Un hombre acusado de un presunto delito continuado de abuso sexual a su hija menor de edad entre el año 2011 y el 9 de febrero de 2013 en un chalé de () ha negado los hechos durante el juicio que se ha celebrado este miércoles en la Audiencia Provincial de Toledo, aunque ha admitido que en alguna ocasión ha dormido con la pequeña, al igual que la menor lo hacia con sus tíos, propietarios de la casa, por petición de ella misma y porque era miedosa ya que su madre la dejaba sola por la noche por motivos de trabajo.

El acusado, separado de la madre y que tenía una orden de alejamiento de su expareja, ha relatado que veía a la menor fines de semana alternos y los miércoles, según el régimen de visitas establecido, y que la niña tenía una habitación propia en casa de sus tíos en Yuncos. Sus tíos, él y su hija, ha comentado, dormían juntos en la primera planta del chalé.

Ha asegurado que él estaba vestido “en los casos puntuales” que dormía con la menor y ha negado que le realizara tocamientos y que entrara desnudo en el cuarto de baño cuando su hija se estaba duchando. No obstante, ha recalcado que en alguna ocasión se ha duchado con su hija cuando era pequeña, igual que hace ahora con otro hijo. Además, ha apuntado que “jamás” ha mostrado un carácter agresivo con la pequeña y ha asegurado que “en ciertas ocasiones” era demasiado permisivo con ella.

También ha negado que él le dijera a su hija que estaba enamorado de ella y que se quería casar y tener hijos con ésta. Reconoce que, a pesar de que sabía que no podía aproximarse al colegio de la menor por la orden de alejamiento de su expareja, el 14 de febrero de 2013 fue, junto a su hermana, se acercó al centro a entregar flores a su hija por el Día de , algo que enmarca en la normalidad porque en su familia es tradición regalar de hijos a padres, es más, su hermana ese mismo día entregó otro ramo a su madre.

Igualmente, ha dicho que no tenía celos de los compañeros de su hija y que no se enfadaba cuando sus amigos saludaban a la pequeña delante de él, manifestando que eso nunca ocurría porque él no podía ir a buscar a la menor al colegio porque salía más tarde de trabajar.

Ha explicado que tenía dificultades para tener un régimen de visitas continuado por las denuncias que interponía la madre y ha sostenido que cuando pidió la guarda y custodia de su hija fue porque en un momento de la vida de su hija la vio “mal”. Así, el acusado ha declarado que no se presentó al juicio por ese asunto ya que le pareció “absurdo” ya que su hija le había denunciado ya por un presunto delito continuado de abuso sexual.

Seguidamente, ha negado que él quisiera enfrentar a su hija con su madre y se ha defendido diciendo que él pedía a su hija que se llevara bien con la pareja de su madre. Asimismo, ha definido a su hija como “recelosa” de las parejas que tuvieran su madre y él.

LA MENOR

De su lado, la menor, que en la actualidad tiene 16 años y que ha declarado tras un biombo, ha relatado que su padre le daba besos en la boca, dormía con ella y la tocaba. Le decía que quería escaparse y tener hijos con ella y que estaba enamorado de ella. Además, ha apuntado que a pesar de tener una habitación propia en la casa de Yuncos, tenía que dormir con él en ropa interior y que le realizaba tocamientos. Asimismo, ha contado que cuando se iba a duchar, seguidamente entraba él en el cuarto de baño y que, incluso, en una ocasión la tía de su padre, dueña de la casa, entró, les vio desnudos y no dijo nada.

Asegura que nunca le contó a su madre lo que ocurría los fines de semanas que estaba con su padre por miedo y que decidió contárselo a una amiga porque el 13 de febrero de 2013, un día antes de San Valentín, su padre le dijo que tenía una sorpresa para ella y se asustó. Fue su amiga la que, junto a ella, confesó a su madre los presuntos abusos porque a ella no le salían las palabras y tenía miedo de la reacción de su padre cuanto se enterara.

Sostiene que no les dijo tampoco nada a sus tíos por miedo y asegura que su padre era agresivo también con el resto de familiares. A preguntas del letrado de la defensa, ha reconocido que los presuntos abusos sexuales se producían “varias veces al día” hasta el fin de semana anterior a la denuncia y ha negado tener celos de las parejas de sus padres, tal y como ha dicho previamente su padre.

De su lado, la madre de la pequeña, que ha explicado que estaba separada del procesado desde 2005 cuando la niña tenía cuatro años, ha remarcado que es a partir de que la menor cumple ocho años cuando el procesado empieza a ver a la menor de nuevo. Dice que su hija le contó que su padre dormía con ella en vez de dormir con la pareja que tenía entonces, y que cuando su hija le relató que su padre le decía que estaba enamorado de ella, en principio no le dio importancia porque ella también le dice a su hija que la adora y que la quiere.

Señala que sabía que su expareja era un “maltratador” pero que “jamás se le pasó por la cabeza” que fuera capaz de hacer lo que ha hecho a la hija que tienen en común. Ha negado al mismo tiempo que su hija fuera “exagerada” y celosa de su pareja.

UNA AMIGA VEÍA RARA LA RELACIÓN PADRE-HIJA

Por su parte, la amiga de la menor a la que confesó los hechos en 2013 ha calificado de “rara” la relación que padre e hija mantenían. “La trataba más como una amiga que como una hija”, ha remarcado. Dice que nunca vio que la diera besos en la boca, pero sí como le daba la mano por la calle. No obstante, ha apuntado que su amiga le contó el 13 de febrero de 2013 que cuando iba por la calle con su padre, éste decía a la gente que era su novia en lugar de su hija, que la besaba en la boca y que cuando estaban en casa abusaba de ella.

Sin embargo, los tíos del acusado dicen que nunca vieron un comportamiento extraño de su sobrino hacia la menor durante el tiempo que convivieron juntos en el chalé de Yuncos. Además, dice que la menor era una niña “bastante feliz” y que muchas veces dormía con ellos, con su tía o su padre porque la pequeña era “miedosilla y siempre quería estar con alguien”. Niega haber pillado a su sobrino con la pequeña en la ducha desnudos y dice que si esto hubiera sido así “lo hubiera censurado”.

Durante la vista se han visto varias pruebas periciales, tanto de médicos forenses como de psicólogas, que han tenido relación con la menor. Los médicos que han declarado en el juicio aseguran que la exploración de la menor fue “normal” y que no presentaba ningún tipo de lesión en el momento de la exploración, pero que eso no significa que los abusos no existieran. Tanto los médicos como las psicólogas dan credibilidad al relato que narra la niña y ante la sospecha de un presunto abuso, lo notificaron a las autoridades.

Una de las psicólogas explica que la menor presentaba trastorno de ansiedad y trastorno del sueño y sufría estrés postraumático. También advierte que la edad que en aquel entonces tenía la menor no es un impedimento para un relato fiable, por lo que consideran creíble el relato de la menor.

La fiscal pide para el procesado una pena de 10 años y 6 meses de prisión. Ha modificado su escrito de conclusiones para ampliar en un año más la prohibición de acercarse a la víctima a una distancia inferior a 500 metros y de comunicarse con ella por cualquier procedimiento e incrementa la indemnización de 1.560 euros a 6.000 euros. Además, pide 10 años de libertad vigilada en el caso de que el acusado sea declarado culpable. El juicio continúa este jueves.