2.300 empresas de la Región han participado en la encuesta

“El papel de las Pymes en el funcionamiento de los mercados: industria alimentaria y metalmecánica en Castilla-La Mancha” es un proyecto que trata de analizar y desbrozar qué papel desempeña en los mercados la pequeña y mediana empresa, cuyos datos son más difíciles de conseguir que los de grandes empresas o grandes agregados.

Aunque en opinión de Juan Ignacio Palacio Morera, director de este proyecto de investigación, una gran parte de los resultados, salvo cuestiones muy específicas, es aplicable a cualquier mediana y pequeña empresa, sea del sector que sea, el estudio se ha basado en los datos obtenidos de una encuesta de opinión enviada a cerca de 2.300 empresas del sector de la industria agroalimentaria y metalmecánica ubicadas en Castilla-La Mancha, de las cuales 284 empresas consideraron oportuno participar en la investigación, un 13,4% de las empresas agroalimentarias y un 9,4% de las metalmecánicas, el 12% globalizando ambos sectores. La elección de esos dos sectores se debe a que tienen un peso relativo, dentro de la Región, importante, además de tener la ventaja de no encontrarse en una crisis manifiesta, como puede ser el caso del textil o del calzado, ni tampoco son sectores donde predomine la gran empresa.

Las Pymes y su importancia en los mercados

Es evidente que el hecho de que las Pymes sean de menor tamaño que las grandes empresas implica que su participación en cualquier parámetro tomado tiene que ser necesariamente menor en términos proporcionales. Para Juan Ignacio Palacio, esto ha llevado, en ocasiones, a “despreciar o minusvalorar el papel que desempeñan las Pymes en los mercados e, incluso, los pequeños y medianos empresarios tienen una escasa conciencia de su función en ellos, predominando una actitud individualista y pasiva respecto a su propia actividad”, presume.

En este sentido, el director del doctorado de Economía Internacional y Relaciones Laborales de la Universidad reginal cree que un grupo, todavía significativo, de pequeños y medianos empresarios comparte, de algún modo, la actitud resignada de los antiguos agricultores que, no sin razón, pensaban que todo dependía de ellos mismos y de las fuerzas ajenas de la naturaleza que no controlaban. Así el campesino tradicional sacaba en consecuencia que poco podía hacer, salvo confiar en él mismo y en que la suerte le concediese unas buenas condiciones meteorológicas.

Del mismo modo, continúa Juan Ignacio Palacio, “el pequeño empresario cree que todo depende de su esfuerzo, de su voluntad y que sobre los factores de funcionamiento de los mercados, que sabe que existen, no tiene ninguna capacidad de control”, lo que lleva a pensar al Investigador que esta es la razón por la que, en la encuesta que enviaron a numerosísimas empresas, ha contestado un porcentaje relativamente bajo, “lo cual es significativo: desconfían de que cualquier estudio o ayuda externa pueda serles de alguna utilidad, aunque confirmar esta afirmación requeriría hacer un estudio posterior que analizase los motivos de la no respuesta pero, por razones análogas a las anteriores, podrían no contestar tampoco a ese interrogante, convirtiendo la búsqueda de respuestas en una regresión infinita”, argumenta, para llegar a la conclusión de que quizá sea ésta la causa de que el tema de las pequeñas y medianas empresas siga siendo “desconocido y que lo que conozcamos sean las grandes empresas”, razona.

“Pensar que la clave del mercado está en las grandes empresas es como creer que se puede sostenerse una casa sin cimientos porque no existen mercados en los que su base no sea la pequeña y mediana empresa y es imposible que los mercados funcionen sin ellas, de manera que pensar que la clave está en las grandes empresas es siempre un error”, discurre el profesor de Introducción a la Economía Aplicada de la Universidad de Castilla-La Mancha, Juan Ignacio Palacio, acudiendo a la realidad de los países más fuertes para demostrar esta teoría: “la base de la economía de Alemania o Estados Unidos no son las multinacionales sino el potente tejido de pequeña y mediana empresa que tienen”.

Inversor, trabajador y empresario confluyen en una misma persona

En muchos casos, al pequeño empresario le resulta difícil tomar conciencia de su propia capacidad empresarial, que trasciende a sus aportaciones de capital y trabajo, impidiendo un mejor aprovechamiento de la misma y una racionalización que le ayude a distinguir las distintas funciones que realiza, como inversor, como trabajador y como empresario propiamente dicho.

Mientras que en la gran empresa el capital proviene, en un porcentaje muy elevado, de gente ajena a la propia empresa o, incluso, los grandes accionistas no trabajan en la empresa ni la gestionan, quedando así separadas la aportación de capital, la aportación de trabajo y la gestión empresarial propiamente dicha, en la pequeña empresa, generalmente, es imposible separar claramente esas diferentes tareas que se unen en la persona del pequeño empresario, extendiéndose en ocasiones a su familia.

La fusión de estas tres funciones –inversor, trabajador y empresario- en una única persona, el pequeño empresario, hace que éste en ocasiones se sesgue hacia alguno de esos tres aspectos, olvidándose de la gestión empresarial y la toma de decisiones de estrategias competitivas, o descuidando el aspecto de la rentabilidad del capital; al margen, por supuesto, del tema estrictamente del trabajo.

A juicio del Investigador de este Proyecto, “cuando el pequeño empresario olvida cualquiera de esas vertientes, la empresa se debilita, por lo que es fundamental tener clara conciencia de que son tres funciones totalmente diferenciadas aunque totalmente integradas”, aconseja, advirtiendo que el descuido de alguna de estas tareas “justifica en buena medida las fluctuaciones en los resultados de las pequeñas empresas”, apostilla.

Si a lo anterior se une que una parte significativa de las empresas más pequeñas modifica significativamente su posición en el mercado, o incluso se ve desplazada, ante las fluctuaciones coyunturales de la demanda y la entrada de nuevos competidores, no es extraño que haya fuertes y frecuentes fluctuaciones en los ingresos y gastos de explotación, e incluso en los gastos de personal, de dichas empresas, mientras que el segmento de empresas de mayor tamaño suele tener una evolución más estable.

La pequeña empresa tiene un peso muy importante en la economía regional

Ante un estudio sobre Pymes, se impone la necesidad de acotar y definir qué se entiende por tales. El criterio utilizado se basa en el número de empleados, de modo que se han considerado grandes empresas las que cuentan con más de 100 trabajadores; medianas empresas, de 50 a 99; pequeñas empresas, de 6 a 49; y lo que se denominan microempresas, hasta 5 trabajadores.

Según esta clasificación, las empresas con menos de 100 trabajadores, que son las que se pueden denominar Pymes, pequeñas y medianas empresas, representan en Castilla-La Mancha el 99% de las empresas del sector de la alimentación y el 99,6% de las del sector de metalmecánica, es decir, que sólo hay un 0,4% que tengan más de 100 trabajadores. En España, esos mismos porcentajes son del 98,4% y 99,3%, respectivamente.

Como viene siendo usual en todo el mundo, el porcentaje de Pymes supera el 95% del total de las empresas, pero ese porcentaje es ligeramente superior en las áreas menos desarrolladas. Así ocurre con España respecto a otros países de mayor nivel de desarrollo y con Castilla-La Mancha respecto a España, aunque en este último caso las diferencias sean mínimas.

Con los resultados de la encuesta realizada, Juan Ignacio Palacio asegura que se ha podido confirmar algo que ya se sabía por los datos estadísticos, “el enorme peso que tienen las pequeñas empresas y, más aún, las microempresas, que suele ser una cuestión puramente familiar, habiendo comprobado que las microempresas en Castilla-La Mancha tienen un 7% más de peso en la rama de alimentación que en España y en metalmecánica un 8% más, de manera que aquí las empresas familiares tienen un papel importante”, deduce el Profesor.

Las Pymes invierten más en innovación que las grandes empresas

Juan Ignacio cree que es muy significativo que las empresas más pequeñas tengan mucha capacidad innovadora, resaltando que, aunque el pequeño empresario tiene poca conciencia de su propia capacidad empresarial, en el sector de alimentación el 45% de las microempresas, el 68% de las pequeñas empresas, el 57% de las medianas empresas y el 100% de las grandes empresas, aunque sólo hay una empresa de muestra en la encuesta, son innovadoras. En cuanto al sector de metalmecánica, el porcentaje de empresas innovadoras es del 50% en las microempresas, del 47% en las pequeñas y del 67% en las medianas.

Este dato refleja que la mayor parte de las empresas, incluso las más pequeñas, son empresas que dicen innovar o aportar cambios, “porque a veces se piensa que la innovación consiste en hacer grandes inventos pero la innovación es ir modificando”, aclara Palacio, ejemplificando esta afirmación con el gremio de los comerciantes, “que son la escala final, aparentemente menos innovadora, pero que sin embargo innovan todos los días cambiando los escaparates o modificando la oferta de productos: están constantemente renovando y el que no lo hace al final acaba saliendo del mercado”, destaca.

Las pequeñas empresas, en términos relativos, invierten más en innovación que las grandes, es decir, menos que las grandes pero en proporción a sus ventas desembolsan un porcentaje superior. Este dato ya se difundió en un estudio sobre las Pymes en España y su innovación: hay más gasto en I+D en las empresas grandes en valores absolutos, pero en términos relativos las pequeñas empresas invierten más.

En definitiva, los datos de este proyecto de investigación muestran que en el segmento de las unidades productivas más pequeñas existen, más que en cualquier otro segmento, verdaderos empresarios con capacidad innovadora.

La , la mayor preocupación del pequeño empresario

Un aspecto decisivo es cómo valoran las propias empresas sus principales ventajas competitivas y cuáles son sus principales necesidades al respecto para mantener o mejorar su competitividad.

Las microempresas ven sus ventajas fundamentales en el precio y la calidad, mientras que para las pequeñas empresas cuentan más otros aspectos como el diseño, la imagen comercial o el servicio postventa y la distribución; en cuanto a las medianas empresas es muy relevante, junto a la calidad, lo que se refiere al diseño y la imagen comercial.

En conjunto, en los dos sectores, tanto en el de la alimentación como en el de la metalmecánica, la principal preocupación es la calidad, muy por encima de los aspectos de distribución y del precio, que son los que siguen. No obstante, en metalmecánica la calidad no es tan importante como el precio en las microempresas, mientras que en las pequeñas y medianas empresas todos los demás aspectos son importantes y el precio ocupa el último lugar.

A pesar de no ser un factor muy valorado, en cuanto a factor competitivo propio, los precios de los competidores nacionales o extranjeros sí preocupan al sector de la industria alimentaria, “lo cual es una conducta muy lógica porque piensan que su capacidad competitiva depende, sobre todo, de la calidad pero tienen que estar muy atentos al precio del mercado”, expone el Profesor.

Recurriendo a una discusión muy común dentro del mundo empresarial e, incluso, dentro del mundo académico universitario, el Profesor recapacita sobre si la clave de la competencia está estrictamente en los costes y, por tanto, en los precios, teorizando que cada vez está más claro que “la clave de la competencia no está en primer término en los precios, por supuesto ese es el resultado final, pero la clave está efectivamente en la calidad y las empresas lo entienden porque lo que les preocupa es mejorarla, saben que esa es la clave de la competencia”, asevera, matizando que no pueden elaborar un producto de calidad que sea muy caro en el mercado, por lo que están atentos a los precios de la competencia pero “saben que ellos no pueden centrarse en tratar de reducir costes como elemento primario porque entonces no van a poder competir directamente”, señala. En definitiva, lo que Juan Ignacio Palacio propone es que se debe tratar de mejorar la calidad todo lo que se pueda ajustando precios y costes.

Las características de las Pymes son muy heterogéneas

El mundo de las Pymes es muy heterogéneo, especialmente en el caso de las microempresas, “a pesar de que con frecuencia se presupone que por tratarse de empresas muy pequeñas en cuanto a número de trabajadores no puede haber elementos distintivos importantes entre ellas y que son susceptibles, por tanto, de ser tratadas como un todo homogéneo”, manifiesta Juan Ignacio, revelando que uno de los resultados de la investigación es que incluso en el segmento de unidades más pequeñas “se aprecian características o factores diferenciadores muy significativos”, como su pertenencia a otra empresa, la participación de capital extranjero, su productividad y rentabilidad, la utilización de marcas, la asistencia a ferias, la difusión mediante publicidad –prensa, radio, mailing, páginas web-, la distribución, la subcontratación, etc.

La productividad tiende a ser más elevada en las medianas y grandes empresa, mientras que el ratio de beneficios respecto a la cifra de negocios, aunque es frecuentemente más alto en las medianas y grandes empresas, en muchos años es superior en las empresas más pequeñas, sin que haya un correlación clara entre tamaño y rentabilidad medida a través de dicho indicador.

El pequeño empresario es muy heterogéneo en todos los sentidos, lo que justifica que entre los datos obtenidos en esta investigación se encuentre la referencia de que “hay empresas muy pequeñas con unas tasas de productividad y beneficios muy altas, así como en el otro extremo”, manifiesta Palacio. Por esto el Profesor no duda en afirmar que en la pequeña empresa, como son muchas, hay una gran diversidad: “hay muchas que son muy rentables, a pesar de ser muy pequeñas”, subraya.

La comercialización y la cooperación, asignaturas pendientes

En opinión de Palacio, el deseo de mejorar la competitividad precisa de un entorno que favorezca el acceso a las nuevas tecnologías y estimule los factores de comercialización en la mayor captura de valor añadido, al margen de aprovechar mejor las ayudas.

Estos aspectos, prosigue el Profesor, “constituyen un déficit tradicional de la Región, un tópico que es realmente cierto: en la actividad agrícola, desde el azafrán al vino, hasta hace poco, aquí se producía y se comercializaba por terceros. Aunque se ha avanzado mucho todavía se percibe que, efectivamente, queda un esfuerzo importante para seguir progresando en la mejora de la comercialización y, por lo tanto, en una captura del valor añadido porque el que se lleva mayor beneficio, evidentemente, es el agente comercializador”, destaca.

En este sentido, opina Palacio, “sería bueno mejorar la formación del empresario y estimular la colaboración entre ellos. En Italia, el éxito del tejido de la mediana y pequeña empresa, lo que llamaron ellos distritos industriales, se produjo fundamentalmente porque los empresarios más pequeños se organizaron entre sí estableciendo distintos ámbitos de cooperación, precisamente para formarse y para comercializar. Éste es un elemento que aquí falta decisivamente: los distintos pequeños empresarios actúan muy aisladamente debido a una mentalidad individualista. Esto está muy generalizado en la sociedad y en todo el mundo; digamos que a veces los más débiles son los que menos cooperan entre sí, básicamente por recelo y desconfianza”, medita.

A juicio del Profesor, existe la paradoja de que la competencia no excluye la cooperación. “Así ocurre en el sector de las grandes empresas del automóvil o de las grandes empresas de la informática, por ejemplo, Peugeot y Toyota fabrican por separado sus vehículos pero están investigando juntos cómo aprovechar sus conocimientos para comercializar vehículos de pequeño tamaño y tienen un proyecto de investigación conjunto”, arguye Juan Ignacio, para demostrar que no hay ninguna gran empresa que no colabore con otras y, sin embargo, “esto es algo que debe superar el pequeño y mediano empresario”, advierte, indicando que la colaboración requiere un cierto contacto y “una cultura de cooperación que no es que no exista en Castilla-La Mancha, sino que no existe, prácticamente, en ninguna parte del mundo entre los pequeños y medianos empresarios”, concluye Juan Ignacio Palacio Morera.