Con la ejecución de las etapas 8 (Belmonte-Belmonte), 9 (Belmonte-Carrascosa de Haro) y 10 (Carrascosa de Haro-San Clemente), culminamos este largo tramo que comenzamos en Toledo, Ciudad Patrimonio de la Humanidad. En estas tres etapas, que transcurren en su totalidad en la provincia de Cuenca, visitaremos poblaciones donde todavía se puede percibir el esplendor y la importancia que adquirieron en el pasado, como Belmonte, con su magnífico Castillo y su bella Colegiata; Villaescusa de Haro, la ciudad de los 10 obispos, con un conjunto urbano de máximo interés por los numerosos restos romanos, godos y musulmanes que en él han aparecido, y magníficas edificaciones, entre las que destaca el Ayuntamiento, numerosas casas señoriales y la Colegiata; y San Clemente, señorial y elegante villa manchega, resumen del espíritu artístico del Renacimiento castellano, que aquí se reflejó de manera espléndida y admirable, por lo que el recorrido por sus calles proporciona la oportunidad de conocer una villa renacentista.
Pero para culminar este tramo debemos de visitar pequeñas poblaciones en las que está reflejada fielmente la austeridad de los pueblos de La Mancha. Atravesaremos, junto a los viñedos que nos han acompañado a lo largo de todas las etapas, zonas donde el ajo es el cultivo principal y de reconocida calidad a nivel mundial, con la Denominación de Origen “Ajo Morado de Las Pedroñeras”. Así mismo, localidades como La Alberca del Záncara producen excelentes quesos Denominación de Origen “Manchego”.
La poblaciones por las que discurren las etapas que visitaremos son: Belmonte, Villaescusa de Haro, Osa de la Vega, Fuentelespino de Haro, Rada de Haro, Carrascosa de Haro, La Alberca del Záncara y San Clemente. Las etapas anteriores a este tramo las pueden encontrar en las revistas número 57, 60, 61 y 62 de La Cerca.
Tras la visita a Belmonte, del que ya informamos ampliamente en el número 62 de La Cerca, la ruta atraviesa zonas de monte, con una sucesión de leves subidas y bajadas. Aquí abundan las aves y especies de caza. En esta etapa visitaremos Villaescusa de Haro, Osa de la Vega y Fuentelespino.
Villaescusa es una hermosa población con restos romanos y una magnífica arquitectura medieval y renacentista.
Se parte de Belmonte hacia el cerro de San Antón, camino del cementerio por una zona de pinares, y en tan sólo cinco kilómetros llegamos a Villaescusa de Haro, entrando por una zona de chopos y olmos, donde encontramos un antiguo lavadero y unas ruinas de termas romanas.
Villaescusa de Haro es un pequeño pueblo de la provincia de Cuenca. Por los restos antiguos encontrados en los alrededores se calcula que los primeros pobladores aparecieron por los años 200 ó 150 a. d. C., a mediados de la dominación cartaginesa o principios de la romana. El primer nombre que tuvo fue “Fuente Breñosa” (fuente escondida entre la maleza).
Durante la Alta Edad Media había un pequeño núcleo de población árabe, que hasta la repoblación cristiana fue aldea de la antigua población de Haro. Haro era un pueblo que surgió en la ribera del Záncara, a los pies del castillo de Haro que fundó don Diego López de Haro, quien fue alférez mayor del rey Alfonso VIII (conquistador de la ciudad de Cuenca) y señor de Vizcaya. A la muerte de don Diego todo el territorio con el sobrenombre de Haro -Carrascosa de Haro, Fuentelespino de Haro, Rada de Haro y Villaescusa de Haro- pasó a la Orden de Santiago, a la que perteneció hasta su desaparición, excepto una breve etapa en la que dependió del infante Manuel, hijo de Alfonso X el Sabio.
La población fue aumentando hasta el punto que en el año 1349, por privilegio despachado por el entonces Maestre de Santiago, el infante don Fadrique, pasó a tener jurisdicción propia, separándose de Haro, con el título de Villa y el Fuero de su nombre, con todo el territorio de la tierra de Haro. De esta época aún perduran restos de la cerca, una torre y el antiguo Hospital.
Villaescusa de Haro se vio involucrada en las disputas entre el Marqués de Villena (defensor de la causa de Juana La Beltraneja) e Isabel La Católica, ya que la villa tomó partido por doña Isabel.
Los Reyes Católicos por un privilegio otorgado en Sevilla el 20 de Abril de 1477 la hicieron libre y exenta de los tributos del Pedido y del Pedroso y de la Moneda Forera.
De esta época data el esplendor del pueblo y es cuando comienzan a construirse los edificios que en la actualidad conforman el tesoro monumental y artístico. También son de esta época (Siglos XV al XVII) los 10 obispos nacidos en Villaescusa de Haro (Villaescusa es conocida como la ciudad de los 10 obispos). Durante el siglo XIX, al igual que en el resto de España, se produce la decadencia de Villaescusa de Haro.
Así, ya en 1904 no se rige por sus ordenanzas especiales y no goza de privilegios.
El conjunto urbano es de máximo interés por los numerosos restos romanos, godos y musulmanes que en él han aparecido. Magníficas edificaciones, entre las que destaca el Ayuntamiento, numerosas casas señoriales y la Colegiata.
Iglesia Parroquial de San Pedro Apóstol. La actual Iglesia Parroquial data de la segunda mitad del siglo XVI. Es de planta de cruz latina, de tres naves, la central más ancha, con tres tramos de bóveda de arista que sostienen arcos formeros de yeso (la del crucero arcos torales de piedra), todo ello sobre unas enormes columnas toscanas, cuatro exentas y cuatro adosadas a los muros. Las naves laterales las encabezan sendas capillas con bóveda de media naranja. Suelen calificarla también de “iglesia tipo salón”. De la primitiva traza de la iglesia apenas quedan restos visibles. Aunque de época anterior al siglo XVI sí se conserva la Capilla de San Andrés (fundada por el licenciado don Gonzalo Fernández Gallego, alcalde de Corte y del Consejo de los Reyes Católicos) y la de San Pedro y San Pablo (fundada por el comendador don Martín Fernández Ramírez de Villaescusa), además de la Capilla de la Asunción (fundada por el obispo don Diego Ramírez de Villaescusa en 1507).
El retablo del altar mayor de estilo barroco tardío, construido por los años 1780 y 1785, está dedicado a San Pedro.
Fue declarada Monumento Nacional en el año 1931 por tener la bellísima Capilla de la Asunción.
La Capilla de la Asunción es la joya de Villaescusa de Haro. Fue mandada construir por don Diego Ramírez de Villaescusa a finales del siglo XV para enterramiento de sus padres y familiares representados como estatuas orantes. Es de estilo gótico-isabelino y en su construcción intervinieron los mejores artífices de la época: Simón de Colonia en la arquitectura, Felipe Vigarny en la escultura y fray Francisco de Salamanca en la rejería.
Fue dotada de toda clase de ornamentos y vasos sagrados. Entre ellos destaca una custodia de Becerril que en la actualidad se halla en el Museo Diocesano de Cuenca. Toda la capilla está ricamente decorada. Destaca sobre todo el retablo.
Convento de las Justinianas. Desmembrado en la Desamortización de Mendizábal, sólo queda de él la nave de la iglesia y el oratorio de clausura. En la fachada conserva escudos episcopales orlados en piedra, con motivos grotescos.
Antigua Universidad. Edificio del Renacimiento construido a finales del siglo XV y principios del XVI para Universidad del Centro y Sur de España, posteriormente sustituido por la Universidad de Alcalá de Henares. Es de Planta rectangular construida en mampostería con sillares en esquinas y rematada con cornisa de piedra moldurada. Hoy cumple funciones de vivienda y Palacio Rural.
Castillo de Haro. El Castillo de Haro se eleva a varios kilómetros de la población a orillas del río Záncara. Es de trazo renacentista de los siglos XV y XVI. De planta cuadrada, con cubos en cada esquina y con un patio central. La fábrica es de cal y canto recubierta de sillarejo y uno de los cubos es de mayor altura que los otros. Quedan restos apreciables de un segundo recinto amurallado, igualmente con torres circulares en los ángulos. Se trata de una barrera con cañoneras en forma de grandes buzones.
Casa señorial de La Encomienda. Es de planta cuadrada con tres alturas y sótano. Está organizada en torno a un patio común, con grandes chimeneas adosadas, escalera de acceso y, bajo su meseta, capilla de la comunidad. De gran interés por su disposición espacial formal y funcional. Actualmente en mal estado.
Convento de los Dominicos de la Santa Cruz. La construcción de este edificio, que en su día fue considerado como uno de los mejores de España, data del año 1.539, aunque su construcción se prolongó durante todo el siglo posterior. El edificio es de influencia plateresca, notándose sobre todo en la decoración de las distintas columnas, pilastras y los motivos decorativos. Tras la desamortización de Mendizábal, el edificio quedó abandonado y sus materiales se utilizaron en la reconstrucción del castillo del Belmonte. En la actualidad sólo se conservan algunas ruinas y la portada de su iglesia.
Palacio de los Ramírez. Reciéntemente restaurado, es sede del Ayuntamiento. Su portada está flanqueada por columnas de orden dórico adosadas. Ménsula que aloja en la parte superior una balconada con adintelado coronado en la clave por un escudo de armas. Magnífica rejería en balconada y fenestración adyacente. Mampostería con sillería en las esquinas.
Pósito. Del siglo XVI. Fue fundado como pósito y utilizado más tarde como cárcel, peso y ayuntamiento. Tiene forma de “ele”, con dos alturas y mampostería con sillería en las esquinas. Está presidido por el escudo episcopal de la Casa de Haro. Posee una magnífica rejería.
Ermita de Santa Bárbara. Con bóveda de crucería de muy bajo arranque y mampostería reforzada en esquinas. Se puede apreciar en la portada de acceso un arco apuntado, en la actualidad cegado, bajo el cual se sitúa un óculo abocinado.
En sus inmediaciones encontramos varios espacios naturales como la laguna de los Capellanes, humedal de importancia local o regional, según la Confederación Hidrográfica del Guadiana (CHG); la fuente del Cabalgaor, manantial de agua potable natural a 2 kilómetros del municipio, y la bella vega del río Záncara. Dentro del municipio se encuentra una zona verde recreativa, La Pesquera.
Salimos de Villaescusa en dirección al cerrillo de la Cruz, donde se hallan las ruinas de tres molinos. Desde ahí el camino transcurre por zonas de cultivo para entrar luego en zona de monte bajo lleno de encinas. A 10 Km llegamos a Osa de la Vega.
El nombre de Osa viene derivado de la palabra “fosa u hoyo” y hace alusión a la explotación minera de origen romano de “espejuelo” (yeso cristalizado, cuyo nombre es “lapis especularis”) que utilizaban en la antigüedad como cristales en las viviendas. Estas minas eran únicas en el antiguo mundo y fueron el sostén económico de la ciudad romana de Segóbriga.
Además de estas minas existen vestigios, en los alrededores del pueblo, de construcciones de época romana y celtibérica, lo que idea de la antigüedad de esta localidad.
Con el transcurso de los siglos, encontramos los primeros documentos relacionados con este pueblo y que son los referidos a la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, que data del siglo XVII. Aunque se trata de un edificio que ha sufrido diversas transformaciones y que en su origen debe de tratarse de un edificio mucho más antiguo. La Iglesia contiene elementos de estilo gótico y plateresco, así como otros estilos posteriores.
Junto al Ayuntamiento destaca el monumento dedicado a Gregorio Catalán Valero, nacido en Osa de la Vega y héroe de Baler (Filipinas).
Merece citarse el protagonismo del pueblo en el triste caso de error judicial acaecido a principios del presente siglo y que se llamó “El Crimen de Cuenca”. En este oscuro episodio dos inocentes fueron acusados y condenados por un crimen que nunca existió. Eso dio lugar a la película del mismo nombre que se realizó en 1979 por la desaparecida directora Pilar Miró.
Sus 640 habitantes, dedicados principalmente a la agricultura, celebran sus fiestas patronales el 25 de abril y el 15 de mayo.
Salimos de Osa de la Vega en paralelo a la CM-3108. Ascendemos por un pequeño monte que no presenta demasiada dificultad. El último tramo se transforma en vereda, sólo transitable a pie. En el Kilómetro 26 entramos a Fuentelespino de Haro.
Con el nombre de Fuente del Espino se llamó al núcleo de repoblación surgido en torno a una fuente rodeada de espinos y abrojos, característica principal que definía a su entorno.
El sobrenombre de Haro se le impuso para diferenciarle de otros lugares llamados con el mismo nombre y por pertenecer al señorío de Haro, fundado por don Diego López de Haro, quien instaló su feudo en la población así llamada durante el reinado de Alfonso VIII, a finales del siglo XII. En esta época alcanza el nombre de “villa”. Posteriormente en el año 1802 sigue siendo una villa con un alcalde ordinario y “Realengo” con un total de 186 vecinos.
Desde mediados del siglo XIX hasta mediados del XX, los diferentes factores sociales e históricos van a llevar a Fuentelespino de Haro a un progresivo decaimiento.
Actualmente cuenta con una población aproximada de 300 habitantes, en su mayoría hombres y de edad superior a cuarenta años. Su actividad principal es la agricultura y la ganadería.
La fiesta más importante es la de San Antonio, el trece de junio. En ella se realizan procesiones con el santo por todo el pueblo y se va parando en las puertas para que suban en las andas a los más pequeños de la casa dando un donativo a cambio. Le sigue en importancia la fiesta del 27 de octubre “Corpus Christi” y el día quince de mayo se celebra San Isidro como pueblo agrícola que es.
Los edificios públicos existentes son: la escuela, el ayuntamiento, la iglesia dedicada a San Pedro Apóstol, el centro de salud, el centro social y polivalente y la biblioteca.
Partimos de Fuentelespino de Haro en dirección de nuevo a Villaescusa de Haro. El primer trecho por la CM-3009 hacia Villar del Saz. En el Kilómetro 34,5 nos encontramos frente a las ruinas del Castillo de Haro. Desde aquí parte la etapa 9, que llega a Carrascosa de Haro.
Por el camino encontramos la pequeña laguna de Capellanes y, más adelante, entramos en zona de monte, donde podemos encontrar encinas con más de 200 años. Entre leves subidas y bajadas, atravesando campos de cultivo, vemos chozos, pequeñas construcciones de piedra utilizadas por los campesinos. En el kilómetro 44,5 se llega a Villaescusa y desde allí retornamos a Belmonte.
La ruta atraviesa en su mayor parte monte, con leves pendientes. Visita imprescindible es el castillo de Belmonte y, también junto al río Záncara, el Castillo de Haro, hoy abandonado. Se atraviesan zonas pedregosas de monte que pueden dificultar el camino a los cicloturistas. Las poblaciones a visitar en esta etapa son Rada de Haro y Carrascosa de Haro.
Después de la obligada visita a Belmonte, de la cual ya les informamos en el número 62 de la revista La Cerca, partimos por una zona de monte hacia Rada de Haro, antes de llegar a esta localidad pasaremos por una pequeña y pintoresca finca llamada “El Tomillo Feliz”, planta que abunda en el lugar.
Rada de Haro es una pequeña localidad de 62 habitantes incrustada en el monte, que celebra sus fiestas el 5 de mayo y el 16 de agosto.
De su patrimonio destaca la iglesia parroquial de la Asunción. Edificio de mampostería con grandes esquinales de sillares de arenisca rojiza y muros de gran altura faltos de vanos con óculo a cada lado. Puerta de medio punto sobre la que descansa una hornacina con restos de la imagen de la Virgen en piedra. Espadaña de sillería con cornisa corrida y pináculos de bola. El interior es de planta de cruz latina con cabecera y brazos muy poco profundos. El crucero tiene bóveda vaída y el resto de la techumbre es de lunetos. Tiene pilastras compuestas con arcos rebajados sobre los que se apoyan la cornisa de moldura.
A la salida de Rada de Haro pasamos junto a un antiguo abrevadero de ganado. En el Kilómetro 18 se inicia un descenso por una pendiente empinada, hasta dar con un lugar llamado Molino Blanco, donde hay un descansadero y un molino de agua al borde del río. En las Relaciones de Felipe II ya se cita este molino que en la actualidad está restaurado y puede moler en cualquier momento, ya que conserva toda la maquinaria original en perfecto estado, aunque su verdadera finalidad sea ahora turística y cultural. Para visitarse sólo es necesario ponerse en contacto con la propietaria. En este punto hay una bifurcación de la ruta, en dirección norte que enlaza con la etapa 8.
En el Kilómetro 29 atravesamos un pequeño puente muy pintoresco que cruza el río Záncara y, seguidamente, llegamos al Castillo de Haro, que ya visitamos en la etapa 8. Tras la observación del castillo, desandamos el camino hasta la bifurcación de Molino Blanco y, siguiendo el curso del río Záncara hacia el sur, llegamos a Carrascosa de Haro en el kilómetro 46.
El pueblo está ubicado en una pequeña elevación que domina la parte izquierda de la fértil vega del río Záncara que se extiende a sus pies. A lo largo del río existen varias fincas dedicadas principalmente a cultivos de regadío y a la ganadería, -ocupación de la población activa-; algunas de ellas en su origen fueron molinos de agua.
Carrascosa de Haro es un pueblo pequeño, de unos 170 habitantes, de los cuales unos 60 son jubilados. Carrascosa significa lugar poblado de carrascas. Su segundo apelativo, de Haro, se debe por pertenecer al territorio del Castillo de Haro, del que dependía. El Señorío de Haro fue concedido por el rey Alfonso VIII, conquistador de Cuenca, a su alférez mayor, don Diego López de Haro, como recompensa tras la batalla de las Navas de Tolosa, para repoblamiento y defensa del territorio de la parte alta del valle del Záncara que había sido conquistado a los almohades. Posteriormente perteneció al Priorato de Uclés, de la Orden de Santiago. A finales del siglo XVII o principios del XVIII se constituyó en villa con concejo propio, independizándose en lo civil de Villaescusa y en lo religioso de Villar de la Encina.
En esta pequeña localidad destaca La Iglesia Parroquial de forma rectangular con una capilla adosada. Su construcción marca dos épocas muy diferenciadas, pero, al haber sido destruido el archivo parroquial en 1936, no hay datos que lo confirmen. Quizás la capilla formara parte de la primitiva iglesia construida en el siglo XVI y, posteriormente, ya a finales del siglo XVIII, fuera por hundimiento o por necesidad, se construyó la nave principal que, aunque muy sólida y de buena volumetría, es pobre y sencilla. La torre debió construirse muy entrado el siglo XIX.
Una nota curiosa es la del reloj de la torre, hoy todavía en funcionamiento, y que, según cuentan algunos ancianos, fue regalo del conde de Romanones, con el fin de comprar votos en algunas de las elecciones a las que se presentaba.
Esta etapa recorre zonas típicamente rurales de La Mancha, con vestigios de caseríos señoriales y paseos arbolados que atraviesan las fincas. Encontramos abundante caza menor, rapaces y avutardas. El camino es en su mayor parte ancho y no presenta dificultades para cicloturistas.
En esta etapa visitaremos las poblaciones de La Alberca del Záncara y San Clemente.
Se sale de Carrascosa de Haro por paseo arbolado y se sigue paralelo al río Záncara por un camino llano y sin dificultad flanqueado por almendros y encinas. A nuestro alrededor encontramos grandes plantaciones de ajos. En el Km 7,5 llegamos a las Casas de la Encomienda de Mendizábal, caserío señorial de tres alturas y ventanas de sillería, actualmente deshabitado.
Tras cruzar la dehesa de Alcahoza, llegamos a La Alberca del Záncara.
Situado en la comarca del Záncara, este municipio de casi 2.000 habitantes conserva en sus calles la austeridad de los pueblos manchegos. Su economía está basada en el cultivo de ajos y es el centro productor de un queso manchego de prestigio internacional. En La Alberca de Záncara se celebran desde antaño fiestas de moros y cristianos, así como la feria, del 13 al 18 de septiembre.
En sus inmediaciones encontramos el paraje de Cerro de Motejón, no es espacio protegido, pero se tiene constancia de que fue una fortaleza árabe en la cual existía una fábrica de moneda y timbre.
En la plaza del Parador, se encuentra “La Chopa”, árbol centenario al que se le calcula una edad de 500 años.
La Fuente de la Vida. Se trata de una fuente-monumento de Julián Pérez Muñoz. Representa los valores humanos y laborales de las gentes de La Alberca del Záncara resumidos en cuatro pilares y representados en bajorrelieves. El monumento se remata con una esfera que incluye los signos zodiacales y que simboliza nuestro mundo y la universalidad de mujeres y hombres.
Fuente del Pilar. Fuente de origen romano, era una de las fuentes que se utilizaban para el abastecimiento de la calzada romana entre Cartagena y Segóbriga. Esta fuente abastecía al pueblo hasta hace poco tiempo, por lo que aparece en el escudo del municipio.
Ayuntamiento. Construcción del siglo XVI, en fábrica de sillarejo y mampostería. Tiene dos alturas y planta rectangular, ocupada en parte por arquería de medio punto cegada parcialmente. Antiguamente fue un hospital fundado por un vecino de esta villa llamado Juan López de Rus.
Iglesia de la Asunción. Construida a finales del siglo XV y principios del XVI. Consta de una sola nave de gran altura dividida en tres tramos por ocho finas pilastras semicirculares adosadas a la fábrica. Está cubierta interiormente por una nervadura laceada de estilo gótico tardío que forma hermosos diseños, uno distinto en cada tramo. A ambos lados se distribuyen unas capillas laterales. De especial interés es el extraordinario altar mayor en madera policromada, de dos cuerpos y de estilo renacentista.
Convento de Santa Ana. Este convento conserva la iglesia, que data de los siglos XVII y XVIII. Está formada por una sola nave de cruz latina. En su brazo izquierdo alberga la capilla de la Santa Cruz, donde se conservan y veneran los restos de fray Francisco de la Cruz. Esta capilla es de cruz latina, con cúpula y linterna. La iglesia tiene una espadaña de piedra sobre la entrada al convento.
Salimos de La Alberca del Záncara desde el cementerio atravesando un suave descenso que nos permite disfrutar de las bellas vistas de la comarca. En esta zona encontraremos abundante caza menor. En el kilómetro 31 visitaremos el popular santuario de la Virgen de Rus, centro de peregrinación y romería de toda la comarca. Continuando nuestro camino llegamos a San Clemente, donde encontrarán amplia información en el número 54 de la revista La Cerca.
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