Un regalo de la naturaleza

El nacimiento del río Mundo, un afluente de río Segura, se encuentra en el paraje conocido como “Los Chorros”. Declarado Parque Natural del y de la se ubica en el término municipal de la localidad albaceteña de Riópar.

Los farallones calcáreos, las cascadas rodeadas de pinos, robles y avellanos, hacen de este paraje uno de los más visitados de Castilla-La Mancha.

El agua surge de una gruta natural a gran altura, desde donde el agua cae a través de una espectacular cascada de 100 metros de altura.

Su caudal es muy variable, y en los momentos de crecida se produce el “reventón”, que llega a arrojar más de 80 metros cúbicos por segundo.

No solo es espectacular la cascada del propio nacimiento, sino que a continuación se suceden una serie de cascadas que hacen del entorno un espacio sin igual.

La Cueva de Los Chorros es otro de los atractivos de la zona. Se trata de una de las cavidades más notables de España, con más de 32.000 metros topografiados.

En la cima del puerto hay un aparcamiento desde el que se puede acceder andando al nacimiento del río Mundo. La entrada está regulada por guardias jurados para no sobrepasar el aforo de coches.

Las máximas culminaciones de este municipio son los Picos del Argel (1694 metros), Vivoreros (1655 metros) y Padroncillo (1586 metros), siendo el Calar del Mundo el paisaje más espectacular.

Nacimiento del Río Mundo y Cañada de los Mojones

La Consejería de Agricultura de la Junta de Castilla-La Mancha, los Ayuntamientos de Riópar y Vianos y la finca particular Coto de la Mina, firmaron el día 6 de mayo de 1987 el acuerdo de creación de la zona de Protección Especial denominada “Nacimiento del Río Mundo y Cañada de los Mojones”.

La Cañada de los Mojones se encuentra en el espectacular Parque Natural del Calar del Río Mundo. Cuenta con una gran diversidad botánica y paisajística, y guarda un excelente grado de conservación de sus ecosistemas naturales.

Esta zona de Protección Especial se encuentra en la unión de las sierras de Alcaraz y Segura, a 7 kilómetros del pueblo de Riópar. Comprende el valle de retroceso o fondo de saco de Los Chorros, tanto las dos laderas que lo forman como la pared rocosa de la cabecera del valle donde surge el río, así como el poljé de la Cañada de los Mojones.

Un poljé es una depresión cerrada en forma de valle de fondo plano, dimensiones kilométricas y fuertes pendientes cuya génesis está en el proceso de disolución y hundimiento de la roca caliza a partir de una geomorfología en la que predomina el karst. El sistema de drenaje es llevado a cabo por cursos de agua meandriformes que se pierden, pasando a ser de circulación subterránea.

Al poljé de la Cañada de los Mojones le entra el agua por varios sumideros o poros, para pasar después, bajo tierra, a la Cueva de Los Chorros y la Fuente de la Pedorrilla.

La vocación escultórica del agua y la facilidad con la que la dolimita (mineral compuesto de carbonato de calcio y magnesio) es esculpida, hace que se originen unos paisajes que han venido a denominarse cársticos, cuando agua y dolomita coinciden. Paisajes con frecuentes cuevas, aguas subterráneas, simas y poljés.

Una de las rutas recomendadas comienza en la explanada del paraje del nacimiento del río Mundo. Para llegar a esta zona desde Riópar se debe coger la carretera en dirección a Siles y a unos 6 kilómetros tomar el desvío hacia el nacimiento, hasta donde termina la carretera, a poco más de 2 kilómetros.

Ruta del Nacimiento del Río Mundo

La distancia de la ruta es muy corta (no más de 4 km de ida y vuelta), pero dada la dificultad de la misma la duración para personas inexpertas es de 1 hora y media de ida y otra hora de vuelta. Una ruta con cierta peligrosidad sino se respetan las pautas indicadas, no apta para aquellas personas que padecen vértigo. La ruta es en subida para la ida y de bajada para la vuelta. Su cota mínima es de 1.000 metros aproximadamente y la máxima de 1.300 metros.

La ruta se inicia desde el centro de la explanada. Mirando al paredón de la cascada hay que dirigirse a la izquierda. Después de cruzar el río, hay que estar atento ya que aquí está marcado con tiza blanda en los árboles el principio de la senda.

La senda de subida, de hasta el 60% sin descanso, es única y no hay otra manera de descender de la cueva. Después de una hora aproximadamente se llegará a la cornisa de este farallón calizo. Una vez aquí, la senda es llana pero más peligrosa, ya que es estrecha y va bordeando el precipicio que hay bajo nuestros pies. A la hora y media aproximadamente de la salida se llegará a la boca de la Cueva de Los Chorros, uno de los lugares más espectaculares que nos ha regalado la naturaleza.

La vuelta se hace por el mismo sitio, sin perder la senda en ningún momento, ya que sería muy peligroso, llegando en no más de una hora de nuevo a la explanada.

Fábricas de San Juan de Alcaraz pasa a denominarse Riópar Nuevo a principios de los 90

Tras la caída de Imperio Romano, los visigodos ocuparon Riópar, asentándose en el primitivo campamento romano y en los Picos del Oso. Durante la invasión árabe, la zona pasó a pertenecer a la Teodomiro, con cierta independencia, hasta que pasó a depender del Califato de Córdoba.

Riópar fue reconquistada en 1213 por Alfonso VIII, al año siguiente de la batalla de las Navas de Tolosa, y hasta el S.XIV pasó a dominios de Alcaraz. A partir de ese momento, Riópar fue a parar a manos de los Manrique, Condes de Paredes de Nava. El Castillo de Riópar fue objeto de diversos ataques árabes hasta finales del siglo XV, época en la que sufrió múltiples disputas entre los señoríos de Navas de Paredes y Villena. En 1746, el Conde de Paredes vende su señorío de las cinco villas al Conde de las Navas de Amores. Durante esos años, Riópar se despobla en gran medida por los abusos en pastos y alcavalas del señor, registrando un total de 59 vecinos.

En 1811, las Cortes de Cádiz deciden incorporar Riópar a la Corona, y el conde de Navas de Amores pierde sus derechos. En el año 1772, Carlos III autorizó la explotación de las minas de calamina y el viejo Riópar comienza a ceder importancia a favor de Fábricas de San Juan de Alcaraz, las cuales pasan a llamarse Riópar o Riópar Nuevo a principios de los 90 del siglo XX, estando su historia ligada a la de las Fábricas metalúrgicas creadas por Juan Jorge Graubner. De este modo, el primitivo enclave, origen del actual y más antiguo, pasó a denominarse Riópar Viejo. En el S.XIX se abolió su vínculo señorial y Riópar finalmente se independizó. Las pedanías que posee en la actualidad son muy numerosas, como Casa de la Noguera, Cortijo del Cura, La Dehesa, El Gollizo, El Laminador, El Lugar Nuevo, El Noguerón y El Villar.

La Cueva de Los Chorros

En el centro del gran cortado de la cabecera del valle de Los Chorros aparece la cueva que lleva el mismo nombre, dando lugar a impresionantes saltos y cascadas que se remansan en cristalinas pozas, formando lo que los lugareños llaman “las Calderetas”.

Se trata de una surgencia cárstica de la que nace el río Mundo. Se conoce con el nombre de karst o carso a una forma de relieve originado por meteorización química de determinadas rocas, como la caliza, dolomía, aljez, entre otras, compuestas por minerales solubles en agua.

Desde el punto de vista espeleológico, la Cueva de Los Chorros es una de las cavidades más notables de nuestro país, presentando una gran complejidad en sus conductos y galerías, con más de 32.000 metros topografiados.

Bajo el aspecto espeleomórfico, la cavidad presenta una entrada de grandes proporciones y un vestíbulo tapizado de bloques de origen clástico, es decir, compuestos por fragmentos de preexistente roca. El “impluvium” cárstico da como resultado un caudal medio de 750 litros. En época de lluvias y nieves se multiplica por mil la aportación de agua a las galerías, ocasionando en un momento determinado el denominado “reventón”: un espectáculo insólito cuyas causas todavía se investigan. En la actualidad, no existe otra cueva de origen cárstico donde ocurra este mismo fenómeno. Un paisaje de singular belleza que ha cautivado a escritores como Quevedo e incluso a Alfonso XI.

Vegetación de riqueza peculiar

La cubierta vegetal de la zona refleja una riqueza peculiar, con un total de 51 endemismos ibéricos y 25 ibero-africános en Los Chorros. El valle y los alrededores están tapizados por grandes bosques de pino Negral y Laricio.

En las laderas aparecen otros árboles de una manera dispersa como quejigos, encinas, servales y arcen menores, acompañados de arbustos como espinos albares.

Una zona en la que existen determinados lugares con una humedad mayor y un microclima diferente. En este sentido cabe destacar el desplome de Los Chorros, donde se favorece la aparición de especies relícticas propias de áreas más septentrionales como son el tejo, el acebo, el avellano y varias especies de helechos.

En las fisuras de las rocas salpicadas de agua aparece la grasilla, una planta carnívora de vistosas flores azules, obteniendo mediante una enzima que ella misma segrega, las sales que el medio no es capaz de ofrecerle.

En el fondo del valle, cerca del curso del agua, como en el Charco de las Truchas, convive una comunidad de plantas diferentes. El dosel arbóreo está constituido por fresnos de hoja estrecha y olmos de montaña, así como por plantas trepadoras. Un paisaje que ofrece un aspecto casi selvático cuando las hiedras, clemátides y madreselvas entrelazan sus altos tallos con los de los árboles.

Un espacio donde abundan especies de flores llamativas como campanillas, farolillos y otras curiosidades entre las que destaca el rusco de tallos fotosintéticos.

En las zonas más altas de las laderas aparecen distintas especies de zamarrillas, enebros comunes y el típico cojín de monja. La mayoría de ellas, especies con claras adaptaciones a climas más fríos. Como curiosidad cabe señalar que en 1850 fue hallado cerca de la Cueva de Los Chorros cierto geranío que hasta hace poco se creía exclusivo de este enclave. Fauna rica y variada

En este espectacular Parque Natural de la provincia de Albacete se han localizado un total de 68 especies de aves entre las que se encuentran: el águila real, el águila perdicera, cuervos, piquirrojas, buitres leonados, halcón peregrino, abubillas, petirrojos, gorriones, papamoscas, palomas torcaces, mirlos, azor, gavilán, estorninos, ratonero común, milano negro, águila calzada, águila culebrera, búho chico, mochuelo, mirlo acuático, ruiseñor, buitrones, cucos, jilgueros, abejarucos y perdices, entre otras. Una zona en la que además se han localizado 30 especies de mamíferos, siendo el murciélago el de mayor número de variedades.

Las musarañas, erizos, rata de agua, ratones, ardillas, lirones, topos, liebres y conejos, son otras de las especies encontradas. También se ve con frecuencia la cabra montés, el muflón, el jabalí, el gato montés, el zorro, la comadreja, el turón, las ginetas y garduñas.

Entre las 17 especies de reptiles destaca la lagartija de Valverde, lagarto ocelado, la colilarga y las cenicientas, así como salamanquesas, víbora hocicuda, bastarda, la de escalera, herradura, la culebra de agua, la viperina, la de cogulla y la culebra lisa.

La trucha común se observa con frecuencia en todo el Río Mundo, especialmente en el Charco de las Truchas.

En los márgenes del río encontramos la rana común, la salamandra y el tritón jaspeado, junto con el sapo común, el corredor y el moteado.

Un recorrido por Riópar Viejo

Riópar Viejo es un pueblo de trazado urbano que incluye casas viejas de cal y canto, así como algunas nuevas o restauradas en las que perdura el estilo arquitectónico original. Las viviendas están revestidas de piedra natural y las ventanas y puertas son de madera.

Las calles son estrechas de tierra natural del valle y en los patios hay plantados los típicos frutales de la zona, además de parras e higueras.

En la localidad de Riópar Viejo destaca la Iglesia parroquial del Espíritu Santo. Una construcción que data del siglo XV, formada por una planta rectangular con cinco tramos separados por arcos diafragma y cabecera plana.

La cubierta del templo es una armadura de madera decorada con pinturas de tipo mudéjar.

El interior destaca por su estilo armónico y correcto, donde se encuentra un coro de madera sostenido por una columna al centro con zapatas.

En el exterior destaca una sólida torre cuyo cuerpo inferior ocupa la capilla de bautismo, así como los contrafuertes, entre los cuales hay situada una portada con arco ojival.

A los pies se levanta la sólida y maciza torre. El cuerpo inferior lo ocupa la pequeña Capilla del Bautismo. En las laderas de las montañas veremos los restos del Castillo-Fortaleza, de origen islámico, compartidos en la actualidad por la antigua muralla y el cementerio.

El Castillo-Fortaleza fue reconstruido en época cristiana, pero en la actualidad sólo se conservan restos del lienzo defensivo y algún torreón.

La Plaza del Ayuntamiento de Riópar Viejo es otro de los reclamos de esta localidad. Conocida también como plaza de Luis Escudero, se trata de una plaza abalconada sobre la calle, en cuyo centro se encuentra una fuente con cuatro leones y en su lateral el actual edificio consistorial.

Riópar Nuevo

El pueblo de Riópar está situado a 1.100 metros de altitud, en la comarca de la Sierra del Segura, cerca del nacimiento del río Mundo, junto a la carretera comarcal 412 entre Alcaraz y Elche de la Sierra, a 118 kilómetros de Albacete capital. Posee una extensión total de 81,21 kilómetros cuadrados y cuenta con una población de 1.515 habitantes.

El acceso desde Albacete se realiza por la Nacional 322 hasta Alcaraz. 11 kilómetros después se coge la CM-412 hasta Riópar.

Para los amantes de la conducción tranquila y de los viajes por carreteras poco transitadas hay otra posibilidad. La ruta comienza en Alcaraz, desde la CM-3216, por Vianos, La Sierra del Agua, al Puerto de las Crucetillas hasta llegar a Riópar. Un trayecto en el que el firme irregular y las interminables curvas de una carretera muy estrecha se ve compensado por la belleza del paisaje.

Fábricas de San Juan de Alcaraz: Museo del Bronce

En la segunda mitad del siglo XVIII, un ingeniero vienés llamado Juan Jorge Graubner, atraído por la noticia de la existencia de una mina de calamina, llegó a Riópar por primera vez en 1771.

Desde entonces, la historia de Riópar se identifica plenamente con la de sus fábricas.

Graubner regresa a Madrid para presentar sus proyectos al rey Carlos III, quien inmediatamente pudo apreciar los beneficios que podría conseguir España con las ideas de este ingeniero. De este modo, le concede las primeras gracias y franquicias, y las fábricas son creadas oficialmente por Real Cédula el 19 de Febrero de 1773. Fábricas que se convierten en las primeras creadas en España y las segundas en el mundo, puesto que en esta época sólo existían las de Goslar (Hannover).

Graubner decide poner dos centros productivos. Uno, San Juan, junto al arroyo Gollizo (El Royete), que fabricaría los objetos de latón y otro, San Jorge, junto al río Mundo y debajo de la mina, donde se harían todos los trabajos del cobre labrado y la extracción de cinc. Ambos centros estaban enclavados en lugares solitarios y a más de media hora del pueblo, lo que supuso un claro inconveniente para los obreros. Para solventar este problema, Graubner inicia en San Juan la construcción de un pueblo moderno, que pronto alojaría a la mayoría de los habitantes de Riópar. Un pueblo que pasa a llamarse Fábricas de San Juan de Alcaraz, posteriormente Fábricas de Riópar, que actualmente toma el nombre del municipio Riópar y renombra al antiguo pueblo como Riópar Viejo.

En 1781 se echó todo el agua del río Mundo por la presa del Laminador, causando el movimiento de la rueda y máquinas del martinete de cobre. Momento en el que el complejo fabril entra verdaderamente en funcionamiento.

En 1869 se convierten en las primeras en la fabricación de cartuchos Rémington.

Los productos fabricados en Riópar han cosechado las más altas distinciones y han ganado medallas de oro, plata y bronce en distintas Exposiciones Internacionales.

En la actualidad, en el edificio que antes albergaba el conjunto de fábricas de bronce de Riópar, hoy encontramos la guardería y el gimnasio de esta localidad, el Museo del Bronce, así como la Oficina Municipal de Información Turística.

La ganadería es el pilar de la economía de Riópar y el principal protagonista de su gastronomía

La accidentada orografía de las Sierras de Alcaraz y del Segura, las duras condiciones climáticas y su particular forma de vida basada en el autoabastecimiento de las unidades familiares han contribuido a la hora de hacer llegar hasta nuestros días una rica tradición gastronómica.

Una pequeña parte del término municipal de Riópar es apto para el cultivo. Teniendo en cuenta que la montaña ocupa la mayor parte de su territorio, hay que aprovechar del campo desde las collejas y espárragos a las moras y caracoles, pasando por setas de otoño y primavera, sin olvidar alguna paloma torcaz, liebre o conejo.

Una montaña que constituye el pilar de su economía tradicional: la ganadería, siendo los corderos segureños (un auténtido manjar) y cabritos el centro de estofados, calderetas y asados. La cocina más tradicional se basa en las orzas de chorizos, morcillas y lomos adobados. Varejones en los techos para jamones, paletillas y salchichones. Rastras de pimientos a secar, de habichuelas morunas y racimos de uvas pasas. Un buen sitio también para patatas, harinas, higos o nueces. Alacenas para conservas y escabeches de pescados, de carnes, de perdices, así como mermeladas y dulces de membrillo. Son muchos los restaurantes de la zona que ofrecen en sus cartas gazpachos, migas ruleras, perdices, estofados y potajes, hojuelas y flores con miel, tortas mantecosas y suspiros. Exquisitos platos que comparten mantel con el guisado de calabaza, arroz de San Antón, caldo moreno, pepitorias, fritillas, nuégados, pastel de tocino y panecillos de Semana Santa.

OBSERVACIÓN: Enlace al vídeo del canal de Promoción Turística de la Junta de CLM en YouTube, Desde el aire: Parque Natural de los Calares del Mundo y de la Sima (Albacete).