Etapa 6: Lagunas de Peña Hueca - El Toboso

Esta es una etapa larga, de 58 Kilómetros, en la que partiendo de las lagunas de Peña Hueca, en las que podemos bañarnos, nos adentraremos en las lagunas de Villafranca, visitando las localidades de Villafranca de los Caballeros, Alcázar de San Juan, y pasaremos de nuevo por Campo de Criptana y El Toboso, que ya fueron objeto de visita en números anteriores de la revista La Cerca. El camino no ofrece grandes dificultades.

Peña Hueca es una laguna hipersalina de origen endorreico, muy estacional. Desde el punto de vista limnológico, es un tipo de laguna muy raro en España y tiene un gran interés, ya que presenta precipitación diferencial de varios tipos de sales y posee un tapete bacteriano en el fondo representativo de la era Precámbrica (inicios de la vida en la tierra), con algas cianofíceas que realizan fotosíntesis del azufre en lugar del carbono. Se trata de un tipo de ecosistema representativo de cómo era la vida en la tierra hace más de 600 millones de años.

Alrededor de Peña Hueca encontramos la típica vegetación de los saladares manchegos, con especies como orla de “albardinar salino” y varias especies del género “limonium” (acelga salada).

Entre la avifauna de esta laguna hay que destacar la presencia de la “pagaza piconegra”, una especie que cría en Peña Hueca y está clasificada como vulnerable en el Catálogo regional de Especies Amenazadas. También, podemos encontrar la presencia de aves esteparias como la “canastera”, el “sisón” y la “ganga”.

Villafranca de los Caballeros

Continuando nuestra ruta, y tras pasar por una antigua finca abandonada llamada Corrales de la Coja, llegamos a las Lagunas de Villafranca, que forman parte de la historia de esta localidad toledana. Se tiene constancia de que en el año 1786 la finca estaba vinculada a los descendientes del infante Gabriel Antonio de Borbón, hijo del rey Carlos III, pasando a distintos descendientes de éste hasta llegar a doña María Cristina de Borbón Muguiro, quien en 1926 la vendió a don Francisco de Paula, vecino de La Solana. En 1927 fue adquirida por el Ayuntamiento de Villafranca. El 13 de Diciembre de 1988, la Junta de Comunidades de CLM declara como refugio de caza las Lagunas Grande y Chica, reconociendo así su gran valor ecológico. Durante 1993 y 1994, las lagunas se secan al no correr el río Cigüela que es el que alimenta a dichas lagunas. En 1995, en el mes de enero, el río corre de forma natural y se inicia el llenado de las lagunas.

Los primeros pobladores de Villafranca fueron los íberos, celtas y celtíberos, como lo demuestran las excavaciones realizadas en el yacimiento ibérico del Palomar del Pintado, cuya antigüedad data de los siglos VII y VI antes de Cristo. Bajo la denominación romana se asentaron, en el río Amarguillo, los primeros pobladores. Allí crearon moradas y huertas que pasarían después a los godos, pasando más tarde a ser propiedad del célebre conde don Julián, en el siglo VIII, momento en que los árabes invadieron estas tierras. Tras la conquista de Toledo a los árabes por Alfonso VI en 1085, se recupera Consuegra y Villafranca pasa a depender de ésta, que era sede de los Caballeros de la Orden de San Juan, pasando el pueblo a llamarse Villafranca de los Caballeros.

Patrimonio

Iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción. Originaria del siglo XIII, fue reformada posteriormente en los siglos XVI y XVIII. Cuenta con una planta de cruz latina de tres naves separadas por tres pares de columnas. A ellas se sujetan arcos de medio punto con capiteles de base octogonal de estilo gótico decadente, siglo XVI. En la base central destaca la bóveda de crucería gótica y la pila bautismal del siglo XV en piedra porosa. Como tesoro guarda una custodia neogótica de plata.

Ermita del Santo Cristo de Santa Ana. Se encuentra asentada sobre la primitiva ermita dedicada a Santa Ana. La obra actual es de principios del siglo XVII, aunque como elemento más relevante se encuentra su decoración naturalista barroca de principios del siglo XVIII, que es la más impresionante de La Mancha en su estilo. Planta de cruz latina de tres naves, separadas por pilares de piedra que sujetan arcos de medio punto. La nave central está cubierta por una bóveda de cañón con lunetas, y las laterales, en cada uno de sus tramos, por bóvedas de arista. Destaca sobremanera la decoración de la cúpula y el crucero, así como su magnífico retablo de madera noble sobredorada, del siglo XVIII.

Ermita de San Antón. Ermita de una nave, con capilla mayor cuadrada y porche cerrado a los pies.

Originaria del siglo XVIII, presenta una nave cubierta por artesonado de parhilera con limas. El presbiterio se cubre con una cúpula de media naranja y el altar está presidido por la imagen de San Antonio Abad. Ermitas de los Santos Viejos. Las ermitas no poseen un gran valor artístico pero gozan de una gran consideración popular. La de San Sebastián es del siglo XVIII, muy reformada, mientras que las de San Marcos, San Isidro, San Cristóbal y San Blas son de arquitectura tradicional.

Escudos y otros monumentos de interés. Si bien Villafranca no conserva muchas casas solariegas, podemos contemplar todavía dos escudos en piedra en la antigua casa de “Los Galipos” y en la calle Cervantes con blasón familiar. También es muy representativa la pintura al temple del “Cristo de Zalamea”, del siglo XVI, ubicada en la calle “La Parra”. Todavía se conservan elementos de la arquitectura popular como patios corredores y columnas de piedra de los siglos XVI y XVIII; así como antiguos portalones, bodegas, cuevas y fachadas de añil y blanco muy singulares.

Alcázar de San Juan

Partimos de Villafranca de los Caballeros adentrándonos en un ramal entre la Laguna Grande y la Laguna Chica, por una zona de pinos exclusiva para caminantes. En el kilómetro 9 llegamos a la ermita de San Cristóbal, con una pequeña arboleda y bancos. A partir de ahí el camino continúa asfaltado. Siguiendo nuestra ruta se pasa junto a la pequeña laguna de la Sal y continuamos por una zona de humedales junto al río Cigüela. En el kilómetro 14 hay un enlace con el tramo 8 de la Ruta del Don Quijote.

Complejo Lagunar de Alcázar

En el kilómetro 16,5 entramos en la reserva natural de las lagunas de las Yeguas. La Reserva Natural está formada por tres lagunas: laguna del Camino de Villafranca, laguna de las Yeguas y laguna de la Veguilla. El paisaje está integrado por lagunas de carácter estacional. Respecto a las formaciones lagunares, con una importante flora y fauna, podemos decir que existe entre ellas una fuerte disimetría.

El Decreto 214/1999, de 19 de octubre, declara Reserva Natural al Complejo Lagunas de Alcázar de San Juan. Refugio de Fauna. Zona de Especial Protección para las Aves, ZEPA. Reserva de la Biosfera de la Mancha Húmeda, UNESCO. Humedal de Importancia Internacional, RAMSAR.

Una vez rodeada la reserva natural llegamos a Alcázar de San Juan (Ciudad Real), importante ciudad, centro neurálgico y clave socio-económica de la comarca del Campo de San Juan.

Es la antigua Alces, celtíbera, y luego Alcas, romana, citada por Tito Livio y en el Itinerario de Antonio, en la calzada que iba de Mérida a Zaragoza. Su origen pudo ser la villa romana (situada junto a Santa María) que ha proporcionado los vistosos mosaicos hallados en 1952, actualmente conservados en el Museo de fray Juan de Cobos en la localidad. De la Edad de Bronce se han hallado restos en los yacimientos del cerro de Martín Juan, la motilla de la Casa de Pedro Alonso y la motilla de los Romeros. En época árabe recibirá el nombre de Alcázar (palacio o plaza fuerte), pero sus habitantes eran escasos cuando los comendadores de la Orden de San Juan de Jerusalén la adquirieron y repoblaron, dependiendo de Consuegra, hasta que en 1292 Sancho IV le concedió el título de Villa.

Alcázar de San Juan se disputa con Alcalá de Henares su condición de lugar natal de Cervantes. En 1748 se descubrió en los archivos de la iglesia parroquial de Santa María una partida de bautismo a nombre de un tal Miguel de Cervantes Saavedra; esto, unido al gran conocimiento que Cervantes tenía de esta localidad, avalaría esta hipótesis.

El crecimiento moderno de esta ciudad de 27.250 habitantes está ligado a la construcción, en 1854, del ferrocarril, convirtiéndola en el principal nudo de vías férreas creado al sur de Madrid, que enlaza con ésta el oeste de España y toda la provincia de Ciudad Real.

Su economía es esencialmente agrícola. Su término municipal es un auténtico “Mar de Viñedos”. La cultura, el paisaje y el urbanismo se han desarrollado teniendo como denominador común la vid. Actualmente encontramos bodegas artesanales, tanto en el interior de la población como en casas de labranza, y bodegas y cooperativas de grandes dimensiones y alta tecnología. En Alcázar se encuentra la sede del C.R.D.O. La Mancha.

En la actualidad ha experimentado un gran crecimiento industrial y comercial, con una animada vida cultural (teatro, danza, música, certámenes literarios y exposiciones).

Patrimonio

Iglesia de Santa Quiteria. Construida a principios del siglo XVII por Sebastián Argüello, con planos de Juan Herrera. Es de estilo barroco clasicista. Ha sido declarada Monumento en el año 1988.

Iglesia de Santa María la Mayor. La iglesia de Santa María era parroquia en 1226, pero sus orígenes son anteriores. En la planta se refleja todavía el estilo románico del que aún persiste el ábside semicircular exterior, transformado interiormente en época barroca. Destaca en su interior el camarín de la Virgen, obra barroca terminada en 1742, con cúpula escalonada sobre pechinas decoradas en yesera y azulejos.

En ella se venera la imagen de la patrona de Alcázar. Conserva importantes lienzos y retablos barrocos. El palacio del Gran Prior de los hospitalarios formaba conjunto arquitectónico con Santa María. Declarada de interés cultural.

Torreón del Gran Prior de los Hospitalarios. Conocido también como Torreón de don Juan de Austria. De origen árabe, fue restaurado en el siglo XVII. Formaba parte del recinto amurallado de la ciudad. Es una torre de dos cuerpos rematada por almenas aunque en su interior alberga tres plantas. En la segunda planta se encuentra una exposición permanente de pintura. Los vanos del cuerpo superior son góticos.

Junto con la capilla palacial, son los únicos restos arquitectónicos que se conservan del antiguo palacio del Gran Prior.

Iglesia de San Francisco. Edificada en el primer tercio del siglo XVI, en el año 1532, es de estilo gótico de transición.

Convento de Santa Clara o de la Concepción. Construido en el siglo XVI, ha sido restaurado recientemente con fines culturales. Fue declarado Monumento Histórico Artístico en 1982.

Iglesia de la Santísima Trinidad. Inaugurada en 1635 y acabada en 1725. Muy interesante es su gran portada barroca. El interior es de tres naves con decoración de rocallas que supone el inicio de la decoración rococó en la provincia. Se venera la imagen de Jesús de Nazareno, tallada por la escuela de imagineros de Murcia, que lleva una valiosa túnica donada por Isabel II.

Plaza de toros. Alberga las dependencias del Museo Taurino.

Estación del ferrocarril. Cuando se inauguró la estación de ferrocarril, solamente existía un edificio de una sola planta. En 1861 se amplía para abrir un café-fonda. El viajero o visitante no debe dejar de conocer la actual Fonda de la Estación en la que se exponen diversos objetos antiguos ferroviarios (Museo Ferroviario), así como un zócalo de azulejería sevillana de la I República que refleja pasajes de “El Quijote”.

En el interior de los andenes se encuentra un mural de grandes dimensiones, obra del pintor Emilio Zaldívar.

Ayuntamiento. Es un edificio del siglo XIX que fue Casino, en principio. Después, en 1928, se convirtió en Casa Consistorial. Es de estilo neoclásico modernista. Destaca en él su gran fachada principal y en el interior su escalera de mármol, así como la decoración de yeserías en paredes y techos.

Cubillo. Restos arquitectónicos de la primera muralla.

Pasaje. Edificio Comercial del primer tercio del siglo XX de estilo modernista. En él se encuentran las oficinas de la Federación Regional de Artesanos, FRACAMAN.

Posada de Santo Domingo. Antigua casa señorial del XVI. La puerta principal está rematada con un gran escudo. Alberga el Museo Municipal.

Molinos de Viento. Bien conservados y cargados de recuerdos cervantinos. De los quince que existían, actualmente se conservan cuatro en muy buen estado.

Desde Alcázar de San Juan partimos hacia Campo de Criptana, cuyos molinos divisamos a lo lejos. De Campo de Criptana hablamos extensamente en el nº 61 de La Cerca dentro de la etapa (Villacañas-Campo de Criptana) y desde allí, por un camino flanqueado de cipreses, partimos hacía El Toboso, no sin antes visitar la Ermita de la Virgen de Criptana. A la visita de El Toboso hay que dedicarle mucho tiempo para impregnarse del espíritu cervantino que en ella se respira: sus calles, instituciones, negocios y rótulos son un permanente recuerdo de “El Quijote” y sus personajes. A esta ciudad Cervantes la convirtió en un lugar legendario cuando situó en ella a Dulcinea, el ideal femenino que inspira todas las hazañas de Don Quijote. Del Toboso pueden encontrar amplia información en la revista La Cerca número 55, en el tramo 2 de San Clemente-Villanueva de los Infantes.

Etapa 7: Quintanar de la Orden - Belmonte

Esta etapa discurre por la plena llanura manchega, en una zona poblada de extensos viñedos. La visita a El Toboso nos mete de lleno en el alma de Don Quijote. Otro hito importante son los molinos de Mota del Cuervo. El camino trascurre prácticamente en llano y sin ninguna dificultad. Es apropiado para cicloturistas. En esta etapa visitaremos Quintanar de la Orden, Miguel Esteban, El Toboso, Mota del Cuervo, Monreal del Llano y Belmonte.

Quintanar de la Orden

Iniciamos esta etapa en Quintanar de la Orden (Toledo), villa llamada inicialmente Quintanar de la Encina. En su término se ha encontrado el “Ídolo del Pradillo”, pequeña representación celtíbera. Sus orígenes se hacen patentes a partir del siglo XII con la repoblación de un pequeño asentamiento musulmán por los mozárabes toledanos, con los privilegios dados por la Orden de Santiago, desde Uclés.

Alfonso XI le dio la Carta de Privilegio en 1318, su hijo bastardo don Fabrique otorgó los Fueros en 1344 y fundó el Común de la Mancha, del que Quintanar fue su capital.

En la Guerra de la Independencia los franceses tomaron y saquearon la población y estuvieron en ella de 1808 a 1812. Durante la Primera Guerra Carlista, los quintanareños resisten el ataque de las tropas adelantadas de Cabrera y no es tomada, por lo que la Villa recibe el título de Muy Leal Villa en 1836, otorgado por Isabel II.

A finales del siglo XIX y principios del XX, tiene un resurgir industrial notable, destacando los arrieros, que llevaron los productos manchegos a todos los rincones de España; utilizaban éstos una jerga especial denominada CALÓ, y a ellos se les dedica la llamada Plaza de los Carros. Es importante nudo de comunicaciones desde que por aquí pasase el Camino Real de Carlos III.

Quintanar tiene su Feria y Fiestas dedicadas a la Virgen de la Piedad en agosto, celebrando las Fiestas del Cristo en septiembre. Es pueblo trabajador, pero también festivo, con unos animados Carnavales, una Semana Santa con muchas cofradías y artísticos pasos, unas fiestas populares de San Sebastián y San Antón, con hogueras delante de sus antiguas ermitas, la romería de San Isidro en una pradera con álamos, fiestas de la Virgen del Carmen en el Toledillo, actos de San Cristóbal y unas nuevas fiestas de Moros y Cristianos celebrándose en San Juan, casi únicas de Toledo.

Patrimonio

Iglesia de Santiago de la Espada, del siglo XVI y de estilo gótico tardío, se compone de tres naves y torre de planta cuadrada de sillería y mampostería, en cuatro cuerpos, provista de salientes y lisas gárgolas.

Casa del Virrey o Casa de Piedra. Construida por don Pedro de Rada en el Camino Real, actualmente calle Reina Amalia. En la fachada se aprecian dos escudos de armas. Este edificio del siglo XVII es el más emblemático de la villa.

El Rollo, situado ahora frente a la ermita de Santa Ana, indica que fue cabeza de Gobernación y Justicia Mayor.

Ermita de la Virgen. Levantada en el lugar que ocupó un antiguo humilladero dedicado a San Ildefonso, según cuenta la tradición, lugar en el que fue encontrada la imagen de la Virgen en 1365.

Ermita de San Antón. Antigua Ermita de San Blas (siglo XV). Conserva un buen artesonado.

Ermita de la Virgen de la Piedad. Patrona de la villa. Edificio del siglo XVIII que muestra una airosa torre con capitel, en cuyo interior se encuentra un Vía Crucis del ceramista Ruiz de Luna.

Se encuentran en Quintanar de la Orden otras ermitas dedicadas a San Isidro, San Juan y Santa Ana. Otros edificios de interés en la localidad, construidos a principios del siglo XX son el Ayuntamiento, las escuelas de Colón, el convento de los Padres Franciscanos, el convento de las Madres Trinitarias y la Plaza de Toros.

Miguel Esteban

Partimos de Quintanar de la Orden desde la Ermita de Santa Ana, por un camino llano y sin dificultades, atravesando campos de cultivo. En el km 8,5 llegamos a Miguel Esteban (Toledo), población de 5.250 habitantes que probablemente estuviera poblada en época romana, por los vestigios encontrados, sobre todo monedas. Su torreón pudiera ser medieval, de origen árabe. Los orígenes reales del pueblo no se marcan hasta que Alfonso VI anexionó La Mancha, la cual donó al Maestre de la Orden de Santiago del Castillo de Uclés. La Orden pleiteó con la de San Juan por cuestión de lindes y ese documento del pleito nos hace saber que Miguel Esteban ya es conocido con ese nombre en 1224, año en que también se hace villa. A mediados del siglo XVI era un modesto caserío. Perteneció al Priorato de Uclés y a la jurisdicción de Quintanar de la Orden.

Patrimonio

Iglesia de San Andrés. Construcción del siglo VIII de estilo plateresco que cuenta con tres naves, de las que las naves laterales son de época posterior.

Ermita de San Isidro. Construida en el siglo XX es de estilo popular, cuadrada, de reducidas dimensiones, encalada con cielo raso en el interior y cubierta curva al exterior.

Espacios naturales

En el término de Miguel Esteban se encuentran ‘Los Charcones’, Reserva Ornitológica y Aula de Naturaleza. Espacio natural constituido por varias lagunas de origen endorreico, cuyo principal aporte hídrico son las aguas residuales del municipio, depuradas por sistema de lagunaje. Recibieron el Premio Nacional de Medio Ambiente en 1997. Refugio de caza, declarado previo informe de SEO/BirdLife.

Situado frente a la reserva, en el Cerro de San Isidro, se encuentran unos molinos de viento de reciente construcción y la ermita de San Isidro.

El Toboso

Salimos de Miguel Esteban junto a una pequeña laguna poblada de aves acuáticas. El camino es llano, y cruzando un gran viñedo, a unos 16 kilómetros, llegamos de nuevo a la cuna de Dulcinea, El Toboso. Esta población, tan representativa de “El Quijote”, ya ha sido descrita con anterioridad desde estas páginas de la revista La Cerca, pero no podemos dejar de resaltar la gran cantidad de museos dedicados a la obra universal de “El Quijote” que en ella se encuentran.

Mota del Cuervo

Partimos de El Toboso desde el cementerio municipal, donde encontramos una bifurcación de caminos, uno nos lleva a Campo de Criptana (Etapa 6) y el otro es el inicio del tramo 2.

Seguimos cruzando este mar de viñedos por un camino totalmente llano y en el kilómetro 27 llegamos a Mota del Cuervo (Cuenca).

El carácter del terreno hizo que los pueblos prehistóricos no se asentaran en la zona, ya que no hay refugios naturales fácilmente protegibles, por lo que era una tierra de paso. En La Mancha, pocos son los restos del Paleolítico que se pueden encontrar. Los más significativos son a partir de finales del Neolítico, (2000 años antes de Cristo).

Quizá fue en estas latitudes donde se unían los pueblos íbero y celtíbero. El pueblo celtíbero fue base de otro pueblo: “los Olcades”, que procedían del norte y que poco a poco fueron empujados por los Lobetanos, bajando por el cauce del río Záncara.

Sobre Mota del Cuervo, los datos más antiguos nos llegan de 1325 a 1350. Tiene su origen en el Pozo de la Aldea expansionándose luego hacia el norte, en dirección a la sierra.

En Mota convivían varias razas: judíos, moriscos, cristianos…

En tiempos de Alfonso VIII, conquistador de Cuenca, este territorio era puesto fronterizo entre moros y cristianos.

Mota del Cuervo perteneció a la Orden de Santiago, siendo esta Orden militar la que tuvo fuerza político-civil-religiosa sobre el pueblo, como se puede apreciar en varios edificios de la localidad. Pasó a depender de Cuenca después de la extinción de la Orden militar de Santiago.

En el pueblo estuvo instalada la Casa de la Inquisición y un convento de los P. P. Trinitarios.

En el extremo suroeste de Cuenca, en el corazón de La Mancha, la villa santiaguista de Mota del Cuervo es un excelente ejemplo urbanístico de la comarca, a pesar del progreso industrial y comercial de los últimos años.

Extendida suavemente por la loma de un cerro que se desliza hacia la llanura, Mota del Cuervo posee un interesante núcleo de casonas señoriales, de los siglos XVII, XVIII y XIX, en las que destacan portalones, rejas y escudos. El eje que forman las plazas de Cervantes y del Ayuntamiento ofrece una buena síntesis arquitectónica.

En Mota del Cuervo, además, se mantiene en vigor una peculiar Alfarería y se pueden visitar sus modernas y prestigiosas bodegas de vino.

Patrimonio

Entre los edificios públicos, además del señalado Ayuntamiento, destacan, por su singularidad, el antiguo Hospital de Pobres (siglos XV-XVII), utilizado como almacén municipal y el Pósito, importante edificio del siglo XV, exento, de planta rectangular y construcción de mampostería con sillares en las esquinas y cubiertas a cuatro aguas. Actualmente está siendo remodelado para ubicar el Centro de Interpretación Turística.

Cuenta la localidad con varias ermitas y edificios religiosos como la ermita de San Sebastián, en plena calle Mayor, de 1575. Fue hospital de clérigos y frailes. La ermita de Santa Ana, en la carretera de Quintanar, del siglo XVI, de planta de cruz latina, bóveda de cañón, crucero con cúpula de media naranja, campanil y humilladero. La ermita de Santa Rita, en la plaza Ruiz Jarabo, de los años cincuenta. La ermita de Nuestra Señora de Manjavacas, en la carretera de Las Mesas. La ermita de Nuestra Señora del Valle, fuera del casco urbano, de 1575. El Convento de Trinitarios, en la plaza del Verdinal, de los siglos XVI y XVII. Se dice que Cervantes estuvo aquí algún tiempo. Fue hospital de clérigos y frailes. En la fachada hay tres cruces de Malta. Pero sin duda, el más importante es la Iglesia parroquial de San Miguel Arcángel, construido entre los siglos XV y XVI, cuenta con tres naves, cada una de tres tramos. Coro en los pies y ábside con dos capillas en el cabecero. Dos portadas de acceso, la sur en estilo dórico con frontón y bolas típicas herrerianas, y delante el “pretil”, un cercado con fuerte antepecho con bolos. Tiene varias capillas, la del Bautismo, que contiene una pila barroca; la capilla del Santísimo; la capilla de la Soledad; la de Jesús Nazareno y la capilla del Cristo de la Columna. Fue declarada Bien de Interés Cultural con la categoría de Monumento en 1990.

Pero el elemento más llamativo y singular de Mota del Cuervo es el grupo de molinos de viento que existe sobre la cumbre del cerro. Son siete, de los que sólo uno tiene raíces de autenticidad, puesto que los demás se construyeron modernamente, siguiendo el esquema tradicional, aunque con destino cultural y artístico. El abandono de la idea inicial frustró aquel propósito, que ahora se encuentra en trance de recuperación, habiendo continuado la restauración de este bellísimo conjunto. Actualmente, se ha recuperado uno de ellos, con maquinaria de antiguos molinos, poniendo de vez en cuando sus aspas en marcha para deleite de propios y extraños.

Espacios naturales

El río Záncara transcurre por su límite sur, acompañado de su afluente el Saona. También hacia el sur, se encuentra el conjunto lagunar formado por Manjavacas, Sánchez – Gómez, La Dehesilla, Alcahozo, Melgarejo y Navalengua. Este magnífico conjunto de lagunas, además de su interés paisajístico, supone la estación de descanso, alimento y nidificación para numerosas aves.

La existencia de biotopos de gran interés, permite el mantenimiento de una variada fauna que encuentra en ellos sus lugares de refugio y alimento, permanentes o estacionales.

Por su importancia internacional, destaca la Laguna de Manjavacas, que alberga grandes concentraciones reproductoras de zampullín cuellinegro, fochas y pato colorado, limícolas como la canastera y la cigüeñuela, o invernantes como el ánade real, la cerceta común y la grulla. También podemos encontrar garzas imperiales, aguiluchos laguneros, polluelas, fumareles e incluso flamencos. Y en el entorno de los humedales se dan importantes poblaciones de aves esteparias como la avutarda, el cernícalo primilla y el alcaraván.

En la mayor parte del territorio, la vegetación natural ha sido sustituida por los terrenos cultivados (cereal, viña, ajos y olivar), quedando sólo remanentes de la vegetación original, que se presentan transformados en estados de aprovechamiento extensivo de dehesas. Se conservan algunas masas de encinar milenaria (llamada “Carrasca grande”), ejemplar aislado situado al suroeste del término, verdadero monumento natural.

Monreal del Llano

El camino que nos conduce a Monreal del Llano va en paralelo a la N-420, atravesando campos de olivares, trigo, cebada, extensos viñedos y, sobre todo, grandes extensiones de girasoles. Después se adentra en una zona de monte bajo poblado por encinas y arbustos donde abunda la caza menor. En el kilómetro 41 inicia una leve subida hacia el cerro de San Benito, donde a través de una pequeña vereda accedemos a la ermita de San Benito. Un kilómetro más, y llegamos a Monreal del Llano.

Monreal del Llano es un pequeño municipio de la provincia de Cuenca. Sus 86 habitantes se dedican principalmente a la agricultura. Posee una rica gastronomía como son unas gachas típicas de Monreal del Llano, judías con perdiz, chorizos, pollo, conejo y el ajo calote, típico de Monreal.

De su patrimonio destaca la Iglesia parroquial de la Asunción, del siglo XV, y la Ermita de San Benito, patrón de la localidad que celebra sus fiestas en el mes de marzo.

Belmonte

Desde Monreal del Campo se avista, al fondo, el magnífico castillo de Belmonte, localidad a la que se llega por un camino llano y sin dificultades. Belmonte es un conjunto monumental de enorme magnitud, que conserva importantes edificios civiles y religiosos, además de un impresionante recinto defensivo compuesto por castillo, murallas y puertas.

Patria de fray Luis de León, la Villa de Belmonte fue donada por Fernando III a su hijo el Infante Don Manuel, heredándola después su hijo don Juan Manuel que allí construyó, en 1323, su palacio residencial, hoy en ruinas. En 1371 Pedro I incorporó la villa a la Corona Real independizándola de Alarcón, pero en 1398, Enrique III, dona la villa a don Juan Fernández Pacheco, oriundo de Santarén (Portugal), primer señor de Belmonte. Según un documento fechado el 12 de octubre de 1456, don Juan Pacheco, primer marqués del marquesado de Villena, ordenó construir una fortaleza o castillo en lo alto del cerro de San Cristóbal y una muralla o cerca de cal y canto que rodease la villa hasta el castillo, cuya tercera parte sería costeada por el marqués y el resto por sus vasallos, los vecinos de Belmonte.

En 1467 la villa de Belmonte pasa a pertenecer al heredero del marquesado de Villena don Diego López Pacheco, hijo de don Juan Pacheco y segundo Marqués de Villena quien, al igual que su padre, tomó partido por la Beltraneja a la que pretendían legitimar como reina de Castilla enfrentándose contra los Reyes Católicos quienes, tras la batalla de Toro librada en 1476, le arrebataron todas sus posesiones y le obligaron a jurarles fidelidad e incorporaron nuevamente la villa de Belmonte a la Corona, declarándola villa independiente. A principios del siglo XIX, durante la invasión francesa, Belmonte tuvo gran relevancia por utilizarse el castillo como cárcel francesa y fue heredado a finales de siglo por Eugenia de Montijo, emperatriz de Francia por consorte de Napoleón III, al morir el emperador.

Patrimonio

Iglesia colegial de San Bartolomé. Conocida como “La Colegiata”, se levantaba sobre la original parroquia visigótica y reedificada en tiempos de don Juan Pacheco. Su construcción abarca desde el siglo XV al XVII. En el altar mayor se encuentran los sepulcros de alabastro de los marqueses de Villena. También se encuentra en ella la pila donde fue bautizado fray Luis de León. Una de las maravillas de La Colegiata es el Coro, tallado para la Catedral de Cuenca y trasladado a Belmonte en el siglo XVIII. Entre las joyas de la Colegiata destaca el retablo pintado sobre tabla de estilo flamenco, atribuido a Juan de Borgoña y fechado en 1522.

Castillo. Construido en 1470 por el Marqués de Villena, de estilo gótico, mudéjar, plateresco y gótico arábigo. El Castillo se compone de un cuerpo principal y de una barrera o muralla exterior que le ciñe por completo y de la que, por ambos lados, arrancan y descienden las murallas de la villa. El Castillo fue objeto de una restauración importante por orden de la Emperatriz Eugenia de Montijo, condesa de Teba y esposa de Napoleón III en el año 1857. Fue declarado Monumento en 1932. Tiene dos recintos: el exterior, de forma pentagonal, se une con las murallas que bajan hacía la población, tiene al vértice la puerta exterior, de portada gótica y baluartes laterales, y, aproximadamente en el otro extremo del recinto, otra puerta o puerta falsa, también con baluartes, que relaciona el castillo con el pueblo; el recinto interior es el castillo propiamente dicho, de forma triangular, formado por tres cuerpos rectangulares adosados por los vértices, con dos cuerpos edificados y el tercero con la torre del homenaje, y cada vértice está reforzado con una torre, seis en total, de forma circular. El interior del recinto, igual que las fachadas interiores, conserva en habitaciones, galerías, capilla, arcos…, obras originales y otras reformadas en el sigo XIX en estilo neogótico.

Palacio de Don Juan Manuel. Fue construido hacia 1323. Contó con un espléndido claustro. De él partían las murallas que rodeaban toda la población. En la actualidad el palacio está siendo reconstruido por escuelas-taller.

Convento de las Madres Concepcionistas. Fue Casa de la Inquisición, conserva la portada del siglo XVII, con arco de medio punto rematado por frontón y partido por una hornacina.

Convento de los Padres Trinitarios. Es una construcción del siglo XV -reformada en el siglo XVII-, cuyo conjunto está formado por iglesia de cruz latina, con crucero y nave de cinco cuerpos, cubiertos por bóveda de cañón con lunetos y cúpula de media naranja con litera en el crucero. Hecha en estilo barroco, apilastrado, tiene cornisa continua y arcos formeros policromados.

El convento es de planta cuadrada, adosado a la iglesia por el sur, con un claustro cuadrado de tres plantas. El conjunto exterior es de gran volumen.

Hospital de San Andrés. Conserva la fachada del siglo XVI. Actualmente se encuentra en ruinas. Colegio de los Jesuitas. Del original edificio se conserva la fachada lateral y la de la iglesia.

El antiguo claustro está actualmente abierto y es una plaza de gran belleza. El conjunto está destinado a diversos usos municipales: cine, correos, biblioteca, etc.

Ermita de la Virgen de Gracia. Correspondiente al siglo XVII, representa un monumento de gran interés que merece la pena visitarse cuando se llega a Belmonte.

En el interior de esta ermita se encuentra una imagen gótica de la Virgen que tiene en sí misma un gran valor artístico.

Museos

En Belmonte encontramos tres museos: el de Fray Luis de León, con libros y objetos de la vida cotidiana de la época de fray Luis; el museo de las Cosas del Pueblo, etnográfico y objetos de labranza; y el museo de La Colegiata, con piezas de orfebrería, pintura, escultura y elementos de culto.