El Toboso, la tierra de Dulcinea

Del toledano pueblo de El Toboso, cuya población, sin duda, se remonta a la prehistoria por los hallazgos arqueológicos encontrados, se poseen pocos datos concretos, ni siquiera vestigios arquitectónicos que permitan recrear su pasado, aunque sí se ha podido corroborar la existencia de asentamientos íberos, así como que estuvo bajo dominio musulmán hasta la conquista cristiana llevada a cabo con la victoria en la batalla de Las Navas de Tolosa en 1212.

El Toboso, junto con Miguel Esteban, Pedro Muñoz, Criptana, Guzques (Villamayor de Santiago), Quintanar, La Puebla de Don Fadrique, La Puebla de Almoradiel, Mota del Cuervo, Villanueva de Alcardete y los territorios del Priorato de Uclés hasta Guadiana (Socuéllamos y Tomelloso), formó la primera institución legal con denominación El Común de la Mancha en 1353.

Después, en 1390, el maestro Vasco Rodríguez concede a la villa un mercado franco y nombra entre sus vecinos juez y alcalde. Posteriormente, El Toboso estuvo bajo dominio de la Orden de Santiago, cuyo gran maestre ordenó realizar algunas fortificaciones, hoy desaparecidas, para defender el camino que comunicaba con Murcia. En 1468 aparece en los censos de la Orden de Santiago y, ya en 1480, el maestre Alonso de Cárdenas, al confirmar sus privilegios, le concede el título de villa.

El siglo XVI es la gran centuria de El Toboso, la época de mayor pujanza y de repoblación. En 1605, fecha de la publicación de la primera parte de la obra “El ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha”, queda este pueblo manchego identificado para siempre con Dulcinea, amor platónico de Don Quijote, lo que ha otorgado a El Toboso una gran popularidad de alcance universal.

El Toboso consta en la provincia de La Mancha en el Catastro de la Ensenada y hasta 1833 no pasa a formar parte de la provincia de Toledo.

Gran patrimonio de interés histórico-artístico

El Toboso alberga, entre sus calles y plazas, monumentos de gran interés histórico-artístico además de numerosos rincones llenos del encanto de las pequeñas villas manchegas con su tradicional edificación de mampostería y tapial y el refulgente blanqueado de sus muros.

Las casas, con corredores de madera y columnas, tienen unos patios de planta cuadrada o rectangular adintelada y el suelo es casi siempre de guijarros.

El convento de Trinitarias Recoletas, declarado Bien de Interés Cultural, es un edificio de planta rectangular y dos alturas construido en el siglo XVII y restaurado en el siglo XX. Posee dos torreones en la fachada de la plaza. Todo es de estilo herreriano excepto la iglesia que es de estilo barroco. En su interior alberga un museo con una valiosa colección de pinturas e imaginería de la escuela española del siglo XVII, orfebrería, bordados en oro, etc.

El convento de las Franciscanas es una obra del siglo XVI, restaurada en el siglo XX, de estilo renacentista, de la que solo se conserva la antigua portada de la iglesia.

En la recoleta y romántica glorieta Federico García Sanchiz se encuenta una escultura en bronce de Monjó que representa a este ilustre toboseño de adopción.

Otros lugares de interés son los restos del amurallamiento de la villa, mandado construir por Don Pelayo Pérez Correa, Maestre de la Orden de Santiago, en el siglo XIV; el Pósito, del siglo XVIII; las escuelas , de carácter regionalista; las ruinas renacentistas del convento de Agustinos, situadas en el cementerio; y los restos de la ermita de Santa Ana, también de estilo renacentista y que se encuentran enclavadas en un alto cerro.

Iglesia parroquial de San Antonio Abad

La iglesia de San Antonio Abad se comenzó a construir en 1525, en sustitución de otro templo que ya existía en 1511 y del que se conserva un sillar con la fecha 1503.

En esta Iglesia se mezclan varios estilos pero ninguno de ellos es enteramente puro, ni el románico, ni el gótico ni el renacentista. En la primera fase de construcción trabajó el maestro de cantería Juanes de Santiago, cuya intervención posiblemente se centrara en la zona del cuerpo central de las naves, que es la más primitiva y que se corresponde estilísticamente con el gótico tardío. Posteriormente trabajaron en el templo los maestros de cantería Miguel de Verduraza, Azcutia y Martín de Atuy de Leturiondo.

Exteriormente, el edificio está exento en todas sus fachadas, aunque la vista más completa se obtiene desde la Plaza de Juan Carlos I. Está circundado por robustos contrafuertes construidos con sillares que le dan un marcado aspecto de grandiosidad y monumentalidad. También se emplean sillares en las esquinas y mampostería en el resto de los paramentos.

Tiene dos puertas de entrada, una orientada al Oeste y otra al Sur. En la fachada Norte se conserva una puerta cegada, con frontón triangular que, en su interior, alberga la Cruz de Santiago.

La portada principal, situada en la fachada Sur, fue construida en 1618 y queda resguardada bajo un gran pórtico con arco de medio punto sobre pilastras. Esta portada, estructurada de modo similar a los retablos manieristas, se articula en dos cuerpos: en el inferior se ve un arco de medio punto flanqueado por cuatro columnas dóricas sobre altos basamentos y, entre ellas, dos hornacinas vacías; el cuerpo superior tiene un frontón triangular y nicho que contiene la imagen de la Inmaculada. A ambos lados, hay pirámides rematadas por bolas.

En la fachada Oeste se construye otra portada, alojada bajo un pórtico con bóveda de cañón, claramente renacentista. Este pórtico consta de dos cuerpos: el primero lo forma un arco de medio punto moldurado, con puerta de madera y clavos de fundición, enmarcada por pilastras pareadas sobre basa corrida y con entablamento arquitrabado. En el cuerpo superior se coloca una pequeña hornacina, que alberga la imagen de San Antonio Abad, titular del templo, custodiado por dos flameros.

Junto a la portada de la fachada Sur se sitúa la torre, de sección cuadrada y grandes proporciones. Construida en el siglo XVI, consta de tres cuerpos, separados por línea de imposta. El primero, de estilo plateresco, fue ejecutado en 1552 y construido con mampostería. En su cara Sur tiene una ventana abocinada y decorada con gallones. Los otros dos cuerpos están trabajados en sillería y sus vanos son de arco de medio punto almohadillado; su construcción fue posterior, ya que su tipología es herreriana. El coronamiento de la torre se realiza con balaustrada en piedra rematada con bolas.

El renombrado pueblo de El Toboso, una visita obligada en la Ruta de Don Quijote

Con motivo del IV Centenario de la publicación de la primera parte de la universalmente conocida novela de Cervantes “El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de La Mancha”, el Gobierno de Castilla-La Mancha tomó la iniciativa de trazar un corredor ecoturístico, la Ruta de Don Quijote, cuyo primer tramo arranca en la ciudad monumental de Toledo.

Con un recorrido de 250 kilómetros, en este primer tramo la Ruta del Quijote atraviesa los pueblos de Mora, Villacañas, La Guardia, Mascaraque, Alcazar de San Juan, Campo de Criptana, El Toboso, Mota del Cuervo, Belmonte y San Clemente, entre otros, y conecta con el tramo 8, entre la localidad de Toledo y Mascaraque; con el tramo 7, en Campo de Criptana; y con el tramo 2, en El Toboso y San Clemente.

En la etapa 7 del primer tramo, Quintanar de la Orden-Belmonte, con un recorrido de 48 kilómetros, no podemos dejar de visitar El Toboso, en el centro de la etapa y al que se accede desde Miguel Esteban a través de un mar de viñedos que confirman la abundancia y calidad de los vinos de la zona. El Toboso, dada la llanura del terreno, se avista desde cierta distancia.

También se puede visitar El Toboso a lo largo del recorrido de la etapa 2 del segundo tramo de la Ruta de Don Quijote, Socuéllamos-El Toboso, una etapa de 37 kilómetros, de trazo sencillo, lo que permite ser recorrida en bicicleta y a caballo. Hacia mitad de la etapa, en el kilómetro 17, se cruza la laguna grande de Alcahozo llegando a una bifurcación cuyo camino izquierdo lleva a Pedro Muñoz mientras que el derecho, bordeando la laguna de Manjavacas, llega a la ermita de la Virgen de Manjavacas, desde donde ya se vislumbra El Toboso.

Lugares con gran sabor cervantino

Junto al convento de Clarisas existe una casona de amplios patios que se considera la casa de doña Ana Martínez Zarco de Morales, personaje que pudo inspirar la figura de Aldonza Lorenzo a Cervantes para la creación del personaje de Dulcinea del Toboso.

Este edificio, conocido hoy como Casa-Museo de Dulcinea, fue adquirido por el ministerio de Educación en mal estado y tras años de restauración fue abierto el 15 de octubre de 1967 y adscrito al Museo de Santa Cruz de Toledo.

A través de esta restauración se ha conseguido una buena reproducción del caserón manchego que debió ser en el siglo XVI, con las habituales dependencias de la vivienda amuebladas con enseres de la época. Particular interés tienen el inmenso palomar de adobe, la bodega, la almazara y la gran prensa de aceite instalada en el corral.

El Museo de Humor Gráfico Dulcinea alberga ilustraciones humorísticas sobre temas del Quijote, cuyos autores son famosos y reconocidos humoristas. Esta colección ha sido donada al pueblo de El Toboso por el humorista gráfico José Luis Martín Mena “Mena”, gran admirador de la obra de Cervantes.

En el Museo Cervantino se puede contemplar una valiosa colección de ediciones de El Quijote en varios idiomas, todas ellas regalo de diferentes personajes dedicadas de puño y letra al pueblo de El Toboso. En este Museo se encuentran ediciones muy antiguas y valiosas, desde la primera edición de Juan de la Cuesta en 1605, de la que se conserva un facsímil, a una reimpresión de la primera edición inglesa de 1620 por la Navarre Society traducida por Shelton.

Se conservan ediciones en los idiomas y dialectos más diversos. En cuanto a curiosidades, cabe destacar la edición de 1912 realizada en Irlanda en lengua celta o la de 1981 en islandés.

Gastronomía y Fiestas

El Toboso ofrece una cocina directamente inspirada en El Quijote, que constituye un completo recetario de cocina. Entre los platos que se han mantenido hasta nuestros días, destacan el pisto manchego, elaborado a base de tomate picado, ajos, aceite y torreznos; las perdices en escabeche; el tiznao, a base de bacalao; los duelos y quebrantos, huevos con chorizo; las gachas; las migas y la caldereta de cordero.

Todo ello acompañado de los ricos vinos del lugar, con denominación de origen “La Mancha”. Tampoco se debe abandonar El Toboso sin probar los dulces (pelusas y pastas variadas) que venden las monjas clarisas a través del torno.

Las Fiestas de Carnaval de El Toboso, de gran colorido, tienen una importante participación popular, con desfiles de comparsas y concursos, bailes y la tradicional hoguera.

Cada año se celebran en El Toboso, en memoria de Cervantes, las Jornadas Cervantinas, en torno al 23 de abril, en las que se tratan temas cervantinos: representaciones de obras de teatro de Cervantes en la calle y se realizan conferencias, jornadas gastronómicas, conciertos y un gran número de actividades culturales. El fin de semana de Pentecostés se celebran las fiestas patronales en honor al Santísimo Cristo de la Humildad. En la procesión, los oferentes van agitando banderas delante del Cristo.

A finales de agosto, con motivo de la festividad de San Agustín del día 28, El Toboso vive durante cinco días sus fiestas estivales, con feria y verbenas populares.

Además, hay una ruta moto-quijotesca, donde se realizan visitas a lugares cervantinos, como Campo de Criptana, Mota del Cuervo o Pedro Muñoz.

Tierra de profunda tradición vinícola

Con una población de poco más de 2.000 habitantes, la actividad empresarial de El Toboso está marcada, en primer lugar, por la agricultura, especialmente posee una gran tradición vinícola, transmitida de padres a hijos, por lo que El Toboso ha alcanzado una posición sobresaliente en la región de La Mancha, encontrándose en el denominado triángulo de oro de la viticultura manchega.

El segundo punto fuerte empresarial se concentra en la hostelería. También destaca su artesanía: bordados en oro; trabajos en fibras vegetales como esparto, paja de trigo y anea; forja artística; madera y velas de cera.

La privilegiada situación geográfica de la que goza El Toboso, así como la gran afluencia de visitantes que acuden por su especial vinculación con la Ruta de Don Quijote, permiten a este pueblo toledano ser un inmejorable centro de exposición y venta de toda la artesanía manchega.

Pago de Guzque: unos caldos elaborados con las mejores uvas cultivadas en El Toboso

Entre las extensiones de cultivo de viñedo de El Toboso destaca la Finca Monte Guzque de la familia Ramírez Ludeña, que hace unos años inició un proceso innovador realizando una serie de pruebas novedosas en parte del viñedo para mejorar la calidad de su producción.

Con el fin de ampliar la gama varietal y aportar diversidad al conjunto de la finca, se incorporó al viñedo la variedad Graciano, muy utilizada en La Rioja como complemento del Tempranillo. La selección de los mejores clones y las condiciones medioambientales de la finca han hecho posible la elaboración de uno de los vinos más finos y elegantes de la comarca: Pago de Guzque.

De momento, se han hecho dos elaboraciones diferenciadas: Graciano 2006 “Z”, primer vino de esta variedad en la comarca, es un vino muy concentrado y espeso con seis meses en barrica y color rojo púrpura de alta intensidad; y Graciano 2006 “Ñ”, continuidad del anterior del que se diferencia por el hecho de haber estado doce meses en barrica.

Además, con la producción de 2007 de la variedad blanca Sauvignon Blanc, se ha elaborado un vino alegre, suave y de trago fácil y ágil: Aire de Guzque, un vino blanco cien por cien Sauvignon Blanc, cuyo proceso de elaboración y embotellado ha sido realizado, al igual que los vinos de la línea Graciano, bajo la dirección técnica del prestigioso y reconocido enólogo Juan Fuentes Rus.

Más información en la web del Ayuntamiento de El Toboso: www.eltoboso.es