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La bodega-hotel Pago del Vicario, flanqueada al oeste por el río Guadiana y al norte por los Montes de Toledo, es una de las más importantes apuestas por la elaboración de vinos de calidad en Castilla-La Mancha, así como por la promoción del enoturismo en la Región. Esta bodega de Ciudad Real cuenta con 130 hectáreas de viñedo, repartidas en siete variedades de vid diferentes, caracterizadas por una gran riqueza de matices que le proporcionan la proximidad del río Guadiana, la variabilidad del suelo y la altitud.
La familia Barco apostó por la construcción de este singular complejo realizando una fuerte inversión para dotarlo de las técnicas más modernas y una gran calidad, tanto en el viñedo y en las instalaciones, como en la oferta de ocio, que incluye un hotel con los más variados servicios y un restaurante, cuya carta fusiona la cocina de autor y la gastronomía típica manchega, creando un llamativo y suculento reclamo para los amantes de la buena mesa.
En su tenacidad por ofrecer en la elaboración de sus vinos y en sus servicios una oferta original y atractiva con la más alta calidad, existen numerosos proyectos, tanto para seguir desarrollando y ampliando las actividades de Pago del Vicario como para construir nuevos complejos en otros lugares de España.
Dos de los máximos responsables de la bodega Pago del Vicario, Juan Manuel de la Mata Peña y José María de Castañeda, director comercial y director internacional respectivamente, nos han recibido en este singular entorno para informarnos minuciosamente del desarrollo del proyecto, así como de las perspectivas de ampliación en un futuro próximo.
La bodega-hotel Pago del Vicario, ubicada en una finca de 240 hectáreas, a 9 kilómetros de Ciudad Real, se levanta sobre el terreno del propio viñedo con una arquitectura de formas alargadas y colores tierra, en la que vanguardismo y tradición se fusionan “con la pretensión de respetar al extremo nuestro entorno natural, en plena transición entre la llanura manchega y los Montes de Toledo, rodeados de fincas de caza mayor y de recreo, muy cerca de Cabañeros y de la zona de Daimiel”, apunta Juan Manuel de la Mata Peña, director comercial.
El proyecto, iniciativa de la familia Barco vinculada al mundo vinícola por tradición familiar, se inicia en 1998 con la plantación del viñedo y el claro objetivo de formar el Pago del Vicario con el concepto de “Pago”, signo de alta calidad que se basa en un seguimiento del producto desde la cepa hasta el envasado final, elaborando únicamente la uva de la propia finca.
Con un equipo humano fijo de 58 profesionales, la bodega Pago del Vicario ha apostado por el enoturismo. A parte del personal que se precisa para atender el sector de servicios y ocio (mantenimiento del hotel, piscina y el área de hotelería), trabajan ocho personas en oficina; cinco en bodega como operarios; seis personas en el campo; dos ingenieros en la finca, Eugenio y Domingo; y Susana López Mendiondo como enóloga e ingeniero agrónomo; además de algunos asesores externos como Richard Smart.
Debido a la fuerte inversión realizada, tanto en la plantación del viñedo como en el complejo arquitectónico y sus instalaciones, “esperamos poder rentabilizar este proyecto a muy largo plazo, con una estimación aproximada de 25 años, porque nos preocupa más cuidar todos los aspectos, hasta el más mínimo detalle, que la rapidez con la que se pueda amortizar la inversión, lo que refleja claramente el cariño por el mundo del vino”, destaca el Director Comercial.
La existencia de varias estaciones meteorológicas en los viñedos de Pago del Vicario, permiten tener un control lo más absoluto posible y da la posibilidad de conocer cuál es la reacción del viñedo en cada momento mediante una serie de sensores en toda la finca que atañen las medidas tradicionales (temperatura, viento, lluvia, sol, radiación solar, humedad en hojas, humedad en ambiente, humedad en profundidad de la tierra, crecimiento de las plantas…), con lo que se puede dar respuesta a cualquier fenómeno posible que se produzca.
Además, el viñedo cuenta con una red de riego por goteo enterrado, lo que permite atajar una serie de contingencias como puede ser una sequía drástica o algunos temas de gestión de estrés hídrico en la planta. En palabras de José María, “se trata de controlar, en la medida de lo posible, mediante modernas técnicas que nos proporcionan información sobre qué tratamientos hay que hacerle a la planta, cuándo hay que vendimiar, etc. para obtener la fruta de calidad que cultivamos”, manifiesta.
La vendimia, prosigue José María, “se prolonga tres meses porque vinificamos parcela por parcela independientemente, para lo que contamos con pequeños depósitos, y posteriormente ensamblamos los vinos”, especifica, asegurando que las instalaciones están concebidas “a la medida de la calidad del viñedo que estamos desarrollando”, subraya.
Los depósitos son de acero y están en el interior de la propia arquitectura de la bodega, con controles de temperatura y camisas de frío con glicol, anticongelante que permite mantener el agua bajo cero.
“Según el tipo de vino a elaborar, Susana, nuestra enóloga, emplea barricas de roble francés, americano o del Caúcaso y a veces diferentes elaboraciones en distintos tipos de madera mediante procesos muy personales, así un vino puede estar el 20% del tiempo en roble americano, el 10% en roble del Caúcaso y el resto en francés”, ejemplifica Juan Manuel, matizando que no es mejor ni peor utilizar un tipo de barrica u otro sino que a unas varietales les va mejor una madera que otra, “de manera que nosotros tenemos barricas de tres tipos de madera: el 70% de roble francés, el 20% de roble americano y el 10% es del Caúcaso”, indica.
Las instalaciones de la bodega admiten un techo de elaboración de 500.000 botellas, cantidad a la que se espera llegar en breve, puesto que se viene experimentando un importante incremento desde las 12.000 botellas de la añada 2002, comercializadas a principios de 2004, a las 100.000 botellas en 2005, con la previsión de 200.000 para este año.
Actualmente la producción se destina en un 60% al mercado nacional y en un 40% al internacional pero el objetivo es conseguir distribuirlo a partes iguales. En lo que concierne al mercado nacional y, en concreto, a Castilla-La Mancha existe una respuesta francamente buena y, de hecho, en la hostelería de calidad la presencia es notable.
La estrategia comercial se basa fundamentalmente en transmitir una imagen de diferenciación y calidad de producto, que se debe acompañar de una buena política de comunicación. En opinión de Juan Manuel de la Mata, es evidente que la clave se resume en calidad y describe el mercado con una forma piramidal conforme la calidad va incrementándose, de manera que “el ascenso por la pirámide en cuanto a calidad supone una pérdida importante de competidores”, precisa.
La bodega Pago del Vicario apuesta por la nuevas tecnologías, tanto en lo que concierne a la venta del producto como a los servicios, algunos ya disponibles en Internet donde se puede reservar una mesa en el restaurante o confirmar una reserva en el hotel, así como informarse de la variedad de vinos, la disponibilidad de los mismos y sus características. Sin embargo, todavía no se han decidido por la venta directa por la red porque, según José María, “habría que combinar la venta por Internet con el esfuerzo que hacen los distribuidores, los canales estándar de toda la vida, que nos ayudan a dar a conocer nuestros vinos, es decir, las nuevas tecnologías tienen que adaptarse también a los canales tradicionales”, considera, recordando el importante punto de venta que supone la tienda de la bodega, donde se brinda la oportunidad de poder catar los vinos a los clientes, que en un 99% compran el producto.
La plantación del viñedo de la finca, situada a una altitud entre 630 y 690 metros sobre el nivel del mar y con un clima continental extremo, se forjó desde el principio del proyecto, “lo que nos ha dado la oportunidad de replantear el viñedo en profundidad teniendo en cuenta la exposición, los ángulos, los clones, las diferentes parcelas…, que no es el caso de otras bodegas por circunstancias históricas”, señala José María de Castañeda, director internacional de la bodega.
Por otra parte, Juan Manuel de la Mata resalta la importancia del viñedo y la peculiaridad tanto del suelo, caracterizado por la heterogeneidad –nicorellas, pizarras, arcillas de río-, como de la orografía, “no muy comunes en Castilla-La Mancha”, aclara, para significar que la pizarra aporta una serie de minerales, lo que se transmite a la uva con una respuesta en cuanto a sabores y aromas diferenciados de otros vinos cuyas viñas están plantadas en otros terrenos. De hecho, continúa, “hay expertos someliers que cuando catan nuestros vinos denotan esos tonos minerales del propio terruño, que son indudables”, argumenta el Juan Manuel, para añadir que lo mismo ocurre con el tomillo y el romero: “Por la proximidad del monte, todo el matorral mediterráneo que tenemos se refleja mucho en los vinos, independientemente de la piedra”, defiende.
En cuanto a la orografía, José María cree que es una suerte que uno de los límites naturales de la meseta manchega en el norte sea el río Guadiana porque “es un elemento fundamental en nuestra viña, ya que favorece positivamente por la frescura de las noches en el verano y las humedades relativas que tiene el viñedo en esta ladera, de manera que la cercanía del río contribuye bastante al contraste térmico de temperaturas entre el día y la noche”, estima José María.
En relación a la competitividad del mercado nacional, bajo el punto de vista de Juan Manuel, “si bien es cierto que los vinos castellano-manchegos son diferentes (precisamente la variedad es uno de los atractivos para los amantes del producto), en cuestión de calidad son equiparables a cualquier vino de otras regiones de España, sólo hace falta tiempo para rentabilizar las inversiones”, afirma, haciendo referencia para respaldar esta opinión a la presencia de afamados bodegueros que se están desarrollando profesionalmente en la zona.
En cuanto a la competencia internacional, en concreto de los nuevos mercados emergentes (Chile, Sudáfrica, Argentina, California, Australia o Nueva Zelanda), “los vinos son de alta calidad y han entrado en el mercado con una mentalidad muy abierta desde el punto de vista de variedades y con una reglamentación más flexible y abierta, lo que ha generado unos vinos muy comerciales a medida del cliente, a diferencia de lo que venía haciendo Europa”, expone José María de Castañeda, director Internacional de la bodega Pago del Vicario, para matizar que existe otro mercado que demanda vinos muy auténticos y más personales.
Para aunar sinergias a la hora de ofrecer como reclamo turístico las bodegas castellano-manchegas, se ha creado la Asociación de Enoturismo de Castilla-La Mancha, pionera en España. Juan Manuel define esta iniciativa como una opción de ocio para licitar las bodegas regionales que tienen una ubicación especial, unas por su proximidad con Levante y otras con Madrid.
“La idea es juntarnos para sumar esfuerzos y ofrecer un producto en el que el demandante del servicio pueda elegir diferentes opciones de turismo, incluso combinar bodegas en un fin de semana”, sugiere el Director Comercial, precisando que cada bodega ofrece sus variables y, concretamente, “nosotros tenemos un hotel en la finca con 23 habitaciones, restaurante y piscina de uso exclusivo del hotel, así como un parque de bicicletas para que nuestros clientes puedan disfrutar del viñedo con rutas por la viña que está señalizada”.
El hotel, además de ser una herramienta de cara a clientes y amigos, hospeda a turistas que se acercan los fines de semana atraídos por esta interesante opción de ocio, “ya que el vino es cultura, es ocio y también está muy vinculado a la gastronomía, por eso desde el principio nos pareció fundamental abrir con un restaurante para poder dar la oportunidad de reunirse aquí con los amigos o celebrar asuntos de empresa -conferencias, congresos, seminarios…- en nuestras salas multiusos”, detalla José María.
En palabras de Juan Manuel, el enoturismo acerca a personas que son neófitas del sector, por lo que se trata de una oferta de ocio que aporta un conocimiento añadido sobre el mundo del vino: “se aprende a catar los vinos y a distinguirlos desde la vid”, enfatiza.
José María de Castañeda manifiesta que todo el equipo, tanto en viñedo y bodega como en el sector de servicios, “cuidamos hasta el último detalle con el objeto de mejorar constantemente, de manera que demostramos que en Castilla-La Mancha se puede tener lo mismo, y a igual calidad, que en otros sitios, como ocurre con nuestra restauración, a cargo del chef José Alfonso Merlo, donde tenemos todos los productos que da esta tierra, incluso productos ecológicos de nuestro propio huerto, y lo que no nos da como el pescado, es decir, partiendo de la mejor materia prima intentamos no autolimitarnos, al mismo tiempo que aspiramos a conseguir la máxima calidad”, garantiza.
Actualmente, los vinos de la bodega Pago del Vicario se elaboran bajo el amparo de la denominación Vino de la Tierra de Castilla, “un tipo de paraguas legal que nos permite comunicar todas las propiedades de nuestros vinos que los hacen diferentes y, además, nos permitió en su día plantar una serie de variedades que no estaban inscritas en otras denominaciones de origen”, anota José María, para precisar que el viñedo produce tanto variedades españolas (Tempranillo, Garnacha, Graciano y la apuesta reciente de Verdejo) como las variedades foráneas Cabernet Sauvignon, Syrach, Merlot y Petit Verdot, “que nos han dado unos resultados muy buenos en nuestros rosados: el rosado 100% Petit Verdot ha sido todo un éxito”, celebra.
Aun siendo aspirantes a conseguir la denominación de “Pago” para poder normalizar los procedimientos que caracterizan dicha denominación, según Juan Manuel, “la bodega es un pago en toda su extensión, ya que el proceso productivo comienza y termina en nuestra finca; utilizamos uvas propias y tenemos una serie de procesos de calidad y selección, con producciones por hectáreas limitadas”, argumenta.
La familia de vinos de Pago del Vicario, todos absolutamente distintos, abarca una amplia gama comercializada con un diseño sencillo vestido de colores vivos y llamativos, moderno y sobrio a la vez, de manera que el diseño de la botella sugiere la alegría que circunda a esta bebida.
A pesar de que los responsables de esta bodega entienden que todavía no es momento para acudir a certámenes, no debemos obviar que Pago del Vicario Monagós 2003 obtuvo la Medalla de Oro en la Feria Expovina de Zürich, así como Penta 2004 y Pago del Vicario Petit Verdot rosado 2005, premiados con la Medalla de Oro en el Concurso Mundial de Bruselas.
En cuanto al futuro, los responsables de la bodega aseguran que se elaborará algún vino nuevo, siempre ediciones limitadas, y además tienen como proyecto, que probablemente se pondrá en marcha el próximo año, impartir cursos destinados al sector de la hostelería y restauración “porque hemos detectado que hay personas que quiere saber más, no sólo en cuanto a la cata y fases de la misma, sino también sobre el tratamiento del producto en el punto de venta, que es una asignatura que hay que reforzar: cómo se debe conservar una botella de vino o cómo se abre, preguntas básicas que las damos por entendidas pero hay muchas personas a las que no se lo han enseñado y tienen que aprenderlo”, apunta Juan Manuel de la Mata.
En la parte de ocio, todavía quedan algunos proyectos por hacerse realidad, algunos de ellos ya en proceso de desarrollo como es el caso de la recuperación de un molino Gaitanejo de piedra de cuatro muelas del siglo XVII. Además, existe la posibilidad de hacer un “SPA” de vinos, un pequeño balneario aprovechando los tratamientos de vinoterapia.
Por otra parte, se están proyectando nuevas bodegas en otras zonas: “Está ya confirmada una zona del Bierzo en León, en donde los vinos no son muy conocidos pero recientemente, igual que nos está sucediendo a nosotros porque tienen un clima y unos varietales autóctonos muy buenos, se está apostando por ellos invirtiendo, tanto económicamente como en material humano, y sólo hay que esperar a corto plazo, porque es un proyecto que a lo mejor nos lleva 5 años más, por eso no queremos difundirlo todavía, ya que intervienen muchos factores, algunos de ellos incontrolables, por lo que habría que esperar tiempo”, puntualizan los responsables de la bodega Pago del Vicario, Juan Manuel de la Mata y José María de Castañeda.
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