De la época del Bronce a del reino visigodo

Aunque la primera mención escrita sobre Toledo data del año 192 a. C., gracias a la arqueología se sabe desde hace varios años que hubo un poblado agrícola-ganadero en la época del Bronce situado en el Cerro del Bu, al otro lado del río Tajo. Las investigaciones recientes han descubierto restos de viviendas de tipo cabañas en distintos puntos del casco histórico.

En la época romana ya era un lugar muy importante, donde la calzada que unía Caesaraugusta (Zaragoza) con Emerita Augusta (Mérida), se juntaba con el paso del Tajo hacia Hispalis y Bética, lo que favoreció su florecimiento en tiempos del Imperio Romano.

Aún se pueden ver restos de los templos, teatros, anfiteatros, una fuerte muralla así como caminos, puentes y un sistema hidráulico de abastecimiento y evacuación de aguas.

Según la extensión de las ruinas del circo romano, alrededor de 13.000 espectadores, cifra nada desdeñable en el siglo I d. C., podían asistir a las carreras de cuadrigas.

La desaparición del imperio romano y el crecimiento del reino franco acaban desplazando su capital primero a Barcino (Barcelona) y a Sevilla después para establecerse definitivamente en Toledo.

En Toledo se celebraban los Concilios, especie de Consejo de Estado para dirimir las cuestiones más importantes del reino, con la participación de los obispos. Entre el año 400 y el 711 tuvieron lugar en Toledo 17 concilios.

Ocupación árabe

Los monarcas visigodos eran electos entre la alta nobleza y jefes militares, lo que limitaba el poder del rey y, a menudo, originaba amenaza directa contra su vida. Varios de los últimos reyes murieron asesinados por sus rivales. En la última guerra contra el rey electo Rodrigo, los descendientes de su antecesor, Witiza, pidieron en el año 711 ayuda a los musulmanes, en plena expansión por el norte de África. La ayuda se convirtió en la ocupación de casi toda la Península Ibérica durante siglos.

Toledo dejó de ser capital, dependiendo del emirato de Córdoba, convertido luego en califato. Una sucesión de guerras civiles a principios del siglo XI dio lugar a la desmembración del califato y la creación de los llamados reinos de taifas, siendo el de Toleytola, bajo el gobierno de Al Mamun (1043-1075), uno de los más pujantes y en el que vivieron algunos de los más grandes historiadores, médicos, matemáticos y astrónomos, entre los que destacó Abu Isaac Ibrahim, Azarquiel, autor de las llamadas Tablas toledanas, que fijaban el meridiano en Toledo.

Aquella época también decidió para siempre los rasgos generales del urbanismo Toledano, con calles estrechas y tortuosas, adarves sin salida y casas volcadas en sus bellos patios interiores, verdaderos centros de la vida familiar y social.

Capital del Imperio Español de 1519 a 1561

En 1085 Alfonso VI reconquistó Toledo y se convirtió en una parte del reino de Castilla. El Rey prometió respetar todas las religiones, originando un intercambio cultural de gran importancia que posibilitó que durante el reinado de Alfonso X el Sabio se estableciera la Escuela de Traductores, foco de y conocimiento de toda Europa durante los siglos XII y XIII.

Las traducciones de textos árabes y judíos, al mismo tiempo que las traducciones de obras griegas, hicieron de Toledo un centro intelectual europeo. De estas obras traducidas, el resto de Europa podía adquirir conocimientos de la cultura musulmana y hebrea y las creencias, así como redescubrir las enseñanzas griegas clásicas.

Durante el siglo XIV, la calma que existía entre las tres culturas se empezó a desintegrar. Los problemas económicos y sociales empezaron a desarrollarse y la cohesión entre los pueblos empezó a desaparecer.

Los Reyes Católicos, Fernando de Aragón e Isabel de Castilla, distanciaron más a estas religiones que habían coexistido durante tanto tiempo, ya que en 1492 expulsaron a la comunidad judía que se instaló en Toledo en el período visigodo y los admitió posteriormente en una zona judía sólo si pagaban un impuesto.

Durante el reinado de Carlos I, en 1519, Toledo se convirtió en capital del Imperio Español hasta que Felipe II trasladó la Corte a Madrid, con lo que Toledo perdió su fuerza política y se inició su decadencia.

Capital de Castilla La Mancha

A partir del siglo XVII, Toledo pasa de ser una ciudad palaciega a ser una ciudad conventual. Proliferan las órdenes y congregaciones religiosas que en la mayoría de los casos estaban financiadas por la monarquía y la nobleza.

La ciudad empezó a declinar, epidemias y crisis tomaron la ciudad, la industria se descompuso y los palacios se hicieron propiedad de órdenes religiosas diversas.

La Guerra de la sucesión y la Guerra de la Independencia también dejaron sus marcas destructoras en la ciudad.

Durante el siglo XIX experimentó un crecimiento rápido con la incorporación de las vías del ferrocarril y la instalación de centrales de energías eléctricas sobre el río Tajo.

Después de la guerra civil, la ciudad empezó a crecer fuera de sus paredes y emprendió un nuevo periodo de su historia.

En 1986 fue declarada Ciudad Patrimonio de la Humanidad por sus valores paisajísticos, su entorno geográfico, el encajamiento del río, los cigarrales, las vegas, el emplazamiento de la ciudad migmatítica (rocas metamórficas muy antiguas) y sus miradores: La Granja, Virgen de Gracia, Santa Leocadia, San Cristóbal.

La ciudad de Toledo, además de ser una ciudad monumental declarada Patrimonio de la Humanidad, es una urbe dinámica en constante crecimiento, sede universitaria y capital de una comunidad autónoma en auge como es Castilla-La Mancha.

En los últimos años, ha experimentado un gran crecimiento que ha conllevado la creación de nuevos servicios, espacios y edificios de vanguardia que se conjugan con la tradición y su milenaria historia.

Un gran centro comercial y de ocio, los remontes mecánicos de acceso a la parte histórica de Toledo, el campus universitario de la Fábrica de Armas, el Centro Cultural de San Marcos o el Centro de Recepción de Turistas son un claro ejemplo.

La mejora de las comunicaciones por carretera, con una autovía y una autopista de peaje, o por tren con el AVE, la acercan un poco más a la capital de España, Madrid.

Toledo comienza a ser una gran ciudad donde la cultura, la historia y la innovación se dan la mano.

Alfonso VI reconquistó Toledo en 1805 y la convirtió en la Ciudad de las Tres Culturas

Toledo ha sido conocida siempre por ser la Ciudad de la Tolerancia o la Ciudad de las Tres Culturas, con la convivencia de judíos, musulmanes y cristianos. La ciudad nunca estuvo dividida de una manera clara por barrios de cada una de las religiones, pero sí existen zonas de una mayor influencia de cada una de ellas.

Fue cristiana desde el siglo IV, pasando por los más de trescientos años de convivencia de las tres religiones bajo la dominación musulmana, hasta la Reconquista. En el siglo XVII contaba con casi setenta edificios de usos eclesiásticos o afines, muchos de los cuales después de las desamortizaciones decimonónicas pasaron a tener usos civiles, privados o administrativos.

La estructura urbana de Toledo, con sus calles estrechas y sinuosas, es árabe. De la docena de mezquitas quedan dos, la del Cristo de la Luz, del año 999 y la de Tornerías, algo posterior. La mezquita mayor estaba en el emplazamiento actual de la catedral, pero parece ser que no fue un edificio notable, sólo espacioso para poder acoger a todos los habitantes varones.

Las puertas de Alfonso VI y Bisagra Vieja tienen estructuras árabes. La noria en la orilla del río Tajo es herencia de las técnicas de regadío. Pero sobre todo, la herencia más patente es la estética mudéjar en la arquitectura y decoración utilizada durante siglos en todo tipo de edificios, incluida la catedral.

Las dos únicas sinagogas que permanecen en pie actualmente inducen a llamar el barrio donde se encuentran la Judería, donde hubo mayor concentración de la población hebrea, aunque en realidad en la ciudad llegó a haber un total de diez. El comercio era una de las actividades principales de los judíos, que vivían encima de sus tiendas y talleres.

Espectacular muestra de arquitectura española

La Catedral de Toledo es quizá el edificio más representativo de la ciudad. En ella encontramos la huella de todos los estilos artísticos predominantes en la historia de España: estructura gótica en su construcción; yeserías y techos de traza árabe en la sala capitular; estilo barroco en su mágnifico Transparente; del neoclásico en la Puerta Llana, etc.

Su traza se debe al maestro Martín, que trabajó en Toledo desde 1227 hasta 1234, continuando su construcción el maestro Petrus Petri.

La planta es de cinco naves y las paredes están abiertas con ventanales y rosetones que lucen hermosas vidrieras, las más antiguas de las cuales datan del siglo XIV.

El centro del templo está ocupado por la Capilla Mayor y el Coro, separados ambos por el crucero. En la capilla es destacable el sepulcro renacentista del Cardenal Mendoza y los sepulcros reales de Alfonso VII y Berenguela, en un lado del presbiterio y los de Sancho y María de Molina en el otro.

Son muchas las capillas y dependencias de la catedral e innumerables las obras de arte que alojan.

Abundantes son asimismo las obras de orfebrería y joyería que guarda la catedral. También es muy importante el conjunto de pinturas, sobre todo la excelente colección conservada en la Sacristía, que cuenta con El Expolio y el Apostolado de El Greco, cuadros de Caravaggio, Ticiano, Van Dyck, Goya, Morales, Rubens y Bassano; a parte de los frescos que revisten las paredes de la Sala Capitular, de Juan de Borgoña, y los del techo de la Sacristía, de Lucas Giordano.

Completan el interés artístico de la catedral el claustro, de los siglos XIV y XV; la Puerta del Reloj, cuajada de figuras en sus tres arquivoltas, tímpano y parteluz; las tres portadas de la fachada principal -Puerta del Perdón, de la Torre y del Escribano-; y la Puerta de los Leones, en cuyas esculturas trabajaron Hannequín Egas y Cueman en el siglo XV.

Monasterio de San Juan de los Reyes

Ubicado en plena judería, el Monasterio de San Juan de los Reyes fue mandado construir por los Reyes Católicos en 1476 para conmemorar la victoria en la Batalla de Toro sobre las tropas portuguesas que defendían los derechos al trono de Juana la Beltraneja, así como para lugar de enterramiento, aunque finalmente los monarcas reposan en Granada.

Su construcción fue encargada a Juan Guas, el primero en ostentar el título de arquitecto real. La iglesia tiene una sola nave cubierta con bóvedas de crucería, con cúpula estrellada sobre el presbiterio, coro alto y capillas laterales entre los contrafuertes, destacando la abundante decoración que adorna el crucero y la capilla mayor.

A través de una pequeña puerta se accede al claustro, obra maestra de Enrique Egas, compuesto por cuatro alas abiertas a un patio a través de grandes ventanales de tracería flamígera, bordeados por un friso con decoración vegetal y animal. En la planta superior es notable la bella techumbre policromada que repite, como motivo ornamental, emblemas, armas e iniciales de Isabel y Fernando, realizado en estilo mudéjar.

En su fachada principal aparece la tradicional decoración isabelina, formada por estatuas, arquerías ciegas, pináculos y bolas.

Legado islámico

La antigua Mezquita de Bib-al-Mardum, también conocida como Mezquita o Ermita del Cristo de la Luz, está situada a la entrada de la ciudad por la Puerta de Bib-Al-Mardon, quizá la más antigua de la ciudad.

Fue uno de esos pequeños oratorios de barrio que se salvó de las demoliciones que llevaron a cabo los cristianos, se conserva casi intacta y constituye, por su originalidad, la más importante muestra del arte islámico en Toledo.

El edificio original es de planta casi cuadrada de época califal. Se levantó en el año 999 por el arquitecto Musa ibn Alí, según reza una inscripción en caracteres cúficos en la fachada principal.

En el siglo XII se le añadió una cabecera románico-mudéjar, formada por un ábside semicircular y presbiterio recto, y decorada interiormente con frescos románicos, para adaptarla al culto cristiano.

También de origen musulmán es la Puerta de Bisagra, de cuyo original conserva el núcleo central. Fue totalmente reconstruida bajo los reinados de Carlos V y Felipe II, según las trazas de Alonso de Covarrubias. Está formada por dos cuerpos independientes con dos altos muros almenados que los unen, formando un patio entre ellos.

El monumental cuerpo exterior está formado por un arco de triunfo de sillares almohadillados, sobre el que se apoya el gran escudo de la Ciudad Imperial, con su inconfundible águila bicéfala y flanqueado por dos grandes torreones semicirculares y almenados.

El cuerpo interior es de arco de medio punto flanqueado por torreones cuadrados coronados por chapiteles de cerámica, en una de cuyas caras aparece el escudo imperial de Carlos V.

El carácter monumental y no defensivo queda patente en la inversión de las troneras ubicadas casi a ras del suelo y sillares en relieve coronando las torres.

El Alcázar es uno de los símbolos de la ciudad y actual sede de la Biblioteca de Castilla-La Mancha

Su construcción se remonta a la época romana. Durante los reinados de Alfonso VI y Alfonso X el Sabio se rehace, dando origen al primer Alcázar de planta cuadrada con torres en los ángulos.

El actual edificio fue mandado construir por el emperador Carlos V. Su primer y principal arquitecto fue Alonso de Covarrubias desde 1545, pero en el patio intervino Villalpando y fue finalmente Juan de Herrera el autor de la monumental escalera bajo bóveda de cañón y la remodelación del ala meridional que la alberga.

Es un edificio de planta cuadrangular y patio central flanqueado por cuatro torres cuadradas y salientes. Las fachadas son desiguales en estilo y época, así la oeste es renacentista; la este, medieval con tres torreones cilíndricos y adarve almenado; la norte, plateresca; y la del sur, de estilo escurialense, fue levantada según planos de Juan de Herrera.

Tuvo diversos usos y sufrió varios incendios. El último, en 1887, antes de su casi total destrucción en septiembre de 1936. Su reconstrucción comenzaría en 1940, coronada en 1961 con la inauguración del monumento a los defensores del Alcázar durante la Guerra Civil, realizado por Juan de Ávalos. En la actualidad sus dependencias albergan la Bilioteca de Castilla-La Mancha y el Museo Nacional del Ejército, en fase de musealización, que ofrece una lección de historia militar a través de interesantes colecciones de artillería medieval, artillería de la época de los Austrias, de armas antiguas, entre ellas las procedentes de la Fábrica de Armas.

Muestras de la presencia judía en Toledo

Construida a finales del siglo XII, la Sinagoga de Santa María la Blanca guarda las características del mudéjar toledano. Probablemente se construyera para satisfacer las necesidades del culto de una comunidad floreciente y en constante aumento a causa de la afluencia a la ciudad de judíos provenientes de Al-Andalus tras la invasión almohade.

Recibió su nombre actual al convertirse en una iglesia de la Orden de Calatrava a principios del siglo XV, sirviendo actualmente sólo como monumento visitable en el que, además, se realizan actos y encuentros culturales.

La Sinagoga del Tránsito fue erigida en los años en que la comunidad judía gozaba de una posición inmejorable en el espectro social de la época, ocupando cargos de privilegio en la Administración y la Hacienda, recibiendo, incluso, la abierta protección del rey don Pedro, bajo cuyo mandato (1350-1369) cobraron las sinagogas un renovado auge.

Formó parte de un suntuoso palacio construido en el siglo XIV por encargo de Samuel Leví. Pensada como oratorio del palacio, con el que se comunicaba directamente, es la única estructura que ha sobrevivido del mismo y actualmente alberga el Museo Sefardí.

El edificio es en sí una síntesis de las tres culturas y exponente de la tradicional asimilación de la arquitectura local por las comunidades judías.

Gran atractivo patrimonial, turístico y gastronómico

Dada la inmensa riqueza patrimonial de Toledo, resulta imposible sintetizar los innumerables lugares de interés que posee y de tan variada naturaleza: iglesias, ermitas, museos, puertas y murallas, torres, puentes, restos romanos, etc.

La iglesia parroquial más visitada de toda la ciudad es la iglesia de Santo Tomé, por poseer el cuadro del Greco “El entierro del Señor Orgaz”.

Entre los puentes destacan el de Alcantará y el de San Martín, construido en el siglo XIV al oeste de la ciudad y declarado Monumento Nacional en 1921.

Son igualmente destacables gran parte de los edificios públicos como el Ayuntamiento, el Palacio de Fuensalida, sede de la Presidencia de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, o el Convento de San Gil, sede de las Cortes Regionales.

Toledo cuenta con gran diversidad de museos que comprenden desde pintura a escultura e historia, pasando por otros sobre la cultura árabe, judía y visigoda. Especialmente destacables son el Museo de Santa Cruz, filial del Museo del Prado de Madrid que alberga de manera itinerante colecciones procedentes de este Museo, así como exposiciones temporales de diversa índole; el Museo del Greco, donde se encuentran las obras más importantes del pintor cretense; el Museo de los Concilios Visigodos, etc. Así, Toledo ofrece muchas maneras de conocer la ciudad: rutas de conventos, iglesias, puentes, etc.; combinaciones culturales con salas de exposiciones y galerías de arte o recorridos que se pueden improvisar por sus estrechas calles.

Un buen momento para visitar los patios tradicionales de las casas toledanas es durante la Semana Grande del Corpus Christi, declarada de Interés Turístico Internacional, ya que la mayoría se engalanan y se abren al público.

También posee un atractivo especial, por el peculiar escenario de las estrechas y empinadas calles y su severidad penitencial, la Semana Santa de Toledo, de Interés Turístico Nacional.

Con un carácter más popular, aunque también con un marcado acento religioso, se celebra la fiesta patronal el 15 de agosto, en honor a la Virgen del Sagrario.

También es destacable la riqueza de la cocina toledana, basada especialmente en la caza y la matanza. Algunos de los platos típicos son el cochifrito, generalmente de cordero o cabrito; las populares carcamusas, carne de ternera o cerdo desmenuzada y guisada con tomate y algunos guisantes; las sopas de ajo o la perdiz estofada, plato estrella de la cocina toledana.

El aceite es la base fundamental de los platos toledanos, ya que el valle del Tajo o los Montes de Toledo son comarcas de Castilla-La Mancha donde el olivo ejerce un protagonismo indiscutible.

Además, al igual que en el resto de La Mancha, destacan los buenos caldos de vino y los prestigiosos quesos. Entre los postres y dulces, sin lugar a dudas, el rey es el tan reconocido mazapán de Toledo.

La forja de metales ha dado gran renombre a la ciudad de Toledo desde la época visigoda

Los trabajos artesanos ancestrales que dan renombre a Toledo en todo el mundo desde hace cientos de años son, sobre todo, el damasquinado y la espadería; en menor medida, la cerámica, el forjado y la madera.

La tradición del arte del acero toledano ha sido siempre legendaria y uno de los más prestigiosos del mundo desde la época visigoda, sobre todo por su flexibilidad. Las mejores espadas de los siglos XVI y XVII eran de Toledo, a cuyo río, el Tajo, se le atribuían propiedades casi milagrosas para darle calidad a sus hojas.

En 1761 Carlos III creó la Fábrica de Armas de Toledo y a pesar de haber cesado su actividad, los talleres toledanos siguen produciendo sables para los ejércitos españoles y extranjeros.

Otra de las artes tradicionales que se unen al nombre de Toledo es el damasquinado, una técnica que consiste en dibujos de formas en metales o dibujos incrustando hilos dorados o plata hacia dentro. Su belleza da como resultado un arte que se ha convertido, junto a la de las armas blancas, en una seña identificativa de la ciudad de Toledo durante toda su historia.

Toledo es en la actualidad el mayor foco de producción de damasquinado del mundo, y donde se ejecutan la mayor diversidad de piezas. El damasquinado toledano auténtico fundamenta su prestigio en una técnica artesanal muy depurada. Sin duda es la “estrella” del sector del Metal y una fuente de riqueza para la artesanía toledana y castellano-manchega.