ha iniciado hace apenas unas horas el rodaje de su película número 19, ‘Los Amantes Pasajeros’, una comedia “coral, moral, oral e irreal, o irrealista”, que cuenta la historia de un grupo de personas atrapado en un “único decorado y desconectado del exterior”. “La pasión y la incertidumbre son las de siempre. Me siento como en ‘Pepi’, pero con más canas”, recalca.

“La escritura del guión empezó como un capricho cómico. He tratado de dejar la realidad a un lado, aunque a veces la realidad se cuela sin que te des cuenta. No he tenido ninguna referencia cinematográfica consciente durante su gestación, está más presente el teatro, incluso la televisión, y mi claustrofobia, que el cine. Soy de ese tipo de directores a los que les influye la televisión aunque no la vea. Me horroriza y a la vez me fascina la nueva narración televisiva”, explica.

En cualquier caso, afirma que la palabra es la gran protagonista. “Siempre he confesado que mi vocación era convertirme en un gran novelista, mientras esperaba y me ejercitaba para cuando llegara ese momento he escrito un montón de guiones, pero con el tiempo no me he convertido en un gran novelista, ni siquiera en un novelista, supongo que en los últimos guiones es dónde más se percibe la nostalgia de la narración novelesca, pero escribí “Los amantes pasajeros” desde otra nostalgia, la del teatro”, relata.

Y es que a su juicio, sus películas le “deben mucho al teatro, están llenas de escenas de dos, a veces de indisimulados monólogos”. Por eso adelanta que en ‘Los Amantes Pasajeros’ hay más personajes de “lo habitual pero menos espacios que nunca”.

Almodóvar plantea que se han hecho varias películas sobre un grupo atrapado, que no puede salir de donde está, (“y la televisión está llena de concursos claustrofóbicos y de supervivencia”), desde ‘El ángel exterminador’ de Buñuel, hasta ‘Buried’ de , donde todo ocurre en el mínimo espacio imaginable, un ataúd. “El reto es tan difícil para el personaje enterrado como para el director que tiene que contar su historia”, apostilla.

El reto de sus “pasajeros” es que deben luchar contra “su angustia, sus miedos y sus fantasmas sin la ayuda de la tecnología, (algo que hoy es difícil de imaginar) sin imágenes que les entretengan, les informen, o les anestesien. Desnudos, sin iPhones, videos de películas, Internet, iPads, condenados a ser ellos mismos, rodeados de desconocidos”.

Además de la lectura, según el cineasta, “el arma de los atrapados en un solo espacio es la palabra, la palabra para relacionarse, desahogarse, mentir, mentirse, reconocer que se ha mentido, seducir y ser seducido, compartir, luchar contra el miedo, la soledad y la idea de la muerte”.

“Palabra desvergonzada, patética, artificiosa, divertida, exagerada, frágil, engreída, rota, complaciente, hedonista, libérrima y sobre todo entretenida (que me perdone Borges por usar tantos adjetivos). Me acompañan en esta aventura maravillosos intérpretes, ahí van algunas fotos de ensayos y pruebas de cámara. será una vez más el maestro de la luz, Pepe Salcedo, el mejor montador soñado y , el compositor de la música”, concluye.

Como buena película coral, el reparto es inabarcable, con , , , , , , , , , , , y . y son la guinda del pastel.