Ubicada en un paraje de singular belleza

Bogarra es un municipio de la provincia de Albacete, perteneciente a la Sierra del Segura, que se encuentra situado a 75 kilómetros de la capital, limitando al Norte con Peñascosa, al Sur, con Ayna y Molinicos, al Este, con Ayna, y al Oeste, con .

Según datos facilitados por el , en 2010 contaba con una población de 1.015 habitantes. Bogarra incluye las pedanías de El Altico, Cañadas de Haches de Arriba, Cañadas de Haches de Abajo, Las Mohedas, Las Casas de Haches, La Dehesa del Val, Potiche y Yeguarizas.

Situada a la izquierda del río Madera, también conocido como Bogarra, en el declive oriental del cerro llamado de San Cristóbal, la localidad está dominada por la imponente mole rocosa del Padrastro.

La Villa está enclavada en uno de los parajes de mayor belleza de la Sierra del Segura, en el que se encuentra la Cueva de la Mora y el salto de agua del arroyo del Batán, a 4 y 3 kilómetros de Bogarra, respectivamente. Sus calles, antiguas y empinadas, conservan el carácter serrano de estas tierras, mostrando en cada recodo un elemento popular, desde las galerías a las paredes que se levantan en la roca viva, de fuerte tradición árabe, invitando al visitante a adentrarse por ellas y descubrir rincones de gran belleza.

Historia de Bogarra

La enigmática Esfinge de Haches, situada a los pies de la atalaya del mismo nombre, pone de manifiesto que en el siglo V antes de Cristo, Bogarra contó con una asentada población ibérica.

Concretamente, era la antigua “Biguerra”, ciudad Tarraconense de la Bastetania. Durante las primeras Guerras Púnicas entre romanos y cartaginenses, Bogarra se alió con Roma, y aunque los cartagineses lograron recuperarla, fue definitivamente romana por el año 214 antes de Cristo gracias al General Escipión.

En la Edad Media, cuando la zona era todavía territorio islámico, Bogarra sobresale de entre todas las aldeas de Alcaraz por su importancia, tanto en el número de vecinos como en la producción. En el siglo XIV, la población de Bogarra sufrió grandes ataques de los pueblos de la zona, hasta que en el año 1351 comenzó a repoblarse a causa de la reconquista, junto con las otras localidades cercanas, frente al peligro de los moros granadinos.

De las torres fortificadas que ejercían función de vigilancia en la región, se conserva una en Bogarra, en él termino de la Aldea de Haches, conocida con el nombre de “Torre de Haches”: una atalaya de estilo almohade.

En el siglo XV, su castillo contaba con 70 peones de defensa. Cuando se produjo el ataque musulmán de 1457, la zona fue saqueada, pero la fortaleza resistió, y el botín conseguido por los musulmanes fue recuperado parcialmente gracias a Alcaraz. En la actualidad no queda nada de este castillo, tan sólo su emplazamiento, desconocido incluso para muchos vecinos de Bogarra, a pesar de la importancia que supuso, según relatan las crónicas de la época.

En 1452, el príncipe Enrique concedió el señorío de las salinas de Bogarra a , Marques de Villena, y éste las cedió al Monarca , pasando posteriormente a pertenecer a los . Se dice que mientras Alcaraz apoyó al infante , Bogarra apoyaba a su oponente .

Fue aldea dependiente de la ciudad de Alcaraz hasta que Felipe II le concedió el privilegio de Villazgo en el año 1573, costando por aquel entonces 1.500 maravedíes. En el año 1638, fue avasallada por la inquisición.

A mediados del siglo XIX, pruebas documentales revelan que en Bogarra tuvo lugar la detención y muerte del capitán , cabecilla carlista a manos de las fuerzas gubernamentales.

Torre de Haches

Situada en la carretera comarcal 3216 Ayna-Bogarra-Casas de Haches, la función de esta atalaya era de vigilancia de este enclave. De estilo árabe, pertenece al siglo XIII.

La denominada Torre de Haches e encuentra a 1 kilómetro de Bogarra y debió ser la defensa de una alquería musulmana, aprovechada más tarde por los cristianos, dando lugar posteriormente a las actuales Casas de Haches.

En la actualidad, conserva una torre de tapial, de planta casi cuadrada, con varios pisos, que, aunque ha perdido sus cubiertas, mantiene sus almenas. Tenía la puerta situada en alto, como es normal en estas construcciones. En sus muros se pueden apreciar las huellas de los mechinales usados para la construcción, destacando 22 tramos en altura en el frente mejor conservado.

Está bajo protección de la Declaración genérica del Decreto de 22 de abril de 1949, y de la Ley 16/1985 sobre el Patrimonio Histórico Español.

La “Gioconda Ibérica”, del siglo V a.C, la encontró un vecino a los pies de la Torre de Haches en 1945

La Esfinge de Haches, también conocida como “Gioconda Ibérica”, fue encontrada en el año 1945 a los pies de la torre de Haches de forma casual por un vecino de la zona. Encontrar esta escultura hizo presuponer que las comunidades indígenas habían alcanzado un nivel cultural suficiente como para modificar las imágenes, adaptándolas a sus gustos particulares.

Sin embargo, el influjo que dio lugar a la escultura procedía exclusivamente del mundo griego, y concretamente del entorno jónico. En un trabajo de amplia repercusión, Langlotz (1966) señaló que la colonización focense habría tenido un gran peso en la Península, y no sólo habría servido de vía para la compra-venta de objetos, sino que habría cumplido un papel aculturador, introduciendo en el mundo indígena un estilo característico en el que se mezclaban los rasgos locales con los propios del canon griego minorasiático, y en concreto focense.

La Esfinge de Haches es una escultura animalística y fabulosa, de carácter apotropaico, propia de la escultura ibérica, cuya estructura cúbica y visión central la acercan más al alto relieve. Se trata de un sillar con talla en alto relieve, en el que la figura aparece en reposo. El rostro es trasunto de una figura arcaica griega, aunque el cuerpo muestra el carácter indígena de esta esfinge que debió tener un significado de protector de una tumba. Está fechada en el siglo V antes de Cristo, y representa la mítica figura con garras de león, cuerpo de ave y cabeza de mujer, donde la sonrisa arcaica de sus labios y el trenzado de su pelo recuerdan a la escultura griega. La original se encuentra en el Museo Arqueológico de Albacete, pero también podemos ver una réplica de ella en la Plaza del Cabezuelo, frente al Ayuntamiento de Bogarra, esculpida por un vecino de la villa llamado Lauren.

Iglesia Nuestra Señora de La Asunción

En la calle Cítara, podemos encontrar el Templo Parroquial de Nuestra Señora de La Asunción, justo en el centro del casco antiguo de Bogarra.

Se trata de una construcción de estilo románico del siglo XVI, en la que se pueden apreciar algunas reformas realizadas en el siglo XVIII.

Su torre se une al cuerpo con un arco, y de las tres naves que la componen la central es la más alta. En su sótano, se conservan algunas tallas que se quemaron en la guerra, mientras que en la pared frontal del coro, se descubrieron además letras escritas en latín en grandes tamaños y en color negro.

La cabecera de la iglesia es rectangular y plana. En las dos capillas laterales cabe destacar el retablo del siglo XVII de estilo barroco, situado en la capilla de la derecha, así como un trabajo de soldadura de hierro, obra que del artista local Quijano, de 1972.

En este templo se conservan también algunas replicas como el cuadro que se encuentra en el retablo principal dedicado a la virgen de la Asunción, obra de Ribera del siglo XVII; así como la capa del cardenal Mendoza y una cajonera del siglo XVII que se encuentra en la sacristía. El interior de las bóvedas no es macizo, por lo que se puede acceder a ellas por la parte del campanario, lugar de meditación de los antiguos sacerdotes.

La Iglesia se ha vuelto a reformar hace unos años, quedando de su época tan solo el retablo del Altar Mayor, el retablo de la capilla de la derecha, el cuadro que se encuentra en el retablo principal dedicado a la Virgen de La Asunción y su estructura.

En definitiva, se trata de un edificio notable, espacioso pero pobre en su ornamentación, basado por la parte Sur sobre una sólida y elevada muralla. El templo sirvió de refugio a numerosas personas consideradas como carlistas, ocultando incluso dentro de la nave del Altar Mayor a varios sacerdotes cuando las tropas del ejército liberal quisieron desalojar de la villa de Bogarra a los carlistas mandados por el cabecilla Lozano durante la Guerra Civil.

Rutas y Naturaleza

Bogarra se encuentra entre los picos Padrastro y Picayo, y está bañada por el río que lleva su mismo nombre. Sin lugar a dudas, está ubicada en uno de los enclaves más atractivos de la Sierra del Segura, ideal para practicar actividades de “Turismo Activo”.

Junto a la población, y dominándola desde las alturas, se eleva el Cerro del Picayo. Una imponente mole rocosa que parece asomarse a todas y cada una de las casas de Bogarra. Desde su cima, se practican deportes como el parapente y el ala delta.

Si nos desplazamos 4 kilómetros al Oeste de Bogarra, podremos contemplar en un cerro el conocido como Pico del Padrastro. Se levanta a 1.503 metros sobre el nivel del mar y está considerado como uno de los picos más significativos de la provincia de Albacete. Las paredes verticales de la roca destacan por su forma rectangular.

Desde este lugar, se obtienen bonitas vistas del pueblo de Bogarra y de sus típicas calles serranas. Sin lugar a dudas, se trata de un importante reclamo para los amantes del senderismo, convertido en punto de orientación y referencia en el horizonte.

Su característica silueta, con apariencia de fortaleza medieval, muestra sus mil caras, dependiendo del lugar desde el que lo miremos.

El agua, canalizada por el río Segura, pasa a los pies de la población, haciendo de Bogarra uno de los parajes más bellos de este término municipal y más llamativos para los turistas. Un escenario en el que además se encuentra el Batán de Bogarra, en el que destaca el salto de agua del arroyo del Batán. Situado a 3 kilómetros de Bogarra, por la carretera de Paterna de Madera, cuenta con cascadas de 25 metros de altura. Está rodeado de pinos y abundante vegetación, y en su base presenta estanques escalonados, rodeados de peñascos y un restaurante en el que se puede comer en contacto con la naturaleza. Sin lugar a dudas, se trata de un espacio natural casi mágico, en el que se combinan a la perfección el agua y la exuberante vegetación que cubre las rocas.

Otro de los lugares recomendados para los amantes de la naturaleza, se encuentra a 4 kilómetros de Bogarra, en la zona del Batán. Se trata de la denominada Cueva de la Mora.

Aunque no es muy profunda, llama la atención por las estalactitas y estalagmitas que presenta, las cuales han formado con el paso del tiempo lo que parece ser una cabeza de toro. Es de fácil acceso. Además, a 5 Km de Bogarra, sobre el paraje del Batán, siguiendo el cruce de la derecha al pasar el puente, se encuentra el paraje natural de El Ventorrillo. Ubicado en plena sierra, destaca por su abundante vegetación y fauna. De este lugar, nace el agua que abastece a Bogarra.

Los encierros taurinos, una arraigada tradición

Bogarra destaca además por la celebración de un importante número de festividades. Entre ellas, destacan los encierros de toros populares que se celebran del 20 al 24 de agosto, en honor a San Sebastián, patrón de la localidad. Una tradición, con un elevado número de adeptos, que todavía se mantiene en la actualidad.

Unos meses antes del comienzo de las fiestas, los vecinos se desplazan hasta la finca “El Palomar”, propiedad del ganadero albaceteño , para comprar los toros. El día 20 de agosto se traían los toros a pie hasta “La Canaleja”, y desde allí se procedía a los encierros, uno cada mañana de las fiestas.

Los toros venían andando por la carretera de arriba (Alcaraz- Bogarra). Al llegar a la primera curva del pueblo, se les achuchaba para que empezaran a correr.

Los mozos corrían delante y detrás de los mismos hasta llegar a la Plaza Mayor de Bogarra, lugar donde se instalaba provisionalmente la plaza de toros. Días antes, la misma se montaba con palos colocados formando barreras.

Una vez allí, se separaban los toros de los mansos y se encerraban por separado en una gran habitación donde previamente se habían hecho apartados con palos.

El problema de este tipo de encierros era que los toros, al llegar a la curva previamente mencionada, se escapaban, y la gente tenía que ir a buscar a los toros por la huerta o el monte. Por este motivo, se produjo un cambio de itinerario, y los toros vienen desde “La Canaleja” por Haches hasta llegar a la carretera de abajo (Bogarra- Albacete).

La primera alfombra de flores naturales del Corpus Christi de Bogarra la confeccionó Quijano en 1974

El Corpus Christi ha sido siempre un Día Grande en Bogarra. Ya sus antepasados engalanaban sus calles con colchas bordadas, plantas y todo aquello que, de sus casas, contribuía para decorar Altares en distintos puntos del trayecto por el que discurría la Procesión.

Al ser esta una zona de abundantes plantas aromáticas, un 29 de Mayo de 1974 el párroco de Bogarra (Alfredo Fernández Moreno), encargó al paisano y conocido artista Quijano la confección de la primera alfombra de flores naturales que se hizo en la Plaza Mayor y en la que colaboraron los ciudadanos de Bogarra. Desde entonces numerosas personas se dan cita para confeccionar las alfombras florales.

El trabajo es laborioso pero, gracias a la disponibilidad de los vecinos del pueblo, varios días antes de la celebración, grupos de jóvenes y mayores van recorriendo los parajes y jardines para la recogida de plantas y flores como el romero, mejorana, retama, espliego y rosas para dar las tonalidades.

Las gentes del lugar acogen gratamente esta iniciativa ayudando y facilitando todo lo posible (deshojando y clasificando hojas y pétalos por colores y tamaños). También es importante el papel de aquellos que traen las cargas desde el lugar de recogida hasta el pueblo. Ramas de chopo, morera, platanera, olmo y paraíso son las más comunes. Las mujeres engalanan sus balcones con los mejores ajuares que están durante todo el año en los baúles.

Se empieza a trabajar a las 12 de la noche dibujando sobre el suelo el diseño de cada una de las alfombras que reflejan los signos eucarísticos, sin moldes ni patrones. Por tanto ningún año se repite ninguna alfombra, ahora bien pueden variar de colorido debido a las diferentes fechas de la celebración del Corpus.