Origen de Cuenca

Las primeras informaciones de la ciudad las proporcionan las crónicas islámicas en el año 784.

No obstante, se ha afirmado que por las tierras de Cuenca pasaron los concanos y también es posible que los lobetanos la habitaran, fusionándose con los celtíberos citeriores formando un pueblo mixto.

También las legiones del Imperio Romano dejaron huella de su paso por Cuenca, con un pequeño puente romano sobre el río Moscas y una fuentecilla.

Los musulmanes construyeron una inexpugnable fortaleza en lo alto de la atalaya, protegida por las rocas de las hoces que hacían de muralla, para controlar los accesos a la Serranía. Con el tiempo, la población aumentó y se ampliaron las murallas, llegando a tener un millar de habitantes. En lo que hoy es la Plaza de Mangana estaba el Alcázar, la zona de comerciantes y artesanos se centraba en la actual Plaza Mayor y la Mezquita estaba en la actual Catedral.

En la época omeya, Cuenca desarrolló una gran actividad agrícola y una industria textil que hicieron de ella uno de los centros de importancia del califato.

A partir de 1091 y con la muerte del gobernador de Córdoba, Al Mamum, se llevaron a cabo una serie de conquistas y guerras entre almorávides y cristianos, estos últimos con Alfonso VI como monarca. En este siglo Cuenca cambió varias veces de dependencia y sufrió el asedio de los almohades.

Conquista de Cuenca por los cristianos

Alfonso VIII sitió la ciudad durante nueve meses hasta que conquistó la ciudad al poder musulmán el 21 de septiembre de 1177.

Se constituyó una sede episcopal y un concejo que se rigió por el Fuero de Cuenca, considerado por los juristas como uno de los más perfectos. Su importancia radica en ser el prototipo de los fueros de Castilla, León, Aragón y Portugal.

Una vez conquistada la ciudad, no tardó en cambiar su aspecto urbanístico: los musulmanes quedaron relegados a su barrio, la zona de Mangana, donde conservaron una mezquita; los judíos ocuparon la calle de Zapaterías; y el resto fue ocupado por los cristianos.

La vida se desarrolló en torno a la Plaza Mayor, alrededor de la cual se tejía un entramado de callejuelas y rincones donde se alternaban casas, talleres de artesanos y tiendas de mercaderes.

La muralla que rodeaba Cuenca disponía de seis puertas y tres portillos, mediante los cuales la ciudad se comunicaba con el exterior y que eran cerrados por las noches para proteger la urbe de posibles ataques imprevistos.

Durante los siglos XIV y XV se empezó a configurar la parte baja de la ciudad y aparecieron dos nuevos barrios, San Andrés y Tiradores.

Tras el esplendor urbanístico y arquitectónico durante la Baja Edad Media, Cuenca se convirtió en una ciudad pujante e industrial con una notable expansión económica, atribuida sobre todo a la producción textil y ganadera. El comercio de paños y la producción de alfombras trajo consigo una extensa industria de transformación de lanas con la proliferación de tintorerías y tejedurías.

Como consecuencia de la subida del precio de la lana en el siglo XVII, se produjo un enorme hundimiento de la pañería conquense que trajo consigo un descenso demográfico.

En 1763 se creó la Compañía General de Comercio, que poco después desapareció por bancarrota. El Obispo Palafox intentó volver a relanzar la industria lanera con la industria de paños y alfombras. Sin embargo, Carlos IV mediante decreto, suprimió los talleres de Cuenca para evitar la competencia con la Real Fábrica de Tapices.

Ciudad Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO

A partir del siglo XVI, época en la que Cuenca inició su desarrollo manufacturero y comercial que le permitió un extraordinario enriquecimiento arquitectónico, la ciudad alta, amurallada, y la ciudad baja, abierta, evolucionan paralelamente.

Desde entonces el trazo urbano de Cuenca tiene esta subdivisión y en el siglo XIX quedó constituida la ciudad actual. La parte alta de la ciudad deja de ser la arteria principal, dejando paso a la parte baja como centro económico y social, con la calle Carretería como centro urbano, administrativo y burocrático de la ciudad.

La parte alta de la ciudad y sus seculares barrios aledaños permanecen con idéntica fisonomía a la que adquirieron en su día. Muchos de sus edificios mantienen hoy la condición que les dio origen, mientras que otros se han destinado a preservar su incomparable patrimonio histórico y artístico como el Archivo Provincial, antes cárcel y sede del Santo Oficio; el Museo de Arte Abstracto, en la más bella de las Casas Colgadas; y la Fundación Antonio Pérez, en el que fuera Convento de las Carmelitas, entre otros.

Por ser un ejemplo excepcional de fortaleza medieval que conserva notablemente intacto su paisaje urbano general junto a los muchos ejemplos de arquitectura civil y religiosa de los siglos XII al XVIII, así como por su valor universal, Cuenca fue declarada por la UNESCO, el 7 de diciembre de 1996, Ciudad Patrimonio de la Humanidad.

La Catedral de Nuestra Señora de Gracia es una joya del gótico de las más singulares de España

Tras la conquista de la ciudad, la Catedral de Nuestra Señora de Gracia fue el primer edificio que se comenzó a construir en el lugar donde se emplazaba la antigua alcazaba musulmana. Considerada como el más temprano ejemplo de estilo gótico en España, su construcción se comenzó en 1182 y pasó por tres etapas distintas.

La primera es la parte más antigua, de estilo gótico-normando, aún con reminiscencias románicas como el empleo del cimborrio cuadrado y de triforio abierto (especie de estrechas galerías sobre las arcadas de las naves laterales), único en España, cuya decoración sirve para contrarrestar el empuje de las bóvedas. En una segunda etapa se hizo el cuerpo de la iglesia a partir del crucero, dándose por terminadas las obras en 1271.

La serie de capillas que cubren las naves laterales fueron edificadas en los siglos XVI y XVII, entre las que destacan la de los Apóstoles, la de los Albornoz, con rejería de Lemosín, la del Espíritu Santo, construida en el siglo XVI por Andrea Rodi como panteón de los Marqueses de Cañete y la de los Caballeros, además de las salas nobles, como la Sala Capitular, cuyas puertas son obra de Berruguete.

La última transformación realizada ha sido la colocación de vidrieras de los artistas contemporáneos Torner, Bonifacio y Dechanet.

La Catedral de Nuestra Señora de Gracia influyó en el desarrollo del gótico en Castilla-La Mancha, prevaleciendo su influjo sobre la Catedral de Toledo.

Plaza Mayor

Paseando por las calles y plazas de Cuenca podemos encontrar gran cantidad de monumentos. En la Plaza Mayor, eje central del casco histórico se puede visitar la Catedral, de estilo gótico-normando y el más notable monumento conquense, el Ayuntamiento, el Convento de las Petras y numerosas muestras de arquitectura civil.

Como un edificio anexo a la Catedral, y sin despegarse de ella, se levanta el Palacio Episcopal, un edificio que no responde a un planteamiento único, sino que es producto y resultado de los cambios y reformas que se han hecho desde de su construcción, iniciada en el siglo XIII, a la actualidad. En el siglo XVI trabajaron en este edificio Pedro de Alviz y Andrea Rodi, uno de los introductores de la arquitectura purista en Cuenca. La bella fachada se modificó en el siglo XVIII. Sobre la puerta aparece el escudo de su patrocinador, el obispo Flores Osorio.

El Ayuntamiento es un edificio proyectado en 1733 por Jaime Bort, al que se le planteó el problema de poder cerrar la Plaza Mayor manteniendo su accesibilidad, solución que dio con la incorporación de los tres arcos en el cuerpo inferior.

Finalizado en 1762, según consta en una inscripción en su fachada, este edificio cuenta con tres cuerpos, dos de los cuales se levantan sobre la triple arcada, de medio punto, y está rematado con un friso partido por un escudo con leyenda.

En el interior presenta una interesante escalera cuadrada, con pilastras, decoración rococó y bóveda. En cuanto al exterior, cuenta con dos fachadas, más decorada la que da a la Plaza Mayor y más sencilla la de la Anteplaza.

De la Plaza Mayor a la Torre Mangana

Atravesando los tres arcos que soportan el Ayuntamiento y que dan acceso a la Anteplaza, si tomamos la calle del Fuero, que lleva al barrio que fue cristiano y judío, llegamos hasta la Plaza de la Merced, donde se encuentran el Seminario Conciliar de San Julián, construido en el siglo XVIII siguiendo el trazado del arquitecto valenciano fray Vicente Sevilla; el Museo de las Ciencias de Castilla-La Mancha; así como la iglesia y el convento de la Merced, edificado en el XVIII sobre el antiguo palacio de los Hurtado de Mendoza, cuyos escudos se pueden contemplar en la fachada.

La Plaza de la Merced se comunica con la Plaza de Mangana, en la que se alza la Torre Mangana, otro de los edificios emblemáticos de la ciudad, y el Monumento a la Constitución de Torner.

La actual Torre Mangana es de mediados del siglo XX, fruto de la remodelación de la antigua torre defensiva situada en el solar que ocupaba un alcázar árabe, cuyos muros son visibles en el entorno. Hoy en día es el reloj municipal.

De la Plaza Mayor al Barrio de San Martín

Desde la Plaza Mayor también se puede recorrer la calle Alfonso VIII, a lo largo de la cual encontramos diversas galerías de arte, así como edificios de arquitectura civil y religiosa, entre los que destacan las iglesias de San Felipe Neri, de San Andrés y de El Salvador.

Esta última construida en el siglo XIV aunque conserva muy pocos elementos de esta época. Fue en los siglos XVIII y XIX cuando se llevó a cabo su mayor remodelación y ya en el XX será cuando se levante el campanario de la iglesia.

Además de destacar por su impresionante retablo e interior, la iglesia de El Salvador es un punto de especial interés ya que en su interior se encuentran numerosos pasos de la Semana Santa conquense, siendo ésta punto de partida de varias procesiones, entre ellas la del Camino del Calvario.

Continuando el recorrido por la parte trasera de la calle Alfonso VIII, cuyas casas edificadas entre los siglos XV y XIX en la roca se han denominado “rascacielos de Cuenca”, nos adentramos en el Barrio de San Martín, donde se encuentra la iglesia de Santa Cruz, levantada en el siglo XVI, restaurada por primera vez en el siglo XVIII por Martín de Aldehuela y rehabilitada recientemente conservando su estilo renacentista para convertirla en un centro regional de exposiciones y venta de artesanía.

Llegando a la Plaza de Ronda, donde está ubicada una de las antiguas puertas de la ciudad, se accede al Puente de San Pablo y al Convento del mismo nombre, hoy Parador de Turismo.

En su origen el Puente de San Pablo fue construido en piedra durante los siglos XVI y XVII, sirviendo de unión entre Cuenca y el Convento de San Pablo. Hacia el siglo XIX, como consecuencia del deterioro a causa del paso de los años, el puente tuvo que ser derribado debido al desplome de gran parte, dando paso al actual puente construido en hierro a finales del siglo XIX y principios del XX sobre los pilares del viejo.

El Convento de San Pablo se encuentra en una posición de privilegio en lo alto de un saliente del cerro del Socorro, desde donde se aprecia una espectacular panorámica del casco histórico y la Hoz del Huécar.

También desde el Puente de San Pablo se puede disfrutar de la famosa vista de las Casas Colgadas.

Las sucesivas restauraciones del Convento de San Pablo, levantado en el siglo XVI para una congregación de dominicos, han dado paso a lo que actualmente es el Parador de Turismo Cuenca.

Junto al Parador encontramos la iglesia del antiguo convento, de estilo gótico, con un impresionante interior en donde se encuentra el sepulcro del fundador.

Barrio del Castillo

Si desde la Catedral iniciamos la subida al Barrio del Castillo, llegaremos al antiguo convento de Carmelitas, hoy sede de la Fundación Antonio Pérez y de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo.

Siguiendo el ascenso hasta el Barrio del Castillo, extramuros de la ciudad, atravesamos la Plaza del Trabuco, donde se encuentra el Archivo Histórico Provincial, que en su origen fue Tribunal de la Inquisición, y la actual iglesia de San Pedro, de estilo barroco y fruto de la remodelación llevada a cabo por Martín de Aldehuela durante el siglo XVIII de la antigua iglesia que allí se situaba desde el siglo XII.

Continuando hasta el Arco de Bezudo, una de las nueve entradas que tenía Cuenca, se accede al punto más alto de la ciudad, el Barrio del Castillo a 1.001 metros sobre el nivel del mar.

Iniciando el descenso hacia la Plaza Mayor por la calle de San Pedro, encontramos algunas iglesias como el Convento de las Angélicas, del siglo XVI, el Convento de las Celadoras del Sagrado Corazón, del siglo XVII, o los restos de la Iglesia de San Pantaleón, una de las primeras parroquias de Cuenca levantada en el siglo XIII y de la que solo queda la puerta y algunas partes de la fachada, en la que se encuentran símbolos y elementos referentes a la Orden del Temple y una escultura en bronce de Federico Muelas.

Siguiendo el descenso hacia la Plaza Mayor, nos encontramos a la derecha con la Plaza de San Nicolás, en la que se ubican la iglesia de San Nicolás y la Casa Zavala, donde se encuentra la Fundación Antonio Saura que recoge parte de la obra gráfica del pintor y exhibe exposiciones temporales de artistas contemporáneos como Viola, Andy Warhol, Zóbel y Sorolla, entre otros.

Desde la Plaza de San Nicolás parte una calle que nos conduce a la ermita de Nuestra Señora de las Angustias, enclavada en una de las laderas de la hoz del río Júcar. Fue construida en el siglo XVII por Martín de Aldehuela sobre otra antigua iglesia que allí existía. Cabe destacar el recinto de entrada y la puerta de la ermita, así como los actos que se celebran en Semana Santa.

Las Casas Colgadas constituyen el emblema de la ciudad y su principal foco de atracción

En un extremo del barrio de la Catedral, sobre la cortada del río Huécar, se encuentran las Casas Colgadas de Cuenca, cuyo desconocido origen para unos es musulmán mientras que para otros es medieval.

Toda la fachada de la hoz del Huécar tuvo casas colgadas pero actualmente sólo se conservan tres, que fueron reformadas durante el siglo XX para adecuarse a nuevos usos.

En la Casa de la Sirena se ha ubicado un mesón típico y las Casas del Rey, que se encuentran adosadas y en cuyo interior se conservan restos constructivos originales de pintura mural, al que se le ha añadido una portada renacentista procedente del Palacio de Villarejo de la Peñuela, albergan el Museo de Arte Abstracto Español que exhibe una exposición permanente de pinturas y esculturas de artistas españoles de la generación abstracta de los años 50 y 60: Millares, Tápies, Sempere, Torner, Rueda, Zóbel, Saura, etc.

Estas obras pertenecen a la colección de arte que la Fundación Juan March empezó a formar a principios de los años setenta y que recibió un decisivo impulso en 1980, cuando Fernando Zóbel, creador del Museo de Arte Abstracto con su colección particular de obras, hizo donación de las mismas a la Fundación Juan March. El Museo fue galardonado con la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes en 1980, el Premio del Consejo de Europa al Museo Europeo del Año en 1981, la Medalla de Oro de Castilla-La Mancha en 1991 y el Premio “Turismo 1997” de esta misma Comunidad Autónoma.

Una ciudad con grandes muestras de arte

El Museo Provincial de Cuenca, situado en la Casa Curato de San Martín, ofrece un resumen de la historia de Cuenca a través de los restos arqueológicos hallados en los diversos yacimientos de la provincia.

Situado en las dependencias del Palacio Episcopal, el Museo Diocesano Catedralicio contiene la mayor muestra de Arte Religioso de la Diócesis de Cuenca, con tapices, alfombras y forja, además de piezas de orfebrería, pintura, escultura, tejidos, etc., que se completan con otras exposiciones temporales de arte sacro entre los meses de julio a octubre.

En el Antiguo Convento de las Carmelitas Descalzas se encuentra el Centro de Arte Contemporáneo Fundación Antonio Pérez que en sus cuatro plantas, con más de 30 salas, reúne una interesante muestra de estilos como el Informalismo, la Abstracción o el Arte Pop, personificados en artistas contemporáneos españoles y extranjeros de reconocido prestigio como Millares, Gordillo, Torner, Antonio Saura, Equipo Crónica, Bonifacio, Andy Warhol, Chillida, Zóbel, Rueda o Canogar, por citar algunos.

En el Museo de las Ciencias, ubicado en el antiguo convento de la Merced, una impresionante Máquina del Tiempo, compuesta por piezas móviles antiguas y modernas, da la bienvenida a un paseo por la historia del mundo y del hombre.

El Museo Internacional de Electrografía es un centro de arte especializado en Media Art (Arte y Nuevas Tecnologías) que muestra una colección permanente de más de cuatro mil obras de Arte Electrográfico y Electrónico, creaciones infográficas, multimedia y Net.art. Un museo alimentado por las experiencias de artistas e investigadores.

La Semana Santa y la Semana de Música Religiosa están declaradas de Interés Turístico Internacional

Declarada de Interés Turístico Internacional, la Semana Santa es la fiesta de Cuenca por excelencia.

Las procesiones se remontan al siglo XVII, momento en que agustinos y trinitarios configuraron las dos primeras procesiones conquenses al fundar las primeras cofradías.

Actualmente participan 32 cofradías, de las cuales trece son anteriores al siglo XIX, cuatro del siglo XIX y quince del siglo XX. De todas las procesiones la más conocida y famosa es la del amanecer de Viernes Santo: Procesión del Camino del Calvario; en ella también queda patente la tradición musical con la entonación del famoso Miserere llamado de Pradas.

En la Semana Santa conquense también se ha conjugado la tradición con la modernidad: a las formas barrocas primigenias se han unido una serie de aportaciones artísticas de claro género popular. Aunque la mayoría de las tallas procesionales fueron realizadas en los años cuarenta, en cuya elaboración han intervenido los escultores conquenses Luis Marco Pérez, Leonardo Martínez Bueno y Federico Coullaut-Valera Mendigutía, entre otros, la más antigua es la del Cristo de Marfil, obra anónima del siglo XVI. Como complemento, es famosa a nivel internacional la Semana de Música Religiosa, que comienza el Viernes de Dolores y finaliza el Domingo de Resurrección.

La

El río Júcar, a su paso entre Uña y Villalba de la Sierra, forma un gigantesco e impresionante cañón. Es aquí, a casi 1.500 m. de altitud, donde la naturaleza se ha permitido uno de esos caprichos que llenan siempre de pasmo al viajero: La Ciudad Encantada, declarada sitio Natural de Interés Nacional.

Estos fenómenos geológicos, mundialmente conocidos, son formaciones rocosas literalmente esculpidas por la acción del agua, el viento y el hielo, que al erosionar durante siglos las rocas, ha conseguido modelar figuras humanas, objetos, animales, con una precisión difícil de entender, hasta conseguir una ciudad delirante, una ciudad que parece dormida de algún hechizo misterioso.

Rica y variada gastronomía

A finales de agosto se celebran en Cuenca las Fiestas de San Julián y el 21 de septiembre, la Fiesta de San Mateo, cuyo origen histórico se remonta a la conquista de la ciudad por Alfonso VIII en 1177 y declarada de Interés Turístico Regional.

Tanto la Mancha como la Serranía, fueron configurando una recia gastronomía que tenía como protagonista el pastoreo de ganado trashumante. Las carnes que principalmente se consumen son las de cordero y cerdo, cuyas tripas, bien lavadas y sazonadas, se entrelazan alrededor de un sarmiento y se asan en las ascuas. Este plato típico de Cuenca se denomina “zarajos”.

La caza es elemento fundamental en la gastronomía conquense, con ella se hace el plato más tradicional de Cuenca, el morteruelo.

Junto con los vinos manchegos, el licor por excelencia de Cuenca es el “resoli”, compuesto por aguardiente de la sierra, café, esencia de naranja, azúcar y canela en rama.