“El nombre de ‘Pepe Isbert’ para mí representa a toda una generación de actores y de actrices que no sólo es gente con un talento fuera de lo normal, sino que comparten una manera de entender esta profesión desde la abnegación, desde la entrega total (en ocasiones, incluso esforzada)”, introduce.

José Sacristán recuerda de ellos “el trabajo a dos funciones diarias, durmiendo en pensiones” pero basado precisamente en “la dignidad y el amor a ese trabajo” y demostrando, además, “un talento fuera de serie”. Rememora cómo ha tenido ocasión de trabajar con algunos y algunos de ellas (que, en algunos casos, nos han ido dejando) y esto le lleva a subrayar nuevamente “el honor de haber sido distinguido con el Premio Pepe Isbert, que -insiste- representa a todos y a todas ellas”.

‘El Teatro’, casi “recinto sagrado” por lo que en él sucede

José Sacristán tiene un cine en su casa en el que, precisamente, podemos encontrar dos de butacas del antiguo Teatro Circo de Albacete (compartiendo escenario insigne junto a otras dos del Teatro Español, dos del Teatro de la Comedia y dos del Teatro Reina Victoria). Quizá sólo eso diga ya bastante del significado que para él puede tener un lugar como éste, en el que pocas horas después de esta conversación va a poder interpretar ‘Muñeca de porcelana’ e, instantes después, se convertirá en el XIX Premio Nacional de Teatro Pepe Isbert.

“El Teatro Circo de Albacete es un lugar muy particular -nos dice-; es singular, tanto como que en toda Europa no creo que haya más de cuatro o cinco similares a éste”. Asegura que, como profesional, todos y cada uno de los lugares en los que desempeña su trabajo tienen para él la categoría de casi “recinto sagrado”.

“Se trata del lugar en el que convocamos a la ceremonia de la representación de lo que, para todos los que formamos este mundo, no sólo es una forma de ganarnos la vida; cada uno de los Teatros tiene esa impronta, ese sello, esa ‘cosa’ que lo hace único porque en la representación del Teatro, lo que se hace un día ni se ha hecho antes ni se va a volver a hacer después… y eso lo hace un sitio singular”, explica.

“He tenido la suerte de trabajar en algo que para mí es toda mi vida”

Entre la multitud de cosas (y todas buenas) que se han escrito de José Sacristán (que, dicho quede, nos pide que le llamemos ‘Pepe’), muchos le reconocen que el suyo ha sido ‘demasiado trabajo para un solo hombre’ pero no uno de esos trabajos ‘fáciles’, sino del cuesta alcanzar y en el que cuesta estar a la altura en que él ha estado y está) ¿Qué sacrificio hay detrás de conquistar a pulso algo así?

“En mi caso no le llamaría ‘sacrificio’ porque he tenido la suerte de trabajar en algo que para mí es toda mi vida… trabajo y vida han ido tan de la mano que no sé distinguir ni existiría la una sin el otro ni el otro sin la una”, afirma.

Fue consciente desde el primer momento de que “el sacrificio era algo implícito, que estaba ahí: era la atención, el tener una disciplina de trabajo, el ser consciente de la responsabilidad que uno tiene como figura pública para que las cosas que uno proponga al espectador tengan una calidad (siempre y cuando uno puede elegir el trabajo que quiere hacer)… Pero está en el ADN del actor las distintas maneras de entender llevar a cabo su trabajo, están en el ‘manual’ del actor y yo no las vivo como un sacrificio (en todo caso, en ocasiones, como una disciplina, eso sí)”.

“Hubo un tiempo en el que se convivía con lo precario como algo perfectamente natural; ahora (aunque no estemos pasando el mejor momento en el país), las cosas tienen otro perfil”

En alguna ocasión en la que José Sacristán ha conversado sobre su trabajo en los años ’60 ha aludido, por ejemplo, a sus ‘siete papeles a la vez en Julio César por 30 duros’, sin que aquello ni siquiera le diera para lo más básico y a cómo en el ‘64 y ‘65 nacieron sus hijos y la cosa se complicó aún más… ¿En qué ha cambiado la vida del actor en relación a hoy (si ha cambiado algo)?

“El país no es el mismo -explica-, el nivel de precariedad en que yo he vivido creo que ahora no existe; hubo un tiempo en el que se convivía con lo precario como algo perfectamente natural y, ahora (aunque no estemos pasando el mejor momento en este país), las cosas tienen otro perfil, otro carácter”.

No obstante, reconoce que “desde siempre” en su profesión “a unos les va bien, a otros les va regular, a otros les va fatal y a otros ni siquiera les va… y esto seguirá pasando”.

“Nunca me ha faltado trabajo, nunca, jamás -afirma, rotundo- pero, lógicamente, hubo tiempos en los que lo que me pagaban no era suficiente; como variantes, ahora, la fuente de contratación está en la tele, que es un medio que proporciona una fama, una popularidad y unas compensaciones económicas que antes eran impensables… es decir, hay unas variantes mecánicas, pero las constantes… van a ser siempre las mismas: que a unos les va a ir bien, a otros regular, a otros fatal… y que las condiciones en las que nos movemos ahora son (me atrevo a decir) no tan extremas como las que se vivieron en su momento”.

“No me gustan los actores que convierten el escenario en un púlpito o una tribuna desde la que decir a alguien cómo tiene que vivir o desde la que moralizar o pontificar”

Como apuntábamos al comienzo de la entrevista, antes de que esta noche José Sacristán recoja el XIX Premio Nacional de Teatro Pepe Isbert, interpretará sobre las tablas del Teatro Circo (hoy, de nuevo para él, “recinto sagrado”) la obra ‘Muñeca de porcelana’ del dramaturgo norteamericano David Mamet, en la que podemos verle bucear en las miserias del poder y en sus contradicciones. Un hilo argumental ¿demasiado ‘de actualidad’…?

“Yo no diría ‘demasiado’ -apunta-; en Mamet no hay intenciones pedagógicas y no me gustan los actores que convierten el escenario en un púlpito o una tribuna desde la que decir a alguien cómo tiene que vivir o desde la que moralizar o pontificar”.

Explica que Mamet es “un cronista de su tiempo, lúcido, pero distanciado” que viene a hacer lo que Sacristán denomina una especie de ‘colonoscopia del poder’: “Le mete al poder por el mismísimo culo el aparato y lo destripa, con el atractivo para mí de que el personaje que interpreto (que dispone de poderes políticos, económicos y, como consecuencia, de poderes morales) no es destruido por la justicia sino por otro poder mayor”, explica.

Señala que Mamet lo que quiere es que nos hagamos una simple pregunta: “¿Qué pintamos ‘los de a pie’? dice, y prosigue, “¿qué pintamos ‘los de a pie’ insistiendo en votar a los corruptos, aplaudiendo a los corruptos y a los imbéciles…?”.

“Estamos asistiendo a un panorama bastante desolador y no muy divertido a propósito de la clase política…”

¿Da crédito Sacristán a la situación que ahora mismo está atravesando este país, al hilo de lo que acaba de decir?

“Estamos asistiendo a un panorama bastante… me atrevo a decir que desolador, no muy divertido, a propósito de la clase política; pero insisto en que esta clase política es nuestra clase política, nos -enfatiza el pronombre- representan, no han venido de naves espaciales; ya se sabe que hay que gente que son corruptos, y los vuelven a votar y los vuelven a aplaudir…”, reitera.

Sobre si la Cultura (como parte de ‘utilidad’ o de ‘sembrar inquietudes’ en los ciudadanos) se ha dejado adormecer en nuestro país, Sacristán afirma que no sabría decir.

“La Cultura tiene un poder relativo -afirma-, no ‘el poder auténtico’ (como decía Albert Camus), el de quienes hacen la Historia…; si fuera así, a quienes hacemos Cultura debería caérsenos la cara de vergüenza de estar en el punto en el que estamos; la Cultura lo que hace es ‘estar ahí’ y tratar de paliar, enfrentar, neutralizar o contribuir a que la especie humana sea un poco mejor”.

Asegura que es “el dinero (el poder material) y las religiones (el poder moral) quienes manejan ‘el cotarro’ y no sabría decir si dentro del panorama cultural o en la oferta que se hace en teatros o en películas que se echan por televisión habría que echar mano de más crítica social… porque creo también que los profesionales de la Cultura tienen un territorio para trabajar y otro territorio para manifestarse como ciudadanos”.

Asegura que él, como actor (y al margen de que le llamen o no para ciertas cosas) procura “ser de alguna utilidad”, pero manifiesta que no puede delegar en su condición de actor los compromisos que tiene como ciudadano: “Si yo tengo que protestar o me tengo que manifestar, estaré (como ciudadano) donde tenga que estar, sin pensar que un libro, una obra de teatro, una película… van a cambiar la sociedad”.

Su ‘compañía’ más especial

‘Pepe’ siempre dice que mira al lado y ve al chaval que fue… y que aún es. ¿Qué consejo le daría a ese chaval (desde la vida que ya le lleva por delante)?).

“No quiero perderle de vista de ninguna de las maneras”, advierte. “no le daría consejos, al contrario, yo acepto los suyos; no me atrevería a aconsejarle nada porque él sabe más que yo; él está ahí y no puedo prescindir de él, estoy encantado porque sé que, además, lo que él me inspira es procurar hacer el imbécil lo menos posible y caer lo menos posible en errores o en contradicciones (aunque, en ocasiones, bienvenidos sean los errores y las contradicciones)”, concluye.

No le daría consejos, pues. Ojalá sí pueda hacerle una advertencia (de nuestra parte y con todo nuestro cariño): que (sin ánimo de ‘meter presión’) debería saber que ese chaval está llamado a ser uno de los más ‘grandes’ que ha dado la escena de este país. Ni más. Ni menos.

Si lo desean, les invitamos a visionar al completo la entrevista que el actor José Sacristán ha concedido a La Cerca en el Teatro Circo de Albacete, a través del vídeo que acompaña a esta versión escrita de la misma.