Comienza explicándonos Tarjuelo que, en el año hidrológico 2016-2017 (recientemente finalizado) “las lluvias a Albacete nos han llegado más desde el Mediterráneo, pero más del 60% de esa lluvia cayó en otoño”, pero señala que la situación “ha cambiado radicalmente” si la contraponemos con la de este otoño, que ha dibujado un escenario mucho más irregular. Resalta Tarjuelo, además, que “en el resto de Castilla-La Mancha ha caído bastante menos que en la provincia de Albacete (donde cayeron unos 360 mm mientras que, por ejemplo en puntos como Ciudad Real, cayeron 320 mm)”.

Tarjuelo explica que “la situación de escasez de agua que tenemos (tanto en los embalses superficiales como en los acuíferos ya se produjo algo más de diez años)” y pone a Alarcón como modelo de cambio de gestión ante una situación parecida que no ha vuelto a sufrir en tales dimensiones

Sin embargo, en el ejercicio en marcha (2017-2018), “Albacete es la zona en la que menos ha llovido: básicamente han caído 22 litros frente a los más de 100 que cayeron el año pasado en esta época; y la zona donde más ha llovido hasta ahora ha sido la de Cuenca”. De modo que “la principal característica del año hidrológico pasado que terminado en septiembre ha sido la falta de lluvia en primavera, lo que ha motivado un pequeño desastre agrícola y medioambiental, en el sentido de que el secano ha sufrido muchísimo (tanto el cereal como los cultivos leñosos)”.

Repasando los datos desde el año 2000, el director del CREA nos explica que “el año 2004-2005 fue igual o peor que éste (en Albacete cayeron 192) y la media en C-LM fue 209, lo que quiere decir que la situación de escasez de agua que tenemos (tanto en los embalses superficiales como en los acuíferos ya se produjo algo más de diez años); entonces teníamos los embalses en los niveles en los que están ahora: demasiado bajos”.

Dando alguna cifra concreta sobre esto, apunta que “por ejemplo Entrepeñas y Buendía están en el 9%; la cuenca del Segura está todavía peor (estamos hablando de un 6%, un 5’6% en Cenajo y Fuensanta, que se encuentran dentro de Castilla-La Mancha)… no podemos decir que eso sea agua, eso es cieno o un residuo porque es imposible calcular tan pequeña cantidad de agua en un embalse”.

Con respecto a la cuenca del Júcar, Tarjuelo señala que “en cambio sí que ha cambiado con respecto a la anterior sequía (en torno al año 2005) porque, en aquel momento, teníamos un 4% en Alarcón: fue un año trágico en el que incluso se tuvo que colocar filtro s de carbón activo para el abastecimiento de Albacete (porque nos venía más cieno que agua) y, desde entonces, han seguido permanentemente instalados; aquello supuso una reflexión importante para el cambio de gestión en la cuenca del Júcar (sobre todo, de Alarcón), de manera que desde aquel momento ya no ha habido tan baja cantidad de agua en el río; ahora mismo Alarcón está al 28% y creo que es una reflexión interesante sobre cómo se gestiona el agua que tenemos almacenada”.

Un caso que debería servir de ejemplo en las gestiones de otras cuencas en estados tan malos como los que llegó a sufrir la del Júcar en esos años: “Alarcón llegó a registrar tan sólo un 4%-5% de agua, se tomaron medidas y se hicieron las cosas bastante mejor con una gestión más razonable… y esto no se está haciendo en otras cuencas porque, repasando los datos de la cabecera del Tajo, estaban igual de mal (al 6%) en 2005 y hoy por hoy, volvemos a tener la misma situación… luego, distintas políticas, claramente…”, contrapone.

Señala que “el Segura es otro pequeño desastre en este sentido: que esté hoy en el 6% Fuensanta y Cenajo como dos de los embalses más importantes de la cuenca es muy triste, y que no se vea ningún indicio de que esta gestión vaya a cambiar… es más triste todavía”.

“En el Segura, entiendo que el modelo que se ha planteado (con trasvases incluso) es totalmente insostenible porque ha crecido la demanda mucho más que la oferta…”

Asegura que “la clave está en qué hay detrás de este sistema de gestión: si hay más o menos necesidades en otros territorios, o especulación o como lo queramos decir; lo cierto y verdad es que hay una grandísima presión en Levante (fundamentalmente en el Segura) porque entiendo que el modelo que se ha planteado (con trasvases incluso) es totalmente insostenible porque ha crecido la demanda mucho más que la oferta (que nunca fue la que se pensó cuando se diseñó el Tajo-Segura pero, aun así, ha ido creciendo); hoy, la presión de los agricultores es tremenda, con lo que a la Confederación le queda poco margen para decir ‘mientras haya una gota de agua, te la voy a dar’… Se está incrementando muchísimo en estos cuatro o cinco últimos años la cantidad de agua desalada, pero lo cierto y verdad es que detrás de todo esto está esa demanda en el destino y las presiones… el modelo; yo no sé si de verdad ya es el momento de que alguien se plantee en serio un modelo de cambio de estrategia de uso del agua en un territorio que ni tiene ni se espera que tenga”.

Señala que “no hay ninguna planificación” y lamenta que no se hayan tomado medidas aun sabiendo que esto había pasado en 2005, que está pasando otra vez hasta llegar al límite y que “va a volver a pasar nuevamente dentro de seis u ocho años (o menos porque, con el cambio climático, quizás ni siquiera levantamos cabeza…)”, lo que lleva a preguntar “si alguien se ha preocupado en decir que el modelo hay que cambiarlo” y a afirmar que “detrás de la situación que tenemos, en embalses totalmente secos, está la gestión, y el ejemplo de Alarcón creo que es suficientemente claro e ilustrativo”.

“Creo que conforme están distribuidas hoy las fuerzas políticas en nuestro país, las probabilidades de que haya un Pacto del Agua que favorezca a Castilla-La Mancha las veo muy escasas (y no quiero ser pesimista…)”

José María explica que “Castilla-La Mancha, antes de los años ’80, miraba a otro sitio y no apreciaba el valor del agua, no teníamos regadíos, no teníamos demanda… los demás tuvieron una visión mucho más estratégica y ‘se adueñaron’ de los derechos del agua; después de nuestra Guerra Civil, levante se convirtió en un elemento fundamental para alimentar a la población y le dieron todo el agua que quiso y más; Castilla-La Mancha (que significa ‘secarral’) no pidió agua hasta los ’80; cuando nos hemos dado cuenta de la importancia del agua, gran parte de este recurso ya estaba distribuido a otros usuarios, pero la pregunta que nos debemos hacer en Castilla-La Mancha es ¿esto ya tiene que ser para siempre?, o el hecho de que en un momento determinado los habitantes de un territorio no se dieran cuenta de esto, ha de impedirle sus derechos al agua cuando percibe su valor…”, apunta.

“Entiendo que es injusto que a un territorio como Castilla-La Mancha (por la que discurren siete ríos), que sí que se ha dado cuenta de la importancia del agua, que genera la gran parte del agua que se usa el regiones limítrofes, no nos la dejen utilizar; el problema es que hay muchas presiones de aquellos que tenían derechos por encima de lo razonable que habría que ir reconduciendo” añade, señalando lo significativo de que nuestra región no sea sede de ninguna de las siete Confederaciones que la afectan directamente (siendo el entorno de donde se encuentran estas sedes más proclives a crear vínculos con su entorno y las necesidades de éste).

“Si no nos dejamos oír sobre que es preciso cambiar esto y conseguir para Castilla-La Mancha la mínima cantidad de agua necesaria… estaremos perdidos porque la presión exterior es muy grande y las Confederaciones están más cerca de los demás que de nosotros”

“En el Júcar, por ejemplo, nos hemos tenido que conformar con el agua subterránea (en el Júcar y en el resto de C-LM, donde el 90% de uso de aguas subterráneas) porque las superficiales ya estaban repartidas, y todavía tenemos situaciones sangrantes en el Segura: con ese modelo hidrológico insostenible, nos tienen declarados sobreexplotados hasta los acuíferos que tenemos en la región, con lo cual, se llevan los pozos de sequía y no podemos utilizar pozos de sequía… es un drama, y yo creo que sería necesario un del Agua pero no sé si será posible hacerlo porque cada vez que alguien habla de él siempre se le echa en cara que es un tema político, y creo que conforme están distribuidas hoy las fuerzas políticas en nuestro país, las probabilidades de que haya un Pacto del Agua que favorezca a Castilla-La Mancha las veo muy escasas (y no quiero ser pesimista…); no tenemos mucha fuerza a la hora de intentar cambiar una realidad”, reflexiona.

Dicho esto, asegura que “aunque sea difícil, no nos podemos callar, tenemos que seguir hablando de lo que creemos que es justo y razonable para la sostenibilidad de un territorio y, en situaciones de sequía, tiene que ser sequía para todos”; se pregunta si “el papel que juega el agua en Castilla-La Mancha no tiene nada ver con el que juega en ” y señala que “en algunas cosas sí y en otras no” y apunta que “el territorio, la población, el medioambiente… son papeles tan importantes como el que alguien gane un poco más o un poco menos; hay equilibrios, razonamientos y reflexiones que habría que tener en cuenta…”.

“Lo veo complicado, pero si no levantamos la voz, si no nos dejamos oír sobre que es preciso cambiar esto y conseguir para Castilla-La Mancha la mínima cantidad de agua necesaria… estaremos perdidos porque la presión exterior es muy grande y las Confederaciones están más cerca de los demás que de nosotros”, añade.

“La única voz necesaria en materia de agua tiene que empezar por los que, de alguna manera, se encargan de gestionar la sociedad y ahí no hay acuerdo, hay claramente dos posturas”

Sobre la implicación de la ciudadanía para apoyar y empujar esta reivindicación que ha de ser fuerte y común, Tarjuelo señala que entiende que “falta concienciación en la sociedad”; alude un pequeño de concepción de la importancia del agua a finales de los ’80 cuando la ciudadanía de Albacete se echó a la calle por miles en defensa del agua pero asume que “desde entonces, no hemos tenido ninguna manifestación tan rotunda reivindicando agua… entiendo que mientras tengamos cubiertas las necesidades urbanas no somos tan conscientes del problema…”.

“Nunca hemos tenido una voz única; ése es uno de los principales problemas (y la mayor debilidad) que tenemos en Castilla-La Mancha (digo de los partidos políticos, asociaciones o colectivos de todo tipo) porque, si hubiera una única voz (como hay en Murcia o como hay en ) esto cambiaría; la única voz tiene que empezar por los que, de alguna manera, se encargan de gestionar la sociedad y ahí no hay acuerdo, hay claramente dos posturas: ‘yo tengo más votos de otro sitio y lo que me interesa es no perder aquellos porque aquí con poquitos tengo bastante…’, hasta que eso no cambie, creo que no vamos a conseguir nada; no creo que haya que tirar la toalla, pero habrá que continuar al menos diciendo que esto tiene que revertir un poco en valor razonable de distribución de recursos”.

“No tiene vuelta: cada vez tenemos que producir más con menos agua, cada vez tenemos que sacarle mayor beneficio a cada metro cúbico de agua y, a la vez, hay que reivindicar el agua que, razonablemente, le tiene que tocar a C-LM”

José María Tarjuelo pone encima de la mesa una realidad que vendrá a complicar más todo este panorama: el cambio climático. “El cambio climático implica reducir las asignaciones que tenemos de agua en este momento (y va a haber una reducción muy significativa) -introduce-; hay previsiones de reducciones dramáticas (por ejemplo, en modelo del Júcar en cuya presentación participé recientemente) que hablan de entre un 20% y un 30% menos de agua de la que tenemos hoy (y en un plazo de unos diez o doce año, no más)”.

Plantea que si Castilla-La Mancha está como está con los recursos actuales, podemos imaginarnos la situación con un 30% menos de recursos si no se produce un cambio de modelo y de gestión y añade que “todo esto quiere decir que en los siguientes Planes Hidrológicos, la presión por conseguir recursos cada vez va a ser mayor porque cada vez tendremos menos recursos renovables, porque España está en una zona donde el cambio climático nos va a conducir a eso: a menos recursos y a más lluvias torrenciales alternadas con sequías más profundas”.

“Como no nos decidamos a tener una voz unánime desde Castilla-La Mancha, vamos a tener unas negociaciones futuras cada vez más complicadas, y habrá que ir abandonando regadíos…” señala, apuntando también que “tenemos que seguir dando ejemplo en el uso racional del agua”.

En este sentido, pone en valor una iniciativa que el puso en marcha en el año 2000: “la Oficina de que se gestionaba conjuntamente desde el CREA y desde la Consejería de Agricultura; la crisis ha hecho que desde 2015 ese servicio no se pueda seguir manteniendo aunque se están haciendo intentos y seguimientos; pero aquello ha servido para que los agricultores entiendan cómo hay que manejar el agua”.

Pone ejemplos que se dan “en el viñedo, en el almendro o en cultivos extensivos donde, de alguna manera, todavía tenemos que seguir mejorando aunque se han hecho las cosas muy razonablemente: es la zona de España con mayor modernización de regadíos; más del 56% es riego por goteo (sobre todo para cultivos leñosos y hortícolas); estamos mejorando la programación de riegos, la eficiencia del uso del agua, la productividad del agua; y es importante que eso no lo dejemos, primero, porque cada vez tendremos menos agua (y, si no lo hacemos, los agricultores tendrán cada vez menos renta) y, segundo, porque es un argumento para decir que a los que no lo hagan se les han de bajar las concesiones (porque con esta agua estamos demostrando que se puede hacer…)”.

Ahonda en que “estamos en momentos de sequías cada vez más frecuentes” e invita a “ponernos también en el lado del agricultor”. Señala, en este sentido, que “el secano ha sido ruinoso y, por tanto, hay cada vez más presión porque, por un poco de agua, ‘sobrevivo’ o ‘no sobrevivo’, pero hay que poner un poco de racionalidad en todo esto, y pienso que es muy importante la colaboración entre las entidades públicas (incluida la Universidad, la Consejería y todas las instituciones) para ayudar a mejorar la eficiencia de uso de esa agua y la productividad porque no tiene vuelta: cada vez tenemos que producir más con menos agua, cada vez tenemos que sacarle mayor beneficio a cada metro cúbico de agua y, a la vez, hay que reivindicar el agua que, razonablemente, le tiene que tocar a Castilla-La Mancha”, concluye.

Si lo desean, pueden visionar al completo esta entrevista al director del Centro Regional de Estudios del Agua (CREA), José María Tarjuelo, a través del vídeo que acompaña a esta versión por escrito de la misma.