La primera y única ciudad visigoda descubierta

A finales del siglo XIX, en el año 1893, el historiador Juan Catalina García descubre Recópolis, aunque habría que esperar a los años 1945 y 1946 para que se iniciaran las primeras excavaciones arqueológicas dirigidas por Juan Cabré. En ellas se descubrió parte de un gran complejo palacial formado por la basílica y un edificio de grandes dimensiones. Entre los hallazgos efectuados, destacan un conjunto de piezas escultóricas y un tesorillo de monedas de oro, descubierto en el baptisterio de la basílica, que en la actualidad se encuentran expuestos en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid.

En la décadas de los años setenta y ochenta del pasado siglo, diferentes instituciones científicas –las universidades Complutense y Autónoma de Madrid, Central de Barcelona, Alcalá de Henares; el Museo de Guadalajara y el Instituto Arqueológico Alemán- se interesaron por la investigación de Recópolis sucediéndose las excavaciones arqueológicas y los estudios. A mediados de la década de los años noventa, se inició el actual proyecto sistemático de investigación.

Sólo en la recuperación del yacimiento y en la construcción de un Centro de Interpretación en Recópolis, el Gobierno de Castilla-La Mancha ha invertido más de tres millones de euros. En 2006 han participado 25 peones y 5 técnicos (4 arqueólogos y 1 restaurador). Se han abierto áreas nuevas de excavación que corresponden a una zona de viviendas y a una zona de producción de vidrio. Se han hallado restos de inscripciones conmemorativas y materiales de cerámica y vidrio, entre otros objetos.

Los restos descubiertos procedentes de la excavación de la zona de viviendas, al ser la única descubierta de traza exclusivamente visigoda, permite empezar a entender cómo los visigodos concebían la organización de la vivienda y de la vida cotidiana. Por otro lado, el hallazgo de restos de objetos procedentes del Mediterráneo (Medio Oriente y Norte de África) proporcionan información sobre las vías de comercio que existían en la zona, desmontando la teoría de que la España visigoda fue un reino cerrado sobre sí mismo, con contactos comerciales muy limitados.

Expansión visigoda y fundación de Recópolis

Gracias a una serie de campañas victoriosas contra los bizantinos, diversos pueblos indígenas de la península, la aristocracia y los campesinos, en el año 578 el rey Leovigildo había logrado la cohesión territorial del Reino Visigodo. Como consecuencia de estos éxitos y tomando como referencia al Imperio Bizantino, Leovigildo sentó las bases de un estado centralizado con capital en Toledo. Adoptó, por primera vez en el Reino Visigodo, vestimentas y atributos reales, acuñó su propia moneda e impuso un sistema de recaudación fiscal. Para conmemorar esta consolidación del poder real y del Estado, Leovigildo fundó Recópolis, así nombrada en honor de su hijo, el futuro rey Recaredo.

A lo largo de la época visigoda, la ciudad tuvo una vida dinámica que se desarrolló con dos fases documentadas. La primera de las fases de época visigoda, fechada entre fines del siglo VI y la primera mitad del VII, nos muestra la ciudad tal como se concibió desde el momento de su fundación, siguiendo un plan urbanístico definido por la jerarquización del espacio urbano. La ciudad, de grandes dimensiones, se construyó con espléndidos edificios y estructurada en varias zonas: el palacio, los espacios comerciales, las diferentes zonas de vivienda, la muralla y los arrabales. En el territorio próximo, los restos de un acueducto y unas canteras documentan sobre el suministro de agua y los sistemas de extracción de materiales para la construcción de la nueva ciudad.

La segunda fase de época visigoda, que se desarrolla a lo largo de la segunda mitad del siglo VII y principios del VIII, refleja, en las partes excavadas, una alteración del paisaje urbano caracterizada fundamentalmente por una peor calidad en las técnicas urbanísticas. Los espacios comerciales se transformaron en viviendas, las calles y los espacios públicos fueron ocupados por nuevas construcciones y se realizaron reformas en el palacio.

Madinat Zorita, actual Zorita de los Canes

La llegada de los árabes supuso que en esta zona de la península se asentaran, junto a la población local, tribus bereberes procedentes de la zona norteafricana del Magreb y la ciudad de Recópolis fue conocida a partir de entonces por su nombre árabe, Madinat Raqaubal.

Aunque durante el siglo VIII pervivió prácticamente la misma estructura que tuvo en la última fase de época visigoda, entre finales del siglo VIII y principios del IX se produce un cambio notable en la estructura del asentamiento debido a la pérdida de la categoría de centro de poder y administrativo de Recópolis como consecuencia de los conflictos y luchas en la región entre bereberes, población local y partidarios de los emires cordobeses. Un incendio destruye el palacio, que es reconstruido como un recinto fortificado, y sobre las ruinas de las antiguas construcciones se edifican nuevas viviendas.

En las primeras décadas del siglo IX, el asentamiento de la antigua Recópolis es abandonado y utilizado como cantera. En este momento se desmontan edificios para extraer sus sillares y sus elementos decorativos, y se construyen caleras para producir cal utilizando restos constructivos de la antigua ciudad. Toda esta actividad se destina a proporcionar materiales para fundar una nueva ciudad, Madinat Zorita, la actual Zorita de los Canes, fundada a principios del siglo IX utilizándose para ella las piedras de la cercana Recópolis.

A un kilómetro aguas arriba de Recópolis, la fundación de Zorita está relacionada con la consolidación de la sociedad andalusí y a lo largo de los dos siguientes siglos se desarrollará un nuevo modelo de ciudad, reflejo de esa nueva realidad social.

Desde su fundación y a lo largo de toda la época omeya, Madinat Zorita se convertirá en una importante ciudad, capital de uno de los distritos administrativos de Al-Andalus. En este periodo se definieron los rasgos que configuraron a Zorita como una típica ciudad andalusí y una serie de monumentos y restos, la mayor parte de ellos pertenecientes al periodo califal (siglo X), nos ilustran sobre esta época: la alcazaba, la puerta con arco de herradura de época califal que comunicaba el castillo con la medina o ciudad propiamente dicha, situada en la ladera occidental del cerro y rodeada por una muralla construida en esa época y todavía hoy en pie.

La ciudad de Zorita fue entregada por Alfonso VIII, en el año 1174, a la Orden de Calatrava

A partir del año 1085 esta zona pasa a manos cristianas como consecuencia de la rendición del reino taifa de Toledo. A lo largo de todo un siglo se produjeron una serie de cambios como consecuencia de la implantación de un nuevo modelo social, el feudalismo.

Para sustituir a la población local musulmana, que se ve obligada a emigrar, campesinos procedentes de los reinos cristianos crean nuevas aldeas. Una de ellas se funda en el Olivar de Raccopal, la antigua Recópolis. Sobre las ruinas de la iglesia visigoda se edifica un templo románico con su cementerio y sobre parte de los cimientos del palacio se levantan una serie de viviendas para albergar a los campesinos mozárabes que se asientan en esta pequeña aldea.

La ciudad de Zorita y su territorio, tras pertenecer a distintas familias nobiliarias y a la propia Casa Real, fue entregada por el rey Alfonso VIII en el año 1174 a la Orden de Calatrava. A este periodo debe adscribirse el inicio de todo un proceso de reformas del castillo de Zorita.

A partir de este momento se inicia una época de importante crecimiento entre los siglos XIII y XIV, que desde la arqueología se documenta a través de la existencia de tres arrabales -dos situados al Sur y al Este de la villa y el tercero en la otra orilla del río Tajo-, que si bien pudieron ser de fundación anterior alguno de ellos, en superficie ofrecen materiales de época pleno y bajomedieval.

Conjunto palatino

Situado en la parte más alta de la ciudad y siendo visible desde todo Recópolis y gran parte del territorio cercano, el conjunto palatino, que tenía una doble función, residencial y administrativa, estaba formado por una serie de edificios dispuestos alrededor de una gran plaza, cerrada en sus lados norte y sur por dos edificios de grandes dimensiones con dos plantas.

En el lado Este de la plaza destacaba la presencia del templo más importante de Recópolis, la iglesia o basílica palatina, de planta cruciforme inscrita en un rectángulo y con un baptisterio en su esquina noroeste, en cuya cimentación se localizó el tesorillo de monedas que hoy se encuentra en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid.

La construcción de la basílica es una de las más cuidadas de la ciudad, como lo demuestran la calidad de sus sillares, los pavimentos de opus signinum o sus variados elementos decorativos: capiteles, basas, canceles y fragmentos de sarcófagos.

El acceso a este conjunto palatino de Recópolis se efectuaba a través de un arco monumental, del que se han encontrado los restos de su basamento, y que constituía el punto de arranque de la calle principal de la ciudad.

La mitad occidental del gran edificio situado al norte de la plaza se reconstruye a inicios del siglo IX, transformándolo en una fortaleza andalusí para el control del territorio, y la antigua puerta monumental de acceso al conjunto palatino se cierra, convirtiéndose en la entrada a este recinto fortificado.

La consolidación de Zorita como nuevo centro urbano supondrá el abandono de Recópolis y su transformación en cantera para la construcción de la nueva ciudad. Este hecho afectará particularmente a los restos del conjunto palatino, cuyos sillares y materiales nobles serán utilizados en las construcciones de Zorita.

Tres siglos después, en el año 1156, con la consolidación del dominio cristiano en la zona, se fundará una aldea aprovechando parte de las ruinas del antiguo conjunto palatino. Sobre las restos de la iglesia visigoda se edifica un templo románico con su cementerio y sobre parte de los cimientos del palacio se levantan una serie de viviendas para albergar a los campesinos mozárabes que se asientan en esta pequeña aldea.

En el siglo XIV la aldea había sido abandonada y su templo se encontraba en ruinas, siendo reconstruido de nuevo pero ya con un carácter de ermita bajo la advocación de la Virgen de la Oliva, donde hasta bien entrado el siglo XVI se celebraban romerías en las que participaban todos los pueblos de la zona. El castillo de Zorita

El castillo de Zorita se construyó en época emiral con piedras traídas de la ciudad de Recópolis. Hacia mediados del siglo X, se construyó la espléndida puerta de arco de herradura que da entrada al castillo y lo comunicaba con la medina.

Tanto la medina como esta fortaleza fueron reformadas entonces, tal y como atestiguan las construcciones realizadas con los sistemas constructivos típicos de este periodo califal.

Un nuevo periodo de reformas indica la vitalidad de Zorita y de sus señores durante los siglos XII, XIII y XIV. Las últimas reformas se realizarán ya en el siglo XVI con motivo de su adquisición por los príncipes de Éboli.

Avanzado sistema de aprovechamiento de agua

Forman parte del Parque Arqueológico otra serie de restos de las épocas visigoda, andalusí y feudal: el acueducto y la cantera de época visigoda, los sistemas de irrigación andalusíes y los molinos y los caminos medievales.

En las inmediaciones del Parque Arqueológico de Recópolis, en el cerro de la Boneta, se han localizado restos del acueducto de época visigoda que abastecía de agua a algunas zonas de la ciudad, posiblemente al palacio.

La extracción de piedra se hacía en canteras, situadas en los alrededores de Recópolis, que aprovechaban los afloramientos naturales y se explotaban en gradas. Los canteros utilizaban técnicas e instrumentos heredados de la cantería romana y constituían una mano de obra especializada.

La época andalusí aportó a Zorita un avanzado sistema de aprovechamiento del agua. Las acequias encontradas forman parte de este legado andalusí y regaban una importante huerta, de la que las fuentes escritas destacaban la calidad de sus árboles frutales.

La implantación del pastoreo a gran escala y los cultivos agrícolas extensivos en la sociedad feudal trajo consigo transformaciones en el paisaje como consecuencia de una nueva organización productiva del territorio. Aprovechando posiblemente los sistemas de irrigación andalusí, se construyeron molinos que perduraron a lo largo de toda la Edad Media.

Entre Recópolis y Zorita se han localizado algunos tramos del antiguo camino medieval que comunicaba a ambas poblaciones y del que son testigos las huellas de las rodadas de los carros que por él discurrieron.

Los hallazgos encontrados en Recópolis indican una importante actividad comercial

Recópolis estaba rodeada por una muralla que se elevaba cerrando las 33 hectáreas que ocupaba la ciudad. Construida con una cuidada técnica de sillares de piedra arenisca, enlucidos exteriormente con un mortero de cal, se encontraba jalonada por numerosas torres cuadradas. La altura máxima de los restos de la muralla, en la actualidad, se sitúa entre dos y cinco metros, pero en época visigoda se calcula que tuvo una altura de siete metros. La única puerta hasta ahora excavada era de entrada recta flanqueada por dos torres. Las casas de época visigoda descubiertas hasta el momento en Recópolis estaban formadas por habitaciones rectangulares con diferentes funciones y abiertas a patios que podían estar cubiertos parcialmente con pórticos, mientras que las viviendas excavadas de época andalusí eran más sencillas que en las fases anteriores.

En la trama urbana de Recópolis destaca la calle que parte desde la puerta monumental. Tenía dos niveles, necesarios para salvar la pendiente natural. En el inferior se localizaba una cisterna que formaba parte del sistema de suministro de agua a la población, mientras que el superior servía como espacio para transeúntes. La pavimentación de esta calle estaba formada por un lecho de grava y cantos sobre el que se asentaba un preparado de tierra arcillosa mezclada con cal.

A ambos lados de la calle principal, en la parte más próxima al palacio, se situaban dos grandes edificios dedicados a actividades comerciales y artesanas. Entre los dos configuran un espacio de nueve tiendas con sus correspondientes talleres. Los restos y herramientas encontrados indican que en estos edificios hubo producción y venta de numerosos objetos, entre los que destacan los de vidrio y las piezas de orfebrería.

Asimismo, en esta zona debieron comercializarse los objetos procedentes de diferentes zonas de la Península y el Mediterráneo que llegaban a Recópolis.