De antemano, nos agradece no sólo ese X Premio Solidario que, a título póstumo, esta casa (a través del Jurado especial de estos galardones) acordó entregar a sus padres, sino por esta entrevista que tenemos oportunidad de hacerle para hablar no sólo de ellos, sino de la vida misma y de tantas y tantas cuestiones que en ella tienen cabida, desde la óptica de lo social y del propio sentido del sindicalismo.

Sin duda, es mucho el cariño y el respeto (y son muchos los amigos) que en Albacete recuerdan lo fundamental, lo necesario y lo especial de las figuras de sus padres, Marcelino y Josefina. Por eso (mirando al próximo noviembre, cuando se entregará) no era de extrañar que un homenaje les llegara también desde estas tierras… ¿Qué mensaje o qué sensaciones deja en la propia familia este tipo de gestos que, de una u otra forma, proceden del pueblo?

“Es una gran satisfacción, fundamentalmente, por el reconocimiento de ese trabajo y esa larga lucha de los dos que, ‘mano a mano’, emprendieron desde muy jóvenes ambos, uniendo sus vidas y sacrificando buena parte de las mismas a esa lucha por la libertad y por los derechos de los trabajadores” señala.

“Todos aquellos que lucharon, desde la clase obrera y desde los trabajadores, por esa libertad, quedaron como en un segundo plano respecto a los grandes reconocimientos que aquí se hicieron en la transición”

Lamentablemente, “no es frecuente” en tiempos como estos ‘reconocer’, ser ‘socialmente justos’ con figuras que supusieron tanto (que marcaron una época y sembraron unos valores), como son las de sus padres. “Se tiende, en los niveles de la alta política, a reconocer a muchos personajes que realmente poco de su vida personal pusieron en la caldera, en el fuego, en la lucha cotidiana… pero que luego, por unas circunstancias o por otras, fueron reconocidos por sus méritos…a ellos ha sido fácil reconocerles; sin embargo, a esos mismos niveles de grandes grupos y medios (incluso instituciones), no ha sido tan frecuente reconocer a gente procedente de los trabajadores y de la clase trabajadora que sufrió de una manera mucho más encarnizada la represión, que hizo mucho más en lo concreto (a efectos de coste personal) por esa democracia… Digamos que todos aquellos que lucharon, desde la clase obrera y desde los trabajadores, por esa libertad, quedaron como en un segundo plano respecto a los grandes reconocimientos que aquí se hicieron en la transición”.

Para Marcel, al cabo del tiempo ha sucedido que “la memoria histórica, por parte de los trabajadores en general, viene a reconocer a estos personajes y a reivindicarles, porque realmente ellos siempre se han fraguado en torno a esa honestidad, en torno a ese dar todo… pasar desapercibidos no importaba porque lo que importaba era la lucha, pero ahora se viene a reconocer ese trabajo, y justo es que se reconozca; eso significa también que la gente va recuperando la memoria de todo ese sacrificio y de toda esa lucha, lo cual es fundamental para abordar también muchas de las luchas de hoy”.

“Mi madre y mi padre, los dos, fueron tremendos luchadores no sólo hacia afuera, sino también hacia adentro, para poder sobrevivir y vivir con una mínima dignidad frente a las agresiones de la dictadura”

El padre de Marcel Camacho (Marcelino Camacho) nos dejaba en 2010; su madre, Josefina Samper, hace muy pocos meses… En el caso de doña Josefina Samper, ¿Marcel cree que socialmente somos conscientes de cuán profunda ha sido su huella en tantas cuestiones, o tiene la sensación de que parte de eso ha podido quedar de alguna forma relegado a haber sido ‘la esposa’, ‘la compañera de camino’ de don Marcelino Camacho…?

“En el reconocimiento general te doy la razón: es evidente que hay una discriminación de género y que la ha habido históricamente, y mucho más en las mujeres luchadoras; siempre ha aparecido el hombre luchador, y la mujer que había detrás no aparecía, o su forma de aparecer era como de apoyo y sustento del luchador (cosa que no era verdad en la inmensa mayoría de los casos); ésa ha sido la percepción de manera mediática”, explica.

Por el contrario, cuando nos habla de lo que ellos, la familia, ha vivido en ese “conjunto de autodefensa de las agresiones en la dictadura (y otras posteriores)” que se vieron abocados a conformar, Marcel es tajante: “En nuestra familia jamás hubo esa historia… Mi madre y mi padre, los dos, fueron tremendos luchadores no sólo hacia afuera, sino también hacia adentro, para poder sobrevivir y vivir con una mínima dignidad frente a las agresiones de la dictadura”.

“La lucha de las mujeres (mediáticamente) pasó desapercibida, pero en el interno nuestro, el de los compañeros que luchaban, se sabía perfectamente que la lucha de la mujer (en aquella época, se incluía la de mi madre) era decisiva a muchos niveles…”

Así, rememora cómo su madre fue “el elemento fundamental” no sólo por mantener a una familia en las épocas de la cárcel, sino “por encabezar muchas de las luchas de las mujeres no sólo en torno al preso que tuvieran en la cárcel, sino en torno a las reivindicaciones feministas (como era la lucha contra la carestía, por la igualdad de derechos en el trabajo…); todo eso se producía ya en el año ’68 y ’70 bajo la dictadura y mi madre era una de las personas que, dentro de ese movimiento feminista, encabezaba esas luchas en torno a los presos políticos y a otras cuestiones”.

Dicho esto, subraya que “efectivamente, la lucha de las mujeres (mediáticamente) pasó desapercibida, pero en el interno nuestro, el de los compañeros que luchaban, se sabía perfectamente que la lucha de la mujer (en aquella época se incluía la de mi madre) era decisiva a muchos niveles (algunos que quizá la gente no entiende o ve distantes sobre la incidencia política que tenía su actividad)”.

Recuerda cómo en aquellos momentos, las mujeres (entre ellas, Josefina y , tía de Marcel y hermana de Marcelino) sostenían la lucha de los presos políticos y la libertad, visitaban constantemente a personajes de la dictadura (más o menos afines a ella pero de la que, en determinados momentos, se distanciaban) para pedirles dinero para los presos y solicitarles que apoyaran escritos en defensa de la su libertad: “Hacían una acción política callada y sistemática que tenía mucha incidencia en esas personas del ámbito de la derecha pero no netamente franquista, y eso ayudó mucho a configurar esos grupos para que se inclinaran en favor de la democracia mucho antes de que aquí se pensara en una transición como la que después se dio”, subraya.

“Nosotros en casa nunca hemos vivido el separatismo y el independentismo como una cosa que interesara a los trabajadores; los trabajadores no tienen un gran interés en ese proceso, sino en que los Estados sean cada vez más solidarios, tengan más protección, tengan más niveles de bienestar… Yo creo el que el independentismo (históricamente) tiene un origen burgués, no de los trabajadores; es otra clase social la interesada en el independentismo…”

Menciona Marcel a los ‘presos políticos’, término que últimamente ha vuelto con fuerza a la palestra informativa en nuestro país a pesar de haber transcurrido ya más de cuarenta años de aquello.

“El tema de la diversidad de España fue algo plenamente reconocido en la época de la transición; los presos políticos que luchaban por la libertad eran todos, de un sitio y de otro, de todos los pueblos de España; siempre se fue muy respetuoso con eso, pero se tenía una conciencia distinta desde el ámbito de los trabajadores porque para los trabajadores la primera contradicción que existe es la cotidiana, es la del patrón que tenemos enfrente; luego, hay otras contradicciones u otros problemas que pueden tener que ver con la identidad nacional pero la primera, la que unía a todos los trabajadores, es que debían luchar por unas libertades sindicales y por sus derechos laborales; el pan de cada día hay que ganarlo de todas maneras, y ésa es una lucha que no diferencia a nadie…”, indica.

Sobre la división del territorio por Comunidades, Marcel alude que “fue un tema que durante la transición se resolvió como se resolvió”, y subraya que “las Autonomías que se generaron tenían una cierta limitación y era lógico de alguna manera que, como todos los procesos de negociación, tuviera una caducidad en el tiempo, un desgaste que habría que renovar y actualizar”; algo que, asegura, sólo es posible sobre la base de avanzar en que “los pueblos se sientan bien y en condiciones para mantener un país unido” porque “los países se unen por voluntad propia”, algo que choca con la realidad de que “en muy pocas ocasiones, España se ha constituido por la voluntad general de los españoles”.

“La Constitución fue una de esas maneras y -como afirma Marcel-, cuando se plantean problemas, lo que tienen que hacer los partidos y los diputados es buscar fórmulas negociadas y discutidas para continuar esos procesos”; por eso considera que “el sistema de las Autonomías en España hace tiempo que está agotado” y que sería preciso por parte del Estado “una reforma profunda para colocar todo en su sitio, siempre conservando un Estado unido en general porque, evidentemente, eso a los trabajadores en primer lugar les da mucha más fuerza y no les debilita; en ésa línea mis padres trabajaron siempre, nosotros en casa nunca hemos vivido eso como una contradicción irresoluble, nunca hemos vivido el separatismo y el independentismo como una cosa que interesara a los trabajadores; los trabajadores no tienen un gran interés en ese proceso, sino que lo tienen en que los Estados sean cada vez más solidarios, tengan más protección, tengan más niveles de bienestar… Yo creo el que el independentismo (históricamente) tiene un origen burgués, no de los trabajadores; es otra clase social la interesada en el independentismo, los trabajadores ya eso en su momento lo superaron”, subraya.

De ahí que considere que ésta sea sólo una más de las cosas con las que “nos confunden”, pero que incida en que “en verdad, los temas de fondo no son más que aquellos que llevan a los seres humanos a vivir en mejores condiciones, con mayor nivel de seguridad (en el trabajo, en la sanidad, en la enseñanza…) en las cosas fundamentales para la vida de la gente ‘normal’, y eso no se resuelve con una independencia; la independencia te traslada a otro modo de Estado y tus problemas de todos los días los sigues teniendo igual, con lo cual, nosotros no hemos avanzado ni un pelín, así que habrán avanzado otros… no sé qué intereses económicos les pueden llevar a sacar esa nueva situación pero, desde luego, los trabajadores la pelea que hoy tienen por una mejor sanidad la tendrían igual (o mayor) en cualquier Estado independizado… es un recorrido donde poco hay que ganar”, señala.

“La mujer es independiente, realmente independiente, cuando es independiente económicamente y es capaz por sí misma de garantizarse el pan y todas sus habichuelas; entonces es independiente y entonces puede (con plena libertad) mandar al garete a un hombre que la está fastidiando o ponerse en condiciones de igualdad frente a un hombre que tiene al lado y que, por ejemplo en el trabajo, está ‘abusando’ (laboralmente) de ella”

Hace poco más de un año, Marcel nos aseguraba en La Cerca que los sindicatos andaban en ese papel de ‘defenderse de las agresiones y hacer conquistas nuevas’, pero que eso no era tan fácil como formularlo… Explicaba que ‘es vital recordar a los trabajadores que la lucha sindical siempre exige una conciencia de que la gente se mueva, uno a uno y todos juntos porque, si esto no es posible y en el día a día la gente se aleja de entender que cada aumento salarial es una conquista y no un regalo, al final lo que hay es una desmovilización’. Lo que estamos viviendo actualmente, con luchas sociales (sobre todo, encabezadas por los pensionistas y por las mujeres) en las calles… ¿habla de un despertar irremediable de esa necesidad de lucha ‘uno a uno y todos juntos’…?

“Las mayores movilizaciones que está habiendo ahora mismo son las de los pensionistas y las de las mujeres; se dice que el de la mujer es un ‘tema transversal’ que afecta a todo el mundo y yo, estando de acuerdo, considero que no es sólo eso (en mi opinión): es un problema de grandes mayorías y minorías con gran capacidad de verse en la sociedad” señala, aludiendo que “por mucho que proclame una igualdad de género, la situación de una banquera -como , presidenta del Santander, que ha denunciado públicamente la desigualdad de género que se da en nuestra sociedad- no es la misma que la de cualquier otra mujer”.

En este sentido, Marcel explica que “las desigualdades de género, en general, están gestadas por el propio sistema; un sistema como el actual no resiste (ni económicamente, ni de ninguna manera) la igualdad de género, porque se sustenta en una buena base de la explotación que se está haciendo a las mujeres por sus bajos salarios” denuncia; “imaginemos que a todas las mujeres que trabajan en nuestro país le igualaran el salario en las mismas condiciones que a los trabajadores: los niveles de coste salariales para esos empresarios serían enormes, y eso no lo van a hacer porque entonces perderían enormes beneficios; buena parte de lo que están sacando de plusvalía, obedece a lo que sacan a las mujeres y a los salarios a la baja que tienen, y por esa razón el cambio no afecta igual a las mujeres trabajadoras que a las mujeres empresarias o que a las mujeres banqueras, y eso hay que tenerlo claro”, prosigue.

Marcel afirma que “las mujeres empresarias, las mujeres banqueras, no estarán interesadas en que haya igualdad de género que les lleve a tener menos beneficios en sus empresas (y serán mujeres); es decir, la condición de clase y la situación en la que uno está (tanto hombre como mujer) con respecto a la sociedad, es determinante; eso no quiere decir que ‘donde no haya un coste, igualdad’: nos pondrán en los semáforos al cruzar las figuras de un hombre y de una mujer, de acuerdo, pero eso no significa la igualdad; la igualdad real es la igualdad económica”, incide.

“La mujer es independiente, realmente independiente, cuando es independiente económicamente y es capaz por sí misma de garantizarse el pan y todas sus habichuelas; entonces es independiente y entonces puede (con plena libertad) mandar al garete a un hombre que la está fastidiando o ponerse en condiciones de igualdad frente a un hombre que tiene al lado y que, por ejemplo en el trabajo, está ‘abusando’ (laboralmente) de ella; esas pequeñas batallas al final vienen muy determinadas por eso… la liberación y la igualdad de la mujer es fundamental en los aspectos económicos y como trabajadora, en general”.

“Los trabajadores somos la mayoría en esta sociedad, aunque parezca que a todo el mundo se le nublan los ojos, aquí si los trabajadores no existieran, esto no funcionaba; los empresarios, ellos solitos, no crearían riqueza”

Marcel recuerda: “Los trabajadores somos la mayoría en esta sociedad, aunque parezca que a todo el mundo se le nublan los ojos, aquí si los trabajadores no existieran, esto no funcionaba; los empresarios, ellos solitos, no crearían riqueza”. De ahí, se refiere a la batalla de los pensionistas, “muy fuerte” afirma, “fundamentalmente porque hay muchos pensionistas en ese entorno que han dado en persona ellos mismos mil batallas a lo largo de su vida: las han dado en las empresas por ganar derechos que están contemplando que, en su entorno, a sus hijos y nietos, se los han negado, y entonces están en una situación de desesperación”.

Camacho Samper señala que “entre los más activos de ésos, hay gente que ha hecho muchas huelgas por tener derechos, algunos han estado en las cárceles, fueron perseguidos por la policía, les han despedido de empresas por hacer sindicalismo… y esas personas ven a estas alturas de la vida cómo está la situación y que, encima, les quieren quitar las pensiones que han peleado para que estuvieran mínimamente decentes… y se resisten, se niegan a que las siguientes generaciones pierdan el valor y el esfuerzo que ellos dieron para ganar esas batallas y ese mínimo bienestar, porque se pueden perder las luchas de toda una generación que ha dejado ahí la piel para que hubiera esos derechos, y eso es lo que hay que comprender”.

Asegura que las nuevas generaciones han de entender que si ésa generación de lucha que se fraguó y que se concretó en un Estado del Bienestar se pierde, habremos perdido la lucha de las generaciones anteriores y que habrá que volverla a dar… “Es muy típico del capital hacer que nos olvidemos de esas luchas y, cuando pasa una crisis, laminan con todo eso que es la lucha cotidiana de muchas personas, de muchas; ésa es la indignación profunda que tienen los pensionistas y que no se resuelve con que les suban la pensión un poquito; la indignación viene de gente que ve que en los años ’80 y ’90 se dejó la piel venga a pelear convenios para que ahora se los lleven de un plumazo…”, recalca.

“Este país se transforma en competitivo no porque los empresarios han gestionado mejor ni porque los empresarios hayan hecho más investigación, sino porque se han bajado los salarios y nos han colocado en salarios del tercer mundo”

Sobre si la clase política está a la altura de todas estas situaciones que se plantean en nuestros tiempos, Marcel prefiere no hablar de ‘clase política’ en general, sino del papel que frente a estas problemáticas ha tomado y toma cada partido político, porque es de los convencidos de que “no son lo mismo ni han hecho las mismas cosas”.

Analiza que “el lo que ha hecho ha sido retroceder desde un punto de vista del liberalismo con un solo objetivo: que los trabajadores fueran los que pagaran la crisis bajando los salarios y, efectivamente, ha tenido grandes éxitos (por una vía o por otra); hacia ahí iba dirigida toda la política de austeridad, y así hemos visto que los trabajadores han reducido sus salarios brutalmente, brutalmente, y este país se transforma en competitivo no porque los empresarios han gestionado mejor ni porque los empresarios hayan hecho más investigación, sino porque se han bajado los salarios y nos han colocado en salarios del tercer mundo”; un ‘timo’ que, asegura, antes nos hacían “con la inflación” subiendo los precios hasta encontrarnos con salarios que no valían nada por mucho que se subieran, ‘timo’ que ahora nos hacen bajando los sueldos; “efectivamente, ellos siguen ganando dinero (y de hecho, las grandes fortunas siguen creciendo y tienen más actividad) pero los salarios han bajado, y eso quiere decir que también aquellas batallas que se libraron por lograr un nivel de poder adquisitivo determinado, las hemos ido perdiendo”.

Señala que eso es, ni más ni menos, “lo que está pendiente por delante y la gran batalla que hay en este momento”, por eso recuerda que “la crisis es una crisis que no nos compete a nosotros, compete al capital; nosotros ponemos nuestro trabajo y el trabajo que ponemos hoy es igual al que poníamos ayer (exactamente igual), y entonces nosotros necesitamos vivir hoy exactamente igual que ayer, todos los días; ése es el parámetro”. Y para eso, asegura que “tendrá que haber nuevas movilizaciones de los sindicatos, con el objetivo de salir de donde nos ha ido metiendo la derecha”.

Sobre el , comenta que “hizo su gestión” con, a su juicio, un gran error: “Meterse y apoyar (en cierta medida) las políticas de ‘austericidio’ venidas de Europa; es verdad que enfrentarse a eso no era fácil (porque el sistema, en general, te lo complica), pero tuvo que haberlo afrontado y debió haber confrontado con eso”. Y precisamente por esa ‘no confrontación’, Marcel considera que el PSOE se encuentra como está, en una situación “de mucha dificultad”.

Del surgimiento de nuevos movimientos políticos aseguran que tienen, en su opinión, “un grave problema”; alude, primero, a que “son jóvenes, y determinados eslóganes en el origen han conducido a una confusión (porque nunca se pierde el pasado, siempre se es heredero de él, ya sea en Podemos o donde sea, es igual)”; por eso cree que ellos arrancaron en un punto de partida “como novedoso, como rupturista contra los de ‘la casta’, contra unos y contra otros (todos iguales)… en fin, todas esas tesis, y realmente nos han llevado a un periodo de confusión; cuando eso se ha estructurado como un partido político, pues claro, se ponen los pies en la tierra y se empieza a ver todo de otra manera, y estamos sufriendo un poco las consecuencias de eso”.

Marcel está convencido de que “al final de todo este batiburrillo, en realidad lo que estamos haciendo (que es lo que le puede pasar a Izquierda Unida y le pudo pasar anteriormente al ) es disputar en lo concreto los beneficios de los empresarios contra el bienestar de los trabajadores: a más beneficios ellos tienen, menos bienestar tenemos nosotros, porque el dinero es ‘una tarta’ única y, a más se llevan ellos, menos nos llevamos nosotros; y depende de cómo se gestione este asunto, así nos vamos colocando en un sitio o en otro: si uno es capaz de enfrentarse y confrontar contra políticas que llevan a que cada vez los trabajadores (y las clases populares en general) tengan peores condiciones, ésa es la línea que nos va a marcar; si nosotros cedemos a eso, tendremos un PSOE que se pliega a los intereses de las bancas en un momento determinado, o no le tendremos…”, explica.

Recuerda uno de los artículos más famosos de su padre (sobre ‘el cambio posible, el cambio necesario’) y asegura que “aquí hay algo que necesitamos hacer, y es que los trabajadores y las clases populares vivan cada vez en mejores condiciones, porque el mundo ha avanzado mucho y eso es muy factible con los enormes recursos que hay hoy; ellos, para mantener sus beneficios, necesitan lo contrario: buscar un mercado laboral cada vez peor; y esa batalla sigue pendiente, está ahí, y se refleja también en la política fiscal (donde claro que hay que pagar más impuestos, pero ha de hacerlo quien más dinero saca, no los trabajadores)”.

Habla de esos paraísos fiscales a los que se sabe que hay gente que se ha llevado el dinero, y lamenta que “el dinero no vuelve” preguntándose cómo es eso posible en estos momentos en un país como el nuestro y en tantos casos en los que sabe que, manifiestamente, ese dinero “lo han robado”.

“Toda esa situación es la que está en el candelero, y si este país quiere cambiar y mejorar la situación de los trabajadores, la izquierda (en el sentido del Partido Socialista, Podemos, Izquierda Unida, etc.) tiene que entender que ésa es la línea de trabajo, que a día de hoy nosotros no podemos prolongar una situación con salarios de 1.000 euros y donde la gente tenga que tener tres o cuatro trabajos para poder mantener una vida (cosa que nos lleva a una situación peor que hace quince o veinte años); eso no es posible, y hay que cambiarlo desde las leyes a través de una izquierda que lo entienda así (y que, en general, tiene que unirse para poderlo hacer) y desde los sindicatos (que son el instrumento de movilización de los trabajadores para exigir que este mundo tiene que ir a mejor para los trabajadores, no a peor)” dice, también él con la indignación asomando en la voz. “Es tremendo pensar que vivimos en un mundo que va a peor en las condiciones de vida, cada vez más precarias y de mayor incertidumbre, eso no corresponde con nuestra Europa y con eso hay que acabar; con el espíritu de la unidad de la izquierda, es posible y se debería hacer”, añade.

“Los líderes de los trabajadores de la izquierda, además de ser honestos, deben parecerlo”

Sobre toda la polémica que se ha creado estos días en torno a la compra del chalé de e (y que incluso les ha llevado a poner su continuidad política en manos de los inscritos a inscritas en Podemos), Marcel considera que “es una polémica que ellos deben resolver de la mejor manera posible; el que vayan a hacer lo que decidan sus militantes responde a métodos novedosos y, en ese sentido, me parece bien que lo resuelvan democráticamente”.

No obstante, no obvia que la situación que rodea a todo esto “es muy difícil”, sobre todo en lo que respecta a la parte que supone haber dicho en su momento cosas diferentes a las que se han hecho después. No obstante, el hijo de Josefina Samper y Marcelino Camacho considera que Iglesias y Montero, “como cualquier persona, tienen derecho a vivir en las mejores condiciones y a gastarse su dinero como crean conveniente (porque es un dinero honestamente ganado); ellos no han ganado sus salarios sacándoles plusvalías a los trabajadores ni robando, por eso también la apreciación de que ellos van a comprar una vivienda y no a especular es correcta; están intentando vivir en unas condiciones muy buenas en relación a otros trabajadores, pero es digno y no creo que por eso nadie pueda decirles nada en absoluto…”.

Dicho esto, Marcel afirma que “el problema es que ambos son figuras políticas y, en la medida de ser figuras políticas, su forma de vida (o cómo ellos pretendan vivir) va a tener una repercusión en el ámbito social y en el de su partido… por ese lado, eso lo tendrían (en mi opinión) que haber valorado; si lo hubieran valorado, no sé si habrían hecho lo mismo o no, pero debían haberlo hecho porque las consecuencias de esto no las sufren ellos personalmente (que también), sino el conjunto de su fuerza política (incluso más allá de su fuerza política) ya que esto es algo que sus ‘adversarios’ políticos les van a echar en cara montones de veces por no coincidir su discurso con los hechos en un momento determinado…”.

Considera que “los líderes de los trabajadores de la izquierda, además de ser honestos, deben parecerlo; es verdad que lo otro no es más que una apariencia (y no es el fondo de la cuestión), pero sí que al final trastoca la actividad política porque enfrente tienes un contrincante que realmente está batallando contigo, y las consecuencias no son sólo personales, sino que son también de carácter político (y afectan a mucha otra gente que tiene ciertas expectativas y esperanzas…)”.

Cree que ése ha sido, básicamente, el error que han cometido en este asunto, “un error de ingenuidad por parte de candidatos de la izquierda”, porque recuerda que a la izquierda la destrozan: “No son los primeros líderes que han destrozado, yo he visto destrozar a muchos, como Anguita, al que se destrozó miserablemente (no se le pudo sacar nada pero fue destrozado por los medios de la derecha en su conjunto, e incluso más allá de la derecha)”.

A partir de esto, explica (con la profundidad y la autoridad que sobre todo esto le da el ser periodista) que “la batalla mediática que se da en estos temas, también tiene un interés de carácter político (en definitiva, manipulador de los medios); lleva a sacar cosas que podrían no tener tanta trascendencia en una situación normal, y ésa es un poco la cuestión, no tiene más…”, indica.

“¿Qué tarea ha quedado al periodista (que es un informador y tiene la responsabilidad de que el lector entienda todo el tema), si el lector no pasa de las dos primeras líneas? Pues que hemos fracasado porque se ha quedado con un titular que, a lo mejor, era ‘amarillo’ y lo importante estaba dentro del texto, pero eso no lo lee…”

Asegura que esta situación con este asunto, lleva a la larga a decir nuevamente eso de ‘todos son iguales…’, una frase a la que se resiste “porque no es verdad, no son todos iguales, ni en el fondo ni en la forma; y tampoco en este caso es lo mismo: si hay que buscar especuladores en torno a la vivienda, búsquense en otro sitio…”.

Considera que en este tipo de argumentos no hay fundamentos. “Si fuéramos capaces de que la mayor parte de los lectores (y los que, mediáticamente, están recibiendo estos mensajes) pudieran ir más allá del mensaje del titular y las dos primeras líneas, y pudieran leer el resto del artículo despacio, donde se explican las cosas…; si uno fuera capaz de dedicarle media hora a esa lectura de un análisis mínimamente serio y coherente sobre las cosas, vería y podría calibrar, pero las cosas no funcionan así; las cosas funcionan con que los medios lo que hacen ahora mismo no es información (en general) sino que hacen información ‘basura’ y ‘amarilla’ (en general), y es muy difícil, porque nos apoyamos en el titular (y cuanto más llamativo, mejor) pero ¿y si la gente no lee más que el titular? ¿Qué tarea ha quedado al periodista (que es un informador y tiene la responsabilidad de que el lector entienda todo el tema), si el lector no pasa de las dos primeras líneas? Pues que hemos fracasado porque se ha quedado con un titular que, a lo mejor, era ‘amarillo’ y lo importante estaba dentro del texto, y eso no lo lee…”.

Marcel está convencido de que “ése es el eterno dilema del periodismo y, hoy día (desgraciadamente), como vemos en muchos espectáculos en televisión, queda más en la bronca, en la discusión… se hace ‘información espectáculo’ y, como consecuencia, tenemos una audiencia desinformada; ese tipo de programas es un fracaso desde el punto de vista de la información porque al que va a recibir nuestros mensajes no le damos la información para que se haga un criterio, una opinión, justa y veraz; no hay más que ‘cotilleo’ que no sirve para formarse un criterio y, como consecuencia de eso, vivimos en estado de confusión y, como consecuencia de eso, la gente vota lo que vota (y así vamos…)” concluye, entre otras interesantes reflexiones de un oficio que, poco a poco, se va alejando de las manos de quienes se han preparado para desempeñarlo, con la responsabilidad (eminentemente social) que ello conlleva.

Si lo desean, pueden escuchar al completo esta interesante entrevista a Marcel Camacho Samper, hijo de Josefina Samper y Marcelino Camacho, a través del archivo de audio que acompaña a esta versión por escrita del contenido.