Segóbriga, ciudad romana del siglo I a.C.

El lapis specularis, abundante en las minas de la zona y muy codiciado en Roma como cristal de ventanas y ornamento para fiestas, parece, según las referencias de Plinio, la causa principal de su desarrollo y crecimiento. Su situación estratégica, entre Cartago Nova y su conexión con Toletum Segontia, la riqueza de su suelo, minera y agrícola, fueron las causas de sus gran esplendor y su monumentalidad. Esta grandeza ha permitido que aún hoy queden importantes y bien conservados restos que acercan Roma a la época actual y la posibilidad de ser testigos de la potencia cultural del imperio también en la meseta. Segóbriga llegó a albergar un teatro, anfiteatro, utilizado para las grandes fiestas, termas públicas, templos, destinados al culto imperial, mercados…hasta convertirse en punto de referencia de la Meseta como vida urbana al estilo romano. Actualmente, son visitables el acueducto, las necrópolis, la ciudad, el teatro, la muralla y puerta principal, el criptopórtico del foro, las termas del teatro, la basílica, el foro, el aula basilical, las termas monumentales, la acrópolis, la casa del procurador minero, el anfiteatro, el circo y la basílica visigoda.

Su recorrido es hoy una deuda para el viajero, que le permitirá sumergirse en las raíces de un imperio que se construye también en la meseta manchega.

La ciudad romana de Segóbriga fue construida en la segunda mitad del siglo I a.C., aunque su etapa de esplendor llegó en el reinado del emperador Augusto, que la convirtió en municipio latino y que abrió las puertas a una larga etapa de crecimiento urbanístico que comienza con la construcción de las murallas y del foro. Bajo los emperadores Flavios la ciudad vio levantarse el teatro, el anfiteatro, las termas monumentales, junto a la ermita, y algunos edificios contiguos a la zona forense.

Segóbriga se convirtió en la ciudad más importante de la vía romana que unía la Meseta con el puerto de Cartagena. Al mismo tiempo fue un gran centro administrativo dedicado al control de la producción minera en su entorno. De de estas minas se obtenía el ‘lapis specularis’, el espejuelo, un yeso cristalizado en grandes láminas que servía para cristal de ventana o para decorar paredes.

Las excavaciones en el lugar se remontan al siglo XVI, fecha en que surge el interés por esta ciudad que había llegado a ser en época visigoda una sede episcopal. Tras varios siglos de actividades ocasionales, en 1962 comenzaron las excavaciones continuadas bajo la dirección de Martín Almagro Basch. Fue entonces cuando se construyó el Museo que durante todos estos años ha venido sirviendo como muestra de los resultados y cuando se excavaron el teatro y el anfiteatro, dos de los monumentos emblemáticos de Segóbriga.

El Consejo de Gobierno de Castilla-La Mancha aprobó, el nueve de julio de 2002, el Decreto de declaración del de Segóbriga, en Saelices (Cuenca).

En los últimos años, el desarrollo del proyecto del Parque Arqueológico ha permitido dar un nuevo impulso a las excavaciones y a la recuperación del lugar. Los trabajos arqueológicos, desarrollados bajo la dirección de Juan Manuel Abascal, Martín Almagro Gorbea y Rosario Cebrián, han permitido poner al descubierto el foro, es decir, el centro urbano con su plaza pavimentada, y algunos monumentos cercanos, de modo que hoy la superficie visitable ha aumentado considerablemente.

Todas estas actividades fueron financiadas hasta el año 2001 por los convenios suscritos entre la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha y el INEM, mientras que a partir del año 2002 el respaldo económico para las excavaciones está siendo aportado únicamente por el Gobierno regional.

Centro de Interpretación

La constitución del Parque ha significado también la construcción de un moderno Centro de Interpretación a la entrada del recinto, en el que se exponen algunas piezas arqueológicas de primera categoría, así como imágenes virtuales de lo que fue la ciudad en su momento.

El Centro dispone de una sala de medios audiovisuales con capacidad para 80 personas en la que se podrá contemplar un documental sobre la ciudad, su historia y los restos que se pueden visitar.

Tanto el Centro de Interpretación como esta sala de audiovisuales han sido adaptadas para permitir el acceso a personas con minusvalías físicas. Así mismo, el previsible aumento de visitantes procedentes de otros países ha llevado a incorporar a todos los textos la correspondiente versión en inglés.

En el recinto hay instalado un tipo de señalización para los monumentos y los recorridos que se encuentran convenientemente explicados con los correspondientes paneles. A ello hay que unir la presencia de un grupo de guías e informadores incorporados al personal del Parque, lo que permite realizar la visita con las explicaciones oportunas. Las instalaciones de cafetería y tienda completan el equipamiento del recinto.

Una sociedad fuertemente jerarquizada

La riqueza de Segóbriga y la pujanza de su programa monumental durante el Principado sólo pueden entenderse en el marco de una sociedad fuertemente jerarquizada y con graves desequilibrios entre la situación de unos grupos sociales y otros.

Aunque los ámbitos privados son desconocidos en la ciudad, a excepción de la probable vivienda del procurador G. Iulius Siluanus situada en la parte alta de la ciudad, lo que sí puede decirse es que una gran parte de la población hubo de residir en extramuros, en uillae suburbanas o rústicas de las proximidades.

Incluso debe entenderse que la población directamente relacionada con la explotación del lapis specularis vivía en las proximidades de los centros mineros que rodean Segóbriga y que se encuentran hoy en estudio.

Nombres como Calybe, Atthis, Epafroditus, Achoristus, Menecrates, etc., son evidencia del gran número de inmigrantes, fundamentalmente esclavos, que fueron llegando a la ciudad durante los dos primeros siglos de nuestra era.

El trabajo dependiente está documentado no sólo por referencias directas en las inscripciones funerarias sino por las actividades profesionales que algunos siervos llegaron a realizar: uno de ellos se proclama artifex en la construcción y colocación de un mosaico y otro dice ser offector, es decir, tintorero.

Las evidencias de esclavos en la ciudad no son sólo epigráficas. Al servicio de las minas en Segóbriga existirían talleres y dependencias artesanales para la fabricación de cestos de esparto para el traslado del mineral, herramientas de hierro, ropa, vestido para los trabajadores, etc.

Parte del conjunto escultórico descubierto puede relacionarse bien con el ámbito del culto imperial

El desarrollo urbano de la ciudad romana parece comenzar a mediados del siglo I a.C., fecha en que se pone en marcha la emisión de moneda en su ceca y en que se lleva a cabo la construcción de una parte de la muralla, que estará definitivamente en pie en la época augustea.

A lo largo de los siglos I y II d.C. continuaron en la ciudad a buen ritmo las nuevas construcciones, con la edificación del teatro, anfiteatro, basílica, pórticos, termas, etc., que dieron a la ciudad un aspecto urbano similar al de cualquiera de los grandes centros de otros territorios.

Una gran parte de estas obras fue financiada con aportaciones particulares. El número de inscripciones con mención de donación de obras públicas descubiertas en la ciudad da idea de la pujanza de algunas élites segobrigenses.

Las excavaciones ofrecen continuamente nuevos testimonios: el retrato de Agrippina Maior, el retrato de Vespasiano y algunos nuevos personajes togados. Parte del conjunto escultórico descubierto hasta la fecha puede relacionarse bien con el ámbito del culto imperial.

Ciudad cosmopolita

Las minas provocarían un cierto movimiento demográfico en el municipio, protagonizado por hombres libres en busca de fortuna pero también por mercaderes de esclavos. La riqueza favoreció, sin duda, la extensión de las actividades artesanales en la ciudad, principalmente de los trabajos metalúrgicos, de los que quedan muchas evidencias.

Una de las actividades artesanales más importantes de Segóbriga fue el trabajo de la piedra. El impulso de las construcciones monumentales debió requerir un gran número de canteros especializados en la elaboración de las ricas molduras y decoraciones que coronan los edificios desde comienzos del siglo I d.C.

En la periferia inmediata de la ciudad se encuentran algunas canteras y entre ellas destaca la situada frente al lucus Dianae con inscripciones rupestres, que suministró una gran parte del material empleado en las edificaciones y que debió ser uno de los centros de trabajo de esclavos.

La influencia de Segóbriga debió ser muy importante en el territorio circundante. Como centro administrativo de un gran espacio agrícola y minero, en su teatro se sentarían gentes procedentes de las localidades de los alrededores junto a los propios habitantes de la ciudad. Los funcionarios imperiales llegados a Segóbriga desde Tarraco, la capital provincial, o Roma compartirían tardes de espectáculos en el anfiteatro con los segobrigenses y sus vecinos.

El aire cosmopolita de la ciudad se respira en los hallazgos realizados hasta la fecha y no es difícil imaginar cómo era la vida cotidiana de sus habitantes.

Teatro y anfiteatro

El teatro de Segóbriga es uno de los edificios singulares de la ciudad y de la Meseta. Presenta un hemiciclo o cavea casi semicircular y una escena monumental recta, hoy destruida casi hasta sus cimientos, pero que estuvo lujosamente adornada con columnas de fustes estriados y de tipo salomónico y con basas y capiteles ricamente decorados. Entre las columnas se colocó una serie de estatuas representando togados y musas.

Fue construido sobre la ladera norte del cerro, apoyado directamente en la roca y fuera de la muralla de la ciudad. Estas condiciones permitieron su mejor conservación y que haya llegado con su graderío casi íntegro hasta nosotros. El edificio tenía capacidad para algo más de 2.000 personas. Se comenzó a construir a fines de la época augustea, aunque las obras se debieron prolongar hasta finales del reinado de Vespasiano, en el último cuarto del siglo I.

El anfiteatro de Segóbriga es el único de los conservados en el interior de Hispania y el elemento emblemático de la ciudad durante siglos. Construido sobre la ladera del cerro y fuera de la muralla, la edificación se hizo al mismo tiempo que la del teatro. Con un eje mayor de 74 metros orientado de Este a Oeste, donde se abrían sus dos puertas principales, y con capacidad para 5.500 personas, ocupa una superficie total de 3.836 metros cuadrados y ofrece una planta elíptica.

El foro y sus edificios laterales

Por el camino que discurre hacia el cerro entre el teatro y el anfiteatro, es decir, por la antigua entrada principal de la ciudad paralela a la muralla, se entra en el conjunto urbano por la llamada Puerta Norte. El visitante se encuentra en este punto con el foro y sus edificios laterales, parcialmente excavados y visitables.

El foro conserva su plaza central enlosada, a la que se accedía por una gran escalinata, y en el centro queda aún una gran inscripción grabada en el suelo que recuerda a Proculus Spantamicus, un rico personaje que pagó en época romana estas obras.

En el lado norte del foro se encuentra la basílica, de la que sólo queda su criptopórtico o zona subterránea y que constaba de dos naves separadas por una columnata central cuyos fustes estaban decorados con figuras geométricas de color rojo.

Junto a este edificio existe otro más pequeño, decorado hoy con la copia de una escultura togada, que se ha identificado con una sala de culto a la familia de los emperadores julio-claudios.

Por el lado norte de la basílica discurre una calle en pendiente a uno de cuyos lados se encuentran las llamadas “termas del teatro”, excavadas y restauradas para permitir su visita. En ellas llaman la atención los nichos de sus paredes, que no son sino los espacios destinados a guardar la ropa durante la estancia en las termas.

Frente a la basílica, al otro extremo del foro, se encuentra el templo de culto imperial, recientemente excavado, que constaba de tres naves separadas por columnas y que tenía en su cabecera una exedra pavimentada en mosaico. A esta zona absidiada se accedía por unas escaleras hoy reconstruidas. De este lugar procede una rica serie de capiteles que pertenecieron al edificio original y que fueron reempleados en construcciones posteriores en época tardorromana y visigoda.

Necrópolis, sepulturas romanas y visigodas

En Segóbriga, como en todas las ciudades romanas, las necrópolis se situaban en los extramuros, normalmente junto a las vías que salían de la ciudad. La más monumental estaba al noroeste, junto al arroyo de Yuncal, donde se conservan algunos restos de mausoleos, hoy apenas visibles.

Más importante es la necrópolis nordeste, que se extiende desde el Centro de Interpretación hasta el antiguo Museo. Sus recintos funerarios son de origen romano, pero algunas de las sepulturas hoy visibles son visigodas. Un mártir en ella enterrado debió dar origen a la basílica visigoda, de tres naves con cripta bajo el ábside y varias tumbas de obispos, una de las cuales se ha reconstruido.

En la parte superior del cerro, dominando toda la zona urbana, se encontraban las termas

La ladera del cerro en que se asienta Segobriga estaba salpicada de grandes aljibes que garantizaban el abastecimiento regular de agua, que llegaba a la ciudad a través de un acueducto cuyo origen estaba cerca de la localidad de Saelices.

En la parte superior del cerro, dominando toda la zona urbana, se encontaban las termas monumentales, construidas en época Flavio. A ellas se accedía por una calle escalonada hoy restaurada en su estado original. Este edificio disponía de un gran patio columnado descubierto, apto para la conversación y los ejercicios gimnásticos, y desde él se accedía a las salas frías, templadas o calientes que caracterizan este tipo de construcciones. En la sala fría (frigidarium) se conserva una piscina que ha llegado hasta nosotros casi en su estado original.

Entre el teatro y la calle, paralela a la muralla, se levantaron unas termas en época de Augusto, con acceso desde el teatro por una puerta de la muralla. Sus aguas se trasportaban desde una mina cerca de Saelices al complejo termal por un acueducto formado por fuentes y cisternas de cemento hidráulico.

En el complejo, inspirado en gimnasios griegos, se formaba a la juventud para atraerla al culto imperial. Se conservan la sala para cambiarse de ropa con sus taquillas, una sauna seca circular con una pila para refrescarse con agua fría y una sauna con piscina al Norte, con el horno en su parte inferior. Hacia el Este, un corredor oblicuo conducía al gimnasio con su piscina.