Se dice de él que es ‘el más importante creador de corrientes de opinión en torno al vino’ ¿Pesa especialmente esa responsabilidad o es el aliciente para intentar ser cada día mejor? Este prestigioso periodista y escritor, uno de los más experimentados en materia vitivinícola (José Peñín) nos comenta al respecto que le pasa “eso último”, que esa ‘fama’ es la que le lleva a intentar seguir mejorando: “Cada vez tengo que escribir con mucha más precisión, cada vez la responsabilidad es mayor, cada vez la gente quiere algo más diferente; además, ahora hay mucha más gente que escribe, que lo hace bien, entonces me ‘exigen’ que yo lo haga mejor (o, al menos, diferente), y esto me genera si no estrés, sí algo que me resulta más trabajoso ahora que cuando yo empecé hace veinticinco y treinta años, cuando yo no tenía competencia porque no había nadie que escribiera”.

Ahondando en esa situación de competencia, explica que a él se le juntan dos elementos: “el factor de comunicación (el periodismo) y, por otro lado, la enología y la parte científica; lo que intento es traducir esta parte científica y técnica a un lenguaje que la gente entienda y que sea atractivo, que no resulte pesado, ininteligible ni aburrido”.

En aquellos cuyos productos Peñín ha de valorar se da “un cierto respeto, pero basado en que es un caso raro el de un periodista que está en primera línea durante cuarenta años (porque siempre tenemos un momento más importante y, después, vamos retrocediendo… pero yo llevo cuarenta años haciendo esto y lo llevo haciendo al mismo nivel); yo creo que quien me lee o quien me oye, sin duda siempre me observa con un cierto respeto (no sé si el respeto de la experiencia o el respeto de la edad…)”, sonríe.

“Fui el primer periodista que empezó a hablar de FENAVIN cuando nadie apostaba por una Feria que se iba a desarrollar en Ciudad Real”

José Peñín nos cuenta que fue uno de los que apostó por FENAVIN: “Fui el primer periodista que empezó a hablar de FENAVIN cuando nadie apostaba por una Feria que se iba a desarrollar en Ciudad Real, en La Mancha; nadie apostaba por una Feria que no se celebrara en , en o en una gran ciudad”.

Se remonta años atrás hasta esos prolegómenos de la creación de FENAVIN y recuerda que habló con (director de la Feria), que era amigo suyo: “Le dije: ‘tú vas a hacer una Feria de vinos españoles, ¿no?, y le vas a llamar FENAVIN –Feria Nacional del Vino-; pues yo creo que ya puedes decir que es la primera Feria del vino español’; lógicamente, lo que hasta entonces ocurría con INTERVIN es que era el Salón de los vinos españoles de mayor dimensión, pero también había vinos extranjeros; hoy por hoy, FENAVIN (bajo esa idea de Feria del vino español) ya son líderes y representa (afortunadamente) la Feria de vinos españoles, para mí, más importante del mundo”.

“La calidad hay que medirla por individualidades: hay vinos españoles excelsos que podrían estar entre los mejores del mundo”

Hablando ya sobre nuestros vinos, Peñín afirma creer que “la calidad hay que medirla por individualidades: hay vinos españoles excelsos que podrían estar entre los mejores del mundo pero, evidentemente, lo que transmiten esas bodegas, esas marcas, es una calidad de quien lo hace, del personaje; en cambio, en el sentido global, el vino español no está a la altura de su dimensión de producción ni histórica”. Asegura que esto se debe a que “nosotros estamos ‘etiquetados’ en el mundo como expertos en granel y, de alguna manera, no nos ayuda a vender las calidades embotelladas; podríamos hacer un granel magnífico y ser líderes en vinos de graneles más caros que los demás, pero vinos de gran importancia (porque el granel ningún demérito que no sea que, por su precio, la calidad sea muy inferior, hoy por hoy la calidad de los graneles españoles es muy importante)”.

Dicho eso, añade que “tal circunstancia, trasladada a los vinos embotellados, les exige también un bajo precio, lo que como conclusión tiene que nuestro prestigio de vinos se sitúe en octavo o noveno lugar en el mundo, y esto es lamentable (más que nada por la política de impaciencias, de intentar vender como sea, de vendimiar todo lo vendimiable para después no saber qué hacer con el producto transformado en vino… y toda una serie de errores históricos que seguimos manteniendo)”.

Concreta que “al final, nosotros no nos identificamos en el mundo comercial como un país del vino y de la comida, sino como un país del turismo, de los toros, de la fiesta y lo festivo; y eso… nada tiene que ver con el vino”.

Para contrarrestar estas situaciones, Peñín aconseja “evitar las individualidades a las que son tan dados los españoles; intentar unir a todos, haciendo consorcios de ‘bodegas amigas’ y vender juntos, con ilusión, como si esas bodegas fueran una sola, que cada uno venda su vino y el del amigo con el mismo afán… eso lo hacen los italianos muy bien, pero los españoles no lo hacemos, aquí cada cual va por su lado: al final ‘nos encogemos’, tenemos el problema de los idiomas, nos desenvolvemos peor en el concierto mundial de las conexiones comerciales, somos impacientes (en el sentido de que vendemos bajando el precio en lugar de defender el producto, etc. y esto, al final, nos coloca como segundo país exportador de vino a granel y el octavo o noveno en prestigio”. Poniendo un ejemplo, afirma que “un comprador americano pone más atención probablemente a un vino francés, italiano, argentino o australiano que al vino español”.

“Si ‘Mancha’ vende lo que vende, no lo venderá por una calidad, sino posiblemente porque lo haga unos céntimos más barato, éste es el problema”

¿Darse a conocer (como marca) en el mercado mundial y de ser fácilmente distinguible, se complica cuando en una sola región cómo ésta, la castellano-manchega, hay nueve Denominaciones de Origen, Vinos de la Tierra, ocho Pagos…? “Yo creo que no -responde-; en primer lugar, porque el mercado ya no está por la vía de los territorios, no está sensibilizado por dónde está o dónde Manchuela, dónde Ribera del Júcar… no; se centra, sencillamente, en dónde está España, cuál es el vino de España; y, en segundo lugar, por las variedades”.

Sobre esto último, afirma que “desgraciadamente, La Mancha es conocida (entre comillas) en el mundo, pero con una de las variedades que más se produce en él (la Airén), lo que es un contrasentido porque resulta que tenemos la variedad que (si mal no recuerdo) más abunda en el mundo y tenemos una zona (La Mancha) que lo que tenía que hacer es vender vino como gran territorio, vino de lineal, ser líder en la venta de vinos en grandes superficies… yo también alabo esa actitud, lo que pasa es que tampoco estamos en ese camino; y si Mancha vende lo que vende, no lo venderá por una calidad, sino posiblemente porque lo haga unos céntimos más barato, éste es el problema”.

Al hilo de esto, explica que “si tú vendes un vino barato, te lo compran, pero ¿el año próximo serás capaz de mantener ese precio si la cosecha ha sido más corta? lo veo muy difícil: lo más seguro es que subas el precio y, al final, pierdas el cliente; éste es el problema que, en general, se nos presenta en nuestro comercio: que no existe un colchón de beneficio suficiente para poder absorber la quebrada de los precios de las uvas (que, como todos sabemos, son diferentes, son distintas de un año a otro según la cosecha)”.

“Es muy probable que ahora haya más consumidores de vino que antes, la única diferencia es que ha dejado de ser un producto necesario que se bebe a diario”

Aunque algunos expertos del sector apuntan a la necesidad de acercar la ‘cultura del vino’ a los jóvenes como uno de los mecanismos de incremento de los bajos niveles de consumo de vino en nuestro país, José Peñín asegura que “tampoco debemos ‘comernos el coco’ en torno a que los jóvenes conozcan el vino… ellos ya entrarán; el vino nunca entra como un producto de grandes masas, eso era hasta hace veinte años (cuando el vino era un producto de primera necesidad y un producto alimentario como el pan, la sal, el aceite…), pero eso ya no es, el vino ha dejado su valor alimentario para pasar a tener un valor lúdico”.

Es por eso por lo que afirma que “ha aparecido un nuevo consumidor: el consumidor ocasional (frente al consumidor alimentario, que está cayendo en picado, sencillamente porque el vino ya no es la única bebida para beber y, además, se ha perdido una costumbre que mantenía vivo el consumo de vino (que era la Gaseosa, ‘el calzador’ que hacía a todo el mundo beber vino en tiempos pasados y que ya no se utiliza)”.

Añade que “estamos ante un cambio de ciclo: en los países no consumidores de vino cotidianamente, es decir, donde no consideran el vino un alimento (los , Inglaterra, etc.) el consumo está subiendo; todo esto seguramente va a derivar en que el consumo ocasional sea el que siga aumentando (pero claro, la suma de todos esos miles de tragos ‘ocasionales’ de vino aún suponen menos cantidad que la que en el pasado bebía menos gente pero de manera diaria…); tengo casi la total seguridad de que hay más consumidores que antes, la única diferencia es que el vino ha dejado de ser un producto necesario y de consumo diario para la mayor parte de la gente pasando a ser ocasional, casi ‘un pequeño lujo’ al alcance de todos”, concluye.

Hasta aquí la transcripción de la entrevista telefónica concedida por José Peñín, uno de los periodistas y escritores más experimentado de nuestro país en materia vitivinícola, al Grupo Multimedia de Comunicación La Cerca. Pueden escucharla al completo, si lo desean, mediante el archivo de audio que acompaña a este texto.