En su escrito semanal, recogido por Europa Press, enuncia que las “dificultades de nuestro tiempo son evidentes y ciertamente no podemos esconderlas”; por ejemplo, “la incertidumbre, sobre todo en los jóvenes, que domina el panorama sociopolítico de España y de Europa”. “Persecuciones de cristianos y de otros hombres de otras religiones en Medio Oriente, en África; la persistente situación de injusticia que sufren los países del sur del planeta: la miseria hasta hacer morir a tantos y un largo etcétera”, ha señalado.

A su juicio, “todos percibimos la urgencia de un cambio en la vida pública y que no veamos sólo una crisis económica o política”, al tiempo que ha añadido que “muchos autores entienden que hoy la política tiende a vivir sólo de sondeos políticos, de modo que se adopta un modelo cultural para el cual los deseos de emancipación “nuevos derechos”, dicen los políticos, y el éxito en la vida se corresponden con la búsqueda de gratificaciones inmediatas”.

De esta manera, señala el prelado toledano, “la relación entre derechos y deberes, base de las buenas leyes, no se corresponde a derechos individuales que se exigen”, pues “nada se quiere saber de los deberes correspondientes”.

“Nuestros estilos de vida, por otro lado, son muy diferentes y distintos. Y hemos de aceptarlo. Pero, al vivir fragmentados en una infinidad de informaciones, conocimiento y saberes, nos olvidamos con frecuencia de los demás, como si no existiesen, incapaces de establecer relaciones entre pasado y futuro y entre aquellos que son diferentes entre sí”.

Finalmente, pide no resignarse ante esta situación, pues “el problema del sentido de la vida no está resuelto y es necesario solucionarlo”.