de zonas de gran producción como son Australia, Chile o Sudáfrica pero dentro de la oferta y la demanda “los vinos castellano-manchegos también tienen su sitio”, asevera, mostrando su absoluta seguridad de que los vinos de La Mancha no tienen por qué temer al pujante éxito de los vinos del Nuevo Mundo, ya que “Castilla-La Mancha posee unas condiciones inmejorables: una tierra muy rica, un sol extraordinario y un clima perfecto para producir uvas”, enumera, añadiendo el requisito de que no falte agua para producir uvas, “esas gotitas tan necesarias para poder echárselas a la planta para que subsistan”, solicita, reafirmando que Castilla-La Mancha, por sus condiciones puede competir con los vinos de Australia y Chile.
Sobre la propuesta de la Comisión Europea para la reforma de la Organización Común de Mercado (OCM) del vino, que supondría la reducción de 400.000 hectáreas en todo el territorio europeo en un plazo de cinco años como solución a los excedentes en la producción, José Fernando cree que la más perjudicada va a ser Castilla-La Mancha porque “si nos quitan el paisaje de la viña de los meses más calurosos del año, nuestra tierra, por sus condiciones climáticas, corre un gran riesgo de desertización”, opina, para añadir que resulta paradójico que se esté reforestando con plantaciones de pinos y se consienta el arranque de miles de hectáreas de viñedo, que son “el pulmón que tenemos en verano dentro de nuestra geografía castellano-manchega”, significa José Fernando. Además, continúa, no hay que olvidar el factor económico, haciendo alusión a la cantidad de personas que viven, directa e indirectamente, alrededor del sector vitivinícola, “uno de lo mayores valores que tiene Castilla-La Mancha”, estima el bodeguero, incidiendo en que habría que concienciar a la sociedad de la importancia de un sector del que no sólo viven los bodegueros y que beneficia los sectores económicos más variados, desde los constructores que levantan las bodegas hasta los transportistas o las gráficas que hacen las etiquetas.
Es precisamente esta relevancia del sector en la economía castellano manchega lo que le lleva a afirmar que habría que potenciar el consumo y, sobre todo, la cultura del vino, mediante la contribución de todas las partes involucradas en el mundo del vino, desde los restauradores a los propios bodegueros, poniendo como ejemplo la iniciativa de la Asociación de Enoturismo para introducir a la gente, mediante visitas a las bodegas, en esa cultura del vino.
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Grupo de Comunicación La Cerca
Si D.Quijote conociese a Jose Fernando, seguro que se arrodillaba y se le ofrecia como umilde servidor y se pondria a disposicion para acompañarle en las batallas que hay que luchar en la agricultura y enologia del siglo XXI.