En su escrito semanal, titulado ‘Nuestra responsabilidad’, monseñor Rodríguez no habla en sus escrito de los candidatos y partidos que se presentan a las elecciones sino “del futuro de nuestra patria” tras los comicios, deseando “que seamos capaces todos de desterrar actitudes en la vida pública” que en el pasado llevaron “a una lucha entre hermanos, de consecuencias nefastas”.

A su juicio, “se debe distinguir entre el mal y el bien, pero no dividir la sociedad entre los buenos y los malos, siguiendo los impulsos de un maniqueísmo político que tiene el peligro de un reduccionismo inaceptable. Los políticos tienen su importancia, pero más la tiene la vida diaria”, del bien común, “de los problemas realmente importantes”.

De ahí que el arzobispo de Toledo pida a los representantes políticos que “tengan respeto” por los ciudadanos y así “evitarán caprichos e ideologías que tal vez les interese solo a ellos”. En su opinión, no se debe permitir que los políticos elegidos democráticamente “entren en una lucha de personalismos, de modo que ellos, elegidos para algo concreto, ocupen toda la esfera de la vida política”.

“Esto tendría más que ver con una política partidista, que no nos hace bien, sino que nos puede llevar a un liberalismo un tanto egoísta, que no tiene en cuenta los más desfavorecidos. Debe haber en nuestra sociedad, de manera cada vez más nítida, lugar a la sociedad civil y para la vida de sus grandes instituciones, pues no se agotan estas en la actividad de los representantes políticos elegidos en y el de la nación”, detalla monseñor Rodríguez en su escrito.

“Pienso que nuestra vida pública está muy ideologizada y con una violencia dialéctica exasperante, como hemos visto en la campaña electoral; parece haberse perdido esa unión de nuestro ser con la realidad, con la vida cotidiana de la mayoría de los españoles”, concluye el arzobispo de Toledo, que cree que la confianza “no la genera que los representantes políticos elegidos piensen que ellos tienen que dirimir todo y estar en todo”.