Un hayedo de singular belleza en la Región

La importancia del Parque Natural del Hayedo de Tejera Negra no reside en su extensión sino en su localización, en el centro peninsular, pues los hayedos son característicos de las montañas húmedas situadas más al norte de las latitudes en las que se encuentra, que en España coinciden con el eje cantábrico - perinaico.

Su presencia en la zona centro de España se debe a que es un bosque relíctico, que se estableció en épocas anteriores en que el clima era más frío y húmedo que en la actualidad y que se ha conservado en los valles más umbríos, donde la topografía favorece la formación de nieblas y mayores precipitaciones. Este hayedo constituye, junto con el de Montejo de la Sierra en la Sierra norte de Madrid; Riofrío de Riaza, en la provincia de Segovia; y los puertos de Beceite, en Teruel, las manifestaciones más al sur de la península ibérica de este tipo de bosques.

El Parque cuenta con un Centro de Interpretación y Educación Ambiental. Es conveniente realizar una reserva previa para los meses de otoño ya que la afluencia de público aumenta en estas fechas y los sitios de aparcamiento son limitados, de esta forma las visitas están controladas para una mejor gestión del Parque.

El paisaje que se puede disfrutar desde la llegada al Parque es un valle fluvial con vegetación de robledal y de pinos silvestres procedentes de repoblación, matorrales de diversas especies y praderas junto al río Lillas.

Además del río Lillas, el Parque comprende el tramo alto del valle del río Zarzas, que discurre en paralelo al valle del otro río.

Las cabeceras de los ríos son flanquedas por altas y afiladas crestas rocosas con altitudes entre 1.900 y 2.000 metros.

El hayedo fue talado a mata rasa al menos en dos ocasiones (1860 y 1960). Por ello, los ejemplares de haya que pueden verse hoy en día son relativamente jóvenes, procedentes del rebrote de los tocones de árboles cortados, aunque en algunas zonas existen ejemplares de más de 300 años. Los cambios de tonalidad a lo largo de las estaciones del año dan al hayedo una gran vistosidad. Tras un largo pe-ríodo de reposo invernal, de unos siete meses, en los que las hayas se encuentran sin hojas, brotan nuevas a mediados del mes de mayo, de color verde claro, que según van madurando tornan a verde oscuro.

El encanto del bosque umbrío

La disposición de las ramas y hojas de las hayas, perpendiculares a los rayos del sol, no permiten casi la entrada de la luz solar, lo que convierte a este tipo de bosque en un lugar sombrío. Sin embargo, la poca luz que se filtra a través de sus hojas crean un ambiente de gran belleza. En otoño aparecen los colores característicos del hayedo, hojas de tonalidades amarillas, rojizas y marrones, teniendo su momento álgido normalmente en octubre.

A partir de noviembre, la capa de hojas caídas al suelo, junto con las lluvias otoñales confiere a los hayedos otro aspecto, en el que destaca el contraste de sus troncos blanquecinos cubiertos por musgo y líquenes, contra los tonos marrones del suelo cubierto por la hojarasca.

En este tipo de sitio donde la neblina y la humedad son las reinas y las setas parecen salir por recónditos huecos de entre las raíces de los árboles, es fácil pensar que este puede ser un lugar idóneo para imaginarse otros mundos de fantasía.

Pero no solo las hayas conforman la belleza de este Parque: los robles presentes desde la entrada del mismo, y que cubren las laderas de gran parte del parque, con sus tonos verde claro, que en otoño tornan más pardos, más amarillentos que los de las hayas. Existen otros árboles, más escasos, como los serbales o abedules.

El suelo del Parque también tiene su encanto.

Los terrenos están formados predominantemente por pizarras y cuarcitas.

Son suelos de carácter ácido, pobres en sustancias nutritivas y ricos en materia semidescompuesta, arenosos y con abundante pedregosidad.

Un clima único en Castilla-La Mancha

Lo que caracteriza a este enclave y le da peculiaridad florística, es la presencia de un clima más próximo a los del Atlántico centroeuropeos que al clima mediterráneo presente en Castilla-La Mancha.

De hecho, la presencia de la haya sólo es explicable por estas condiciones climáticas únicas.

La característica climática más transcendente de este enclave, además de su elevada precipitación (1.000 milímetros de lluvia al año) es, sin duda, la ausencia de sequía estival.

Durante el verano, son muy frecuentes las tormentas y los días de niebla que aportan humedad ambiental muy del gusto de la haya.

En cuanto a las temperaturas, los veranos son suaves y frescos, y los inviernos muy fríos y duros, con frecuentes nevadas.

A través de sus diversas rutas se ofrece información sobre ecosistemas, flora y fauna del Parque

Una de las sendas para realizar a pie es la “Senda de las Carretas”. Esta ruta esta diseñada para realizarla en dos o tres horas y tiene una distancia total de seis kilómetros. Se llama de esta forma ya que antiguamente se utilizaba para bajar por ella en carros, el carbón obtenido en el hayedo. Se visita también la carbonera donde se informa a los senderistas como se obtenía el carbón.

Es de carácter circular, siendo el punto de inicio y final el aparcamiento. Durante la ruta pueden realizarse bellas fotos en los miradores de la Castilla y del Ortigal. En otra de las paradas de la ruta, la pradera de Matarredonda, se puede disfrutar de una bonita panorámica del hayedo. La Senda está señalizada con balizas de madera con una banda blanca.

Otra de las rutas para disfrutar del Parque es la del río Zarzas. Esta senda es idónea para realizarla en bicicleta, ya que tiene un recorrido de 21 km. Está señalizada con balizas de madera con bandas rojas. Al igual que la otra senda, es circular. Además, ambas pistas conducen directamente al Centro de Interpretación. Esta ruta atraviesa el río Lillas y permite contemplar el bosque mixto de robles y pinos, entre los que se vislumbra algún ejemplar de haya. Si se continúa por la pista sin coger el desvío final, se puede llegar a la Pradera del Guijo. A lo largo del camino se pueden ver diferentes barrancos, siendo el más espectacular, por su variedad de especies y policromía en época otoñal, el barranco de Tejera Negra.

Durante el recorrido de ambas rutas se pueden observar paneles interpretativos que ofrecen información sobre ecosistemas, flora y fauna del Parque Natural de Tejera Negra.

Existe otra senda para realizar a pie: “La Senda del Robledal”, de 17 km de longitud.

Diferentes hábitats dan cobijo a muchos animales

El Parque cuenta con una amplia variedad de hábitats, siendo los roquedos de las zonas más altas los más pobres faunísticamente, por sus duras condiciones ambientales.

Sin embargo, aunque existan estas duras condiciones de vida, podemos encontrar diferentes especies de lagartijas como el lagarto verdinegro, que es el reptil que más abunda en la zona.

También pueden observarse liebres ibéricas, chovas piquirrojas, aviones roqueros, y vencejos en primavera-verano. Los buitres leopardos también frecuentan este hábitat.

Al descender de los roquedos comienzan los hábitats boscosos, dentro de los cuales los bosques mixtos son los más ricos en fauna.

Entre las aves predominan las insectívoras: como los carboneros garrapinos, carboneros comunes, mitos, herrerillos comunes, pinzones vulgares, reyezuelos listados y trepadores azules.

Aunque es difícil de ver, también hay aves predadoras como el gavilán, y cárabos y búhos chicos, estos dos tipos de aves sólo salen por la noche.

Algunos de los mamíferos terrestres que pueblan los bosques del Parque son lirones caretos, comadrejas, gatos monteses, jabalíes, corzos y tejones.

Hay que destacar la gran variedad de murciélagos, que con nueve especies representadas hacen que el Parque del Hayedo sea uno de los espacios, a nivel autonómico, más importantes en cuanto a mamíferos voladores.

En las praderas y bosquetes, a orillas de los ríos y arroyos, destacan dos aves: los mirlos, que enseguida cantan ante la presencia humana, y las lavanderas, reconocibles por el movimiento rápido de sus colas cuando están posadas en el suelo.

Dentro de los mamíferos acuáticos pueden observarse nutrias y el musgaño de cabrera. Las truchas comúnes son la base alimenticia de estos mamíferos.

Varios anfibios completan la fauna en estas zonas más húmedas cercanas a los ríos.

Una flora variada donde predominan las hayas

El mayor atractivo del Parque lo constituye la masa forestal de hayas, una de las más meridionales de la península, con una extensión de cerca de 400 hectáreas.

Estas masas han sobrevivido, en los lugares más inaccesibles, a la obtención de leña y carbón vegetal, así como a la roturación con objeto de crear pastizales para el ganado.

La gran mayoría de masas arbóreas son especies protegidas en Castilla-La Mancha.

El melojo y el pino silvestre también forman masas boscosas, principalmente en exposiciones de solana, de manera natural el primero y procedente de repoblaciones el segundo.

No hay que olvidarse de los tejos y abedules, que de manera aislada o en pequeños grupos salpican aquellas zonas con mayor humedad edáfica.

Por encima de las masas arbóreas sólo las formaciones arbustivas de brezos, junto con las subarbustivas de arándanos, enebros rastreros y gayuba, soportan las duras condiciones reinantes, protegiendo los suelos donde se asientan de fenómenos erosivos.

En los espacios abiertos de hayedos, rebollares y pinares se pueden encontrar matorrales de leguminosas de tipo retamoide como la retama negra y la retama blanca, junto con brezos rosados y brezos blancos de hasta dos metros.

En los lugares más degradados y de suelos más pobres es la estepa la especie matorral dominante. Por último, resaltar la gran variedad de hongos que crecen en el hayedo, destacando de entre ellos el boleto (boletus edulis), con el pie grueso de color blanquecino a marrón claro y sombrero con cutícula de color marrón que fructifica al final del verano y durante el otoño.

Tanto las setas como los líquenes que crecen en el suelo del Hayedo son bioindicadores de ecosistemas bien conservados.

La recolección de setas comestibles está prohibida en todo el Parque.

Hábitats protegidos

En el Parque los siguientes hábitas están protegidos por la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha: bosques relícticos eurosiberianos (hayedos, abedulares y tejeras), rebollares ayllonenses, piornales, brezales higrófilos e higroturbosos, pastizales psicroxerófilos, cervunales, praderas de diente, turberas ácidas, comunidades megafórbicas de montaña, comunidades rupícolas, y comunidades glerícolas silicícolas de montaña.

La Sierra del Ayllón, un paraje de gran belleza

Cercano al Parque Natural se encuentra el pueblo de Cantalojas, en la Sierra del Ayllón, pequeño municipio rodeado de bellísimos paisajes naturales de excepcional valor botánico y faunístico.

De su núcleo urbano destaca su iglesia parroquial, reformada totalmente en el siglo XVII. De importancia histórica son los restos de su castillo, edificación árabe con orígenes de castro ibérico.

Cantalojas está incluida en la Ruta 25 “Escapadas para viajar con niños” con las que los más pequeños de la casa podrán divertirse y gozar de experiencias extraordinarias en lugares que a sus ojos resultarán mágicos. Esta guía fue presentada este año en la Feria Internacional de Turismo (FITUR).

Con motivo del Santo Patron de Cantalojas se celebran las fiestas los días 14 y 15 de Agosto, siendo el día 14 Ntra. Señora de la Asunción, y el día 15 de Agosto San Julián, Santo patrón de la Iglesia Parroquial.

En este bello pueblo pueden encontrarse diversos establecimientos rurales para hospedarse y el Camping de Cantalojas.

Además, esta localidad ofrece una amplia oferta gastronómica con la cocina tradicional de Guadalajara. Consideración destacada tienen, por su aportación culinaria, los hongos que se producen en la zona con las setas de cardo y los níscalos, pero los más apreciados son los boletos, en torno a la Sierra del Ayllón.

Migas serranas y gachas, que se acompañan de chorizo, torreznos y huevo frito, o unas judías con chorizo, oreja y morro -también las hay con liebre-, dan paso a los asados de cordero o cabrito, acompañado del “breve”, aliño elaborado con plantas aromáticas de la zona, bien regado con el vino apropiado.

En el término municipal de Cantalojas se encuentra el pueblo abandonado de Villacadima donde podemos admirar su magnífica iglesia parroquial de estilo románico declarada Monumento Nacional. Destaca su portada.

Para la correcta preservación del Parque es necesario cumplir las normas y recomendaciones

Al Parque se accede desde el pueblo de Cantalojas. Hay que tomar una pista asfaltada que conduce al Centro de Interpretación, situado a 2,5 kilómetros. Después esta pista pasa a ser de tierra, para llegar al aparcamiento. La pista es apta para automóviles y microbuses pero no para autobuses.

Sólo en los períodos de mayor afluencia (festivos, fines de semana en octubre y noviembre y Semana Santa) es necesario reservar plaza en el aparcamiento. Una novedad es que las reservas pueden hacerse a través de Internet en la página de la Junta de Comunidades, www.jccm.es.

Se recomienda llevar calzado adecuado para la montaña y un chubasquero por si llueve, además de agua y algo de comer ya que dentro del Parque no hay merenderos.

Existe la posibilidad de realizar visitas guiadas y de poder pedir prestado libros de interpretación.

No esta permitida la acampada ni la recolección de hongos o plantas. Como en todos los parques de Castilla-La Mancha está prohibido encender fuego.

Para la correcta preservación del entorno natural de este Parque es necesario cumplir con todas normas de comportamiento y las recomendaciones que den los guías del Parque. El Hayedo de Tejera Negra es un lugar único, con un encanto especial y está abierto a todo el público que desee conocer un enclave poco típico del clima mediterráneo.