El tercer sector de la Ruta del Quijote nos conducirá hasta los límites de La Mancha, por las soledades de unas sierras que sirvieron al caballero Don Quijote como lugar de retiro y meditación de sus nuevas y temerarias empresas. Partiendo hacia el sur desde la monumental Villanueva de los Infantes, el camino desciende hasta el solitario castillo de Montizón, en el término de Villamanrique, que ofrece a quien quiera acercarse a sus murallas una bella panorámica del río Guadalén corriendo a sus pies, entre un espeso bosque mediterráneo, donde todavía campean el lince, el águila imperial y la cigüeña negra.
Después tomaremos rumbo norte hacia las interminables llanuras manchegas. Más adelante, encontramos dos opciones: hacia Santa Cruz de Mudela o Almuradiel. Otros conjuntos históricos de la zona son Moral de Calatrava y Viso del Marqués, donde se encuentra el impresionante palacio del primer Marqués de Santa Cruz, que pese a estar tan alejado del mar, sirve en la actualidad como Archivo Nacional de la Marina Española. Tras volver al ramal principal y cruzar el embalse de la Cabezuela, divisaremos Valdepeñas entre un mar de viñas. Allí resulta obligatorio visitar tanto la frescura de la iglesia de los Trinitarios como la de sus bodegas. Siguiendo siempre hacia el norte, no podremos evitar dar un buen paseo por la Plaza Mayor de San Carlos del Valle, donde el tiempo parece detenido.
Siguiendo el cauce del río Azuer, sembrado de molinos de agua, pronto llegaremos a Manzanares, antaño cruce de las cañadas de La Mesta y en la actualidad centro neurálgico de toda la comarca. Nos dirigimos después hacia el oeste hasta llegar a Almagro, conjunto histórico que cuenta, entre otros muchos puntos de interés, con su Plaza Mayor o el Corral de Comedias. El itinerario finaliza en el sacro convento-castillo de Calatrava la Nueva, en Aldea del Rey, desde donde divisaremos nuevamente las lejanías de Sierra Morena.
Mientras nos dejamos guiar por el río Jabalón, desde las rojizas tierras del Campo de Montiel, hasta el paisaje volcánico de Campo de Calatrava, nos podemos recrear con el paisaje limítrofe entre ambas comarcas, donde se gestan los orgullosos vinos que dan fama a Valdepeñas.
A causa de la actividad volcánica del Campo de Calatrava, las aguas subterráneas, ricas en hierro y manganeso, brotan cargadas de anhídrido carbónico, por lo que se denominan en la zona “Hervideros de agua agria”. En el pasado muchas de estas fuentes fueron aprovechadas para el establecimiento de balnearios. En el de Baños del Peral, al noreste de Valdepeñas, se ha acondicionado un Centro de Interpretación, que permite al visitante conocer sus propiedades terapéuticas y la naturaleza de la comarca.
Sobre los llanos que se extienden en torno a Valdepeñas, que en tiempos de Cervantes estaban cubiertos por un espeso bosque, se extienden en la actualidad más de 30.000 hectáreas dedicadas al cultivo de la vid.
Los cerros de escasa altura aún se encuentran cubiertos por manchas intactas de bosque mediterráneo, formadas por encinas centenarias, sabinas y quejigos. En ellos campea el azor y encuentran cobijo garduñas, lirones y jabalíes, junto a otras especies tan esquivas y emblemáticas como el lince ibérico, el águila imperial o la cigüeña negra, y abundante caza menor, las tan codiciadas liebres y las perdices rojas.
Hacia el norte, las dehesas y estepas de cereal dominan el paisaje, siendo el hábitat preferido del chorlito dorado, el avefría y el aguilucho pálido. Cerca de Valdepeñas, se encuentra el volcán Columba, uno de los más importantes ejemplos de volcanes fósiles de la comarca. En este tramo hasta Valenzuela, aparecen otras formas volcánicas de origen explosivo hoy inundadas, conocidas como mares.
Al llegar al Campo de Calatrava, se va reduciendo la presencia de viñedos, que empieza a alternarse ahora con olivares y parcelas de cereal, regadas mediante viejas norias tradicionales todavía en funcionamiento. Entre Granátula y Aldea del Rey se encuentra el embalse del río Jabalón, importante reserva de fauna y lugar frecuentado por pacientes pescadores.
En el calendario manchego resulta tan difícil encontrar un día en el que no se celebre alguna fiesta en uno de sus pueblos como no descubrir, en cada tramo del camino, las infinitas posibilidades de aventura que ofrece al viajero esta tierra. Puede que la primera y más importante del año sea la de las tradicionales hogueras que en honor a San Antón prenden los vecinos de Almuradiel.
El mes de julio está especialmente señalado en el calendario manchego, pues es cuando tiene lugar el Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro, que reparte sus funciones entre el Corral de Comedias y los edificios más notables de la ciudad. También, entre los días 16 al 24 de este mes, se celebra desde 1971 en Manzanares la Feria Regional de Muestras del Campo. Cada mes de agosto, Villanueva de los Infantes acoge el Certamen Internacional de Poesía dedicado a Francisco de Quevedo.
No menos concurrida está Valdepeñas en el mes de septiembre, cuando se celebra la Fiesta del Vino, consagrada a la Virgen de la Consolación, a quien se encomienda la buena marcha de la vendimia y se agradecen sus frutos.
Este tramo ofrece en su principio al viajero activo la posibilidad de disfrutar del senderismo en parajes naturales tan afortunados como los de la Sierra Lóbrega o Sierra Cambrón, cerca de Castellar de Santiago, donde probar los límites propios o los de la bicicleta de montaña o participar en alguna ruta a caballo por la zona y, acaso, sobrevolar Despeñaperros y Sierra Morena en globo aerostático. Una experiencia que no se olvida nunca.
Además del montañismo y la escalada libre en algunos lugares de la Sierra de San Andrés, el Embalse de la Cabezuela, cerca de Valdepeñas o el de la Vega del Jabalón, al sur de Almagro, resultan óptimos para el ejercicio de la vela, la canoa, el piragüismo o iniciación al buceo.
Extensas zonas de olivo y viñedo alternan con monte bajo muy espeso. La ruta cruza por los lugares de interés: el santuario de Nuestra Señora de la Antigua; el bien ordenado caserío de Almedina; Torre de Juan Abad, señorío que fue de Quevedo, o el evocador castillo de Montizón. Hasta este castillo, la etapa es apta para todo tipo de viajeros. Después, durante 20,5 km, hasta el mirador, el tramo es de alta dificultad por vía pecuaria entre montes, sólo apto para caminantes experimentados y jinetes.
En esta etapa visitaremos Villanueva de los Infantes, Almedina, Torre de Juan Abad y Castellar de Santiago, todas en Ciudad Real.
Iniciamos nuestra ruta en la monumental Villanueva de los Infantes, en la que visitaremos su plaza Mayor donde se encuentra el Ayuntamiento y la iglesia de San Andrés, y desde donde parten las principales calles de la localidad repletas de edificios de gran belleza.
No dudan la mayoría de cervantistas en situar en Villanueva de los Infantes la cuna de don Diego de Miranda, el Caballero del Verde Gabán, con quien don Quijote intercambiaba discusiones literarias y filosóficas.
Encontrarán amplia información de esta localidad en la revista número 56 de La Cerca.
Partimos de Villanueva de los Infantes por el camino de la Torre, llamado así por los restos de una torre de vigilancia que encontramos a un kilómetro de la localidad.
A unos cuatro kilómetros sale un desvió a la derecha que conduce al yacimiento arqueológico de Camila, en el que se pueden ver restos de la Edad Media. Este yacimiento se encuentra fuera de la ruta, pero está situado sólo a 1 kilómetro de distancia.
Siguiendo el camino de la Torre, llegamos al Santuario de Nuestra Señora de la Antigua. Desde él se vislumbra la vega del Jabalón en el Campo de Montiel. Un buen lugar para descansar antes de cruzar el arrollo Canillas por un pequeño puente de piedra.
En el kilómetro 14,4 está el desvió que conduce a Almedina, a 3,3 kilómetros del trazado principal. Esta población, de 742 habitantes, está situada en el corazón del Campo de Montiel, puerta de entrada a Sierra Morena. Su enclave estratégico lo sitúa en lo alto de un cerro desde donde se pueden divisar distintos paisajes, comprendidos entre llanuras rodeadas de olmos, donde se puede observar la erosión en su tierra arcillosa en las laderas y formaciones pétreas en las cumbres. En sus inmediaciones podemos visitar parajes de gran belleza como Los Barrancos, un paisaje semidesértico que contrasta con una gran alameda en su corazón; la Cabricería, desprendimiento de rocas y piedras que fueron aprovechadas para la instalación de una cantera romana. Allí se encuentran formaciones pétreas con distintas figuras que recuerdan a la Ciudad Encantada; El Calar de las Matillas, desde el que podemos observar una amplia panorámica del Campo de Montiel; y el Cerro de San Cristóbal con unas bellas panorámicas sobre el río Guadalén, Sierra Morena y la Sierra del Segura.
En esta localidad nació el pintor Fernando Yánez de la Almedina, discípulo de Leonardo da Vinci. Autor, entre otras obras, de la pintura de una de las capillas de la Catedral de Cuenca; del retrato de Santa Catalina de Alejandría, una de las figuras pintadas más bellas del Renacimiento español, conservada en el Museo del Prado; La Visitación, de la catedral de Valencia; y Virgen y niño con el infante San Juan, conservado en la Galería Nacional de Arte de Washington. De todas estas obras y alguna más podemos disfrutar paseando por las calles de Almedina, ya que se han realizado réplicas en mosaico que adornan sus fachadas.
En Almedina se celebra el Baile de las Ánimas, el 28 de diciembre. Una danza que data del siglo XIV y que ha pervivido hasta la actualidad. De interés son los Baños de Brochales, de aguas agrias.
Edificio del Ayuntamiento. Edificio del Siglo XVII, reformado entre los años 1998-2002. Casa solariega con dos plantas en torno a un patio central desde el cual se distribuyen las dependencias municipales.
Ermita de los Remedios. Es la única que se conserva de las ocho que rodeaban el pueblo de Almedina. De estilo románico-mudéjar, su interior envuelve al visitante por la simplicidad de su construcción. Conserva una pequeña cúpula con pinturas populares que datan de 1725.
Iglesia de Santa María. De origen románico, su construcción actual data del siglo XIV, aunque fue reconstruida en 1940. Antigua mezquita árabe en su asentamiento, consta de tres naves cubiertas por un único artesonado. Debido al terremoto de Lisboa de 1755, se puede apreciar en las dos columnas donde se encuentra el altar una ligera inclinación de las mismas. Destaca su torre octogonal.
Casa donde nació de Fernando Yáñez de la Almedina.
Fuente de Almedina. De origen románico y con modificaciones de la época árabe. Amurallada en su totalidad a través de un cerramiento rectangular, del que se conserva la muralla principal, por donde tres caños de hierro fundido vierten el agua a unos pilares destinados antiguamente como abrevaderos y al lavadero de ropa.
Huertos árabes. Construidos con sistemas de bancales o escalones, que permitían el cultivo de hortalizas y cereales. Se regaban mediante una alberca que recogía el agua sobrante de la fuente.
Casa de Fray Juan Muñoz de la Cueva, catedrático y obispo.
Torre de Juan Abad es un municipio situado en el sureste de la provincia de Ciudad Real. Está enclavada en el Campo de Montiel y limita por el Sur con las primeras estribaciones de Sierra Morena. Fue señorío de Francisco de Quevedo entre 1620 y 1645.
Riegan el municipio el río Jabalón y los arroyos afluentes del río Guadalén. Además, existen en la zona diversas fuentes naturales, que manan aguas potables y de buena calidad.
La vegetación más abundante son matorrales como tomillos, romeros, espliegos, salvia, jaras y retama. Además, existen árboles como coscojas y algunas encinas aisladas.
Respecto a la fauna, abundan especies de caza menor, como conejos, liebres, perdices, codornices, etc., y algunas de caza mayor como ciervos y jabalíes en la zona en que comienza la sierra.
En sus inmediaciones podemos encontrar parajes de gran belleza como el embalse de La Cabezuela, espacio protegido por su abundante fauna; paraje del Pilar, enclavado en la dehesa con fuentes, arboleda y zonas para comer; y dehesa Boyal, monte bajo y de labor de utilidad pública.
En Torre de Juan Abad, el pueblo ligado para siempre al genial Quevedo, la gastronomía típica manchega alcanza cotas de importancia en platos sencillos como las migas, el ajillo de gachas de almortas, el pisto y los galianos a base de conejo guisado con torta de pastores. La abundante caza menor y mayor proporciona la materia prima necesaria para ofrecer platos de temporada que los buenos comedores sabrán degustar.
Iglesia parroquial de Nuestra Señora de los Olmos. Fue construida a finales del siglo XV y principios del XVI sobre otra anterior más pequeña, de la que se aprovechó el torreón del campanario en su primer tramo.
Posiblemente el citado torreón fuera una torre de defensa, aún pueden verse sus saeteras que, si bien cumplen la función de pequeños tragaluces, tienen un marcado fin de vigilancia y defensa. Su estilo, fundamentalmente, es renacentista, su planta es de cruz de brazos cortos, de una nave y crucero abovedado. En el exterior presenta dos pórticos de entrada, el del Sur (principal) es una portada grecorromana renacentista de dos cuerpos. La portada Norte tiene un bello arco conopial. En su interior hay varios retablos de gran belleza, el Mayor, manierista (en clara transición del renacimiento al barroco) de madera dorada y policromada, es obra del maestro Francisco Cano, a quien se le encargó en 1589. El órgano, del siglo XVIII, con su trompetería horizontal, tiene 19 registros, con caja de madera de ébano, dorada y policromada.
Ermita de Nuestra Señora de la Vega. Construida en el siglo XII por los templarios. Consta de tres naves y está rodeada de un claustro cubierto sobre columnas. Fue el lugar predilecto de Jorge Manrique.
Torre de la Higuera. Situada a 2 kilómetros de la población, junto al camino que va al castillo de Montizón desde la carretera de Castellar. Aunque la tradición la conoce como torre de moros, parece que debió ser construida por los cristianos en el siglo XIII. Es una fuerte torre de base cuadrada, de mampostería. Está sobre un cerro que le permite la comunicación visual con todas las fortalezas de la zona. Su entrada está al Norte y aún se puede observar su foso de defensa.
Casa de la Tercia. Edificio del siglo XV en piedra labrada, que tiene esculpido en piedra un escudo de armas reales, de tiempo de Carlos V, y que en su parte inferior tiene un bello soporte, con cinco arcos en su lado mayor y uno en la parte más corta, apoyados sobre pilares cuadrados. Alberga la biblioteca pública municipal “Don Francisco de Quevedo”.
Torres de Joray. Fortaleza musulmana que dominaba el valle del Alto Guadalén, el paso de Andalucía hacia La Mancha.
Casa de Don Fernando. Entre las calles Rubial y Oscura está ubicada esta casa-palacio del siglo XIX, que perteneció al linaje de los Frías, en otros tiempos grandes terratenientes de esta jurisdicción. Un bello patio central de luces con columnas de hierro y acristalada es el corazón de la misma.
Casa de Don Francisco de Quevedo. Conjunto de dos salas para exposiciones y patio de grandes dimensiones donde se llevan a cabo representaciones teatrales. La sala destinada a biblioteca cuenta con numerosas obras de Quevedo y de otros autores de la época. Edificio del siglo XVI, del que solo queda una parte. En la actualidad se conserva la fachada, el antiguo pozo, el patio y los muros de éste. Su valor histórico radica en que esta vivienda fue parte del precio que dio lugar a famosos pleitos mantenidos por el ilustre Quevedo. La casa fue comprada por el Ayuntamiento en el año 1992.
Situada en la plaza del Parador se encuentra una bella casa señorial conocida como Casa de los Maclones. Castillo de Montizón. Está situado a 7 km de Torre de Juan Abad, en el término de Villamanrique, en el margen derecho del río Guadalén, sobre un escarpado cerro que domina el estrecho del río, donde forma la “Tabla Honda”. Para algunos historiadores en esta zona pudo estar la Mentesa Oretana, aunque la mayoría de los historiadores fijan su construcción durante el Maestrazgo de don Pelayo Pérez Correa (1242-1275), protagonista en las luchas civiles del siglo XV, entre el condestable don Lucas de Iranzo y los Manrique, que consiguen tomarlo en 1467. Pocos años después aparece don Jorge Manrique como Trece de la Orden y Comendador de Montizón. Aquí vivió con su esposa doña Guiomar de Meneses. Lo adecentó, lo preparó como vivienda permanente y escribió en la tranquilidad de estas tierras gran parte de su poesía. Alguna de sus obras, como “Castillo de amor”, en clara referencia al castillo y al Guadalén.
A partir del Castillo de Montizón el camino se adentra por una vía pecuaria, complicándose mucho. Es un paisaje de monte bajo poblado de jabalíes, ciervos, conejos y liebres. En el km 50 un mirador nos permite contemplar el camino recorrido. Desde este descansadero comienza el camino de Santiesteban, que hacia el norte lleva a Castellar de Santiago a través de olivos y cultivos de secano.
Villa perteneciente a la Comarca del Campo de Montiel, está situada en la zona sudeste de la provincia de Ciudad Real, en la ladera norte de Sierra Morena, rodeado de olivos, vides y campos de labor. Sus montes son de encinas, jaras, marañas, juagarzos, retamas, tomillo, romero, mejorana, etc., donde abunda la caza.
De hecho, la población actual cuenta con hasta 10 cotos de caza, tanto mayor como menor. Desde tiempos remotos, grandes personajes de la historia de España han pisado sus cerros y lomas para cazar: desde Felipe II al actual rey Juan Carlos I.
Gran fuente de ingresos, la caza no es la única actividad de la localidad: industrias harineras, del vino y del aceite se reparten en este municipio manchego.
Esta localidad es más conocida como Castellar de los Pucheros, por su larga tradición alfarera. Era uno de los pocos núcleos cerámicos de importancia dentro de la provincia de Ciudad Real, aunque en la actualidad se reduce a un sólo alfar.
De los orígenes de la localidad se han encontrado huellas celtibéricas y romanas en parajes como La Atalaya Alta o Castellón que constituyeron antiguos asentamientos celtibéricos. La presencia romana se repite en Castellón. En 1563 el rey Felipe II le concede la independencia de Torre de Juan Abad.
En sus inmediaciones se encuentra el paraje de la Herrumbosa, área recreativa municipal en la entrada de Sierra Morena, apta para senderismo, actividades de naturaleza y recreo.
Iglesia Parroquial de Santa Ana. De mediados del XVI, es una recia edificación de mampostería basta con gruesos contrafuertes y nave de crucero, que culmina con una sencilla espadaña con tres campanas. Posee tres puertas de acceso con pórticos de piedra arenisca. Su interior alberga la hermosa imagen del barroco tardío del Cristo de la Misericordia, patrón del pueblo, una gran talla obra de Giraldo de Merlo. A mediados del siglo XIX la torre y gran parte de los muros, a excepción del ábside, quedó prácticamente reducida a escombros. A finales del siglo XIX y comienzos del XX se reedificó, pero la torre que existía originariamente no la respetaron, de ahí que una portada situada en los pies de rasgos semejantes a la principal esté tabicada pues debía ser el acceso a la torre. En Castellar de Santiago se encuentran dos ermitas, una dedicada a la Virgen de la Encarnación y otra a San Roque. Así mismo, tiene dos casas blasonadas con motivos heráldicos, de final del XV, posiblemente propiedad de las últimas familias hidalgas de la Villa.
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