Por tierras de Maqueda

La parte más alta de este pueblo toledano fue puesto vigilante de romanos hasta que os musulmanes levantaron más tarde en ese lugar el Castillo de Maqueda.

Tomado por Alfonso VI en 1153, Maqueda pasó por concesión real a manos de don Fernando Yáñez. Alfonso VIII, reorganizando su cada vez más vasto reino, donó Maqueda a la Orden de Calatrava. En 1196 sufrió el ataque de tropas almorávides.

Ya en 1434, el Condestable Álvaro de Luna quiso poseerla con el objetivo de construir un fuerte estado personal en las proximidades de Toledo, sin embargo, Enrique IV acudió a Maqueda con la orden de acosarla y tomarla. El ejército real, después de un acoso de varios días, puso fuego al arrabal, pero la villa amurallada y el castillo no se rindieron.

Después de tomar prisionero al Condestable, su villa de Maqueda continuó resistiendo la fuerza del Rey, y su alcaide se mantuvo fiel a don Álvaro, esperando que un día volviera quien había dado fuerza y lujo a sus almenas.

A pesar de ello, el cerco de Juan II, en 1453, acabó rindiendo a Maqueda y el castillo volvió a manos de la Corona, aunque no por mucho tiempo.

El infante don Alfonso, cuando fue proclamado rey frente a su hermano Enrique IV, cedió a Maqueda en señorío al cortesano Alvar Gómez de Ciudad Real, quien en 1465 cambió con el Cardenal Mendoza, principal señor feudal en Guadalajara, Maqueda por las villas de Pioz, El Pozo y los Yélamos, todas en el Común de Guadalajara.

En 1469, el Cardenal Mendoza volvió a cederla a su pariente el arzobispo toledano don Alonso Carrillo, a cambio de la villa y fortaleza de Jadraque, en tierra de Alcarria donde los Mendoza estaban entonces construyendo su gran estado señorial.

Después, vendería la fortaleza al comendador don Gutiérrez de Cárdenas, quien inició la reedificación del castillo de Maqueda tal como hoy la conocemos, después de siglos de luchas y asedios.

A finales del siglo XV, residió una temporada en el castillo de Maqueda la reina Isabel la Católica acompañada de su amiga Beatriz de Bobadilla.

El hijo de Gutiérrez, Diego de Cárdenas, fue nombrado duque de Maqueda por Carlos V en 1539. A pesar de que esta familia pasó a residir en un gran palacio que se construyeron en la cercana localidad de Torrijos, siempre cuidaron la fortaleza, abandonándola en el siglo XIX, con la abolición de los señoríos.

Castillo de Maqueda

El castillo se divisa fácilmente desde cualquiera de los caminos que nos acercan a Maqueda, accediendo a él desde el centro de la población. De planta cuadrilonga, sus cuatro enormes paramentos rematados por almenas le confieren un aspecto clásico, estando protegido por fosos en dos de sus lados. En el muro del norte está la puerta principal del siglo XV, que alberga el escudo de armas del matrimonio que lo reconstruyó, los Cárdenas y Enríquez, sostenido por un ángel.

En un principio, la fortificación de Maqueda no quedaba reducida al castillo, sino que acogía a todo el pueblo. Una muralla recorría todo el cerro, donde hoy se asienta la población, partiendo del castillo dirección a occidente.

En su interior encerraba a la villeta, protegida en todo su amplio perímetro por muros de mampostería, reforzados a trechos por torres, permitiendo la entrada al recinto por las puertas. En la actualidad, sólo quedan de la muralla algunos testimonios aislados, ruinas como las de la torre de Santa María, la torre de la Vela, la torre de las Infantas, y delante de la iglesia parroquial, la Puerta maestra.

El castillo fue declarado Monumento Histórico Artístico el 3 de junio de 1931 y su propiedad y uso pertenece al Ministerio del Interior.

Castillo de Oropesa

Caminando por las calles del pueblo, todavía se pueden ver restos de lo que fue la línea defensiva de la muralla de la villa.

En su extremo más elevado, en el límite norte de Oropesa, se alza el castillo, uno de los más hermosos de Castilla-La Mancha.

En la época de la dominación musulmana, se inició la construcción del poblado, rodeándose de murallas y poniendo en lo más alto un pequeño castillo, orientado a la vigilancia y el resguardo de escasas tropas.

Apenas sin población, la fortaleza quedó reducida a una simple torre, y fue en tiempos de Alfonso X cuando se inició su repoblación de manera decidida, siendo el hijo de este monarca, el infante don Juan, quien en 1301 comenzó la reconstrucción de la villa, mejorando sus murallas y fortificando la antigua torre fuerte, embrión del actual castillo.

Alfonso XI, en 1344, le concedió el privilegio de celebrar feria, lo que supuso un fuerte empuje económico para esta población.

Durante un tiempo fue señorío de Juan Núñez de Lara, siendo después tomada por Pedro I de Castilla, quien la entregó para su defensa al maestre de Santiago, don García Álvarez de Toledo, uno de sus más firmes aliados en su enfrentamiento con su hermanastro bastardo Enrique de Trastámara.

Concluida la fraternal contienda y una vez Enrique fue proclamado Rey de Castilla, entrega Oropesa a García Álvarez de Toledo, quien a instancias del nuevo monarca renuncia a su maestrazgo de Santiago y pasa a ser primer señor de Oropesa y su tierra desde 1366.

A partir de entonces, y durante casi cinco siglos ininterrumpidos, los Álvarez de Toledo ostentarían el señorío y condado de Oropesa, cuidando su castillo, su villa y sus tierras.

La construcción definitiva del castillo se llevó a cabo durante la segunda mitad del siglo XIV hasta finales del XV.

Está dividido por una fuerte muralla central que deja a occidente una parte más amplia y moderna, que sirvió de palacio a los señores de la villa.

Desde el siglo XIX, el castillo de los Álvarez de Toledo quedó abandonado y progresivamente en ruinas, hasta que fue restaurado y recuperado como Parador Nacional de Turismo.

Otro de sus grandes atractivos son sus Jornadas medievales. Durante su celebración, de las fachadas de las casas cuelgan estandartes y banderas, hay música en directo y los desfiles y representaciones de batallas nos trasportan a la Oropesa del siglo XIV.

El Castillo de San Servando, almacén de pólvora en 1857, se vendió por 3.000 pesetas en 1873

Uno de los grandes atractivos de Toledo es el Castillo de San Servando. Separado de la ciudad por el Tajo, puede accederse a él por el Puente de Alcántara. La fortaleza era considerada una de las mejores obras de arquitectura militar mudéjar de España. Fue utilizada en diferentes épocas para defender la confluencia de caminos que accedían al puente y como fortaleza de defensa militar de la ciudad, por lo que fue objeto de numerosos destrozos.

Primitivamente fue levantado en el siglo XI por Alfonso VI, quien lo entregó a los templarios. Se cree que en él veló las armas El Cid antes de su reconciliación con el rey. Luego pasó a ser ocupado por los frailes de Santiago hasta la extinción de la Orden, quedando desde entonces abandonado, hasta que en 1386 fue mandado reconstruir por el arzobispo don Pedro Tenorio.

Se trata de una fortaleza del siglo XIV construida sobre un castillo anterior de origen musulmán, que a su vez fue construido sobre una iglesia visigoda y ésta sobre otra fortaleza anterior romana.

Levantado con mampostería y ladrillo rojo, tiene planta cuadrada con muros almenados, torres cilíndricas huecas en tres de sus esquinas y cubos en las fachadas de mediodía y levante. El torreón norte se encuentra ceñido de medallones, arcos de herradura y barbacanas salientes. Las puertas son netamente mudéjares.

Destinado a almacén de pólvora en 1857, se ofreció su venta por 3.000 pesetas en 1873. En 1945 fue reconstruido, instalándose en su interior primero un colegio y luego una residencia estudiantil. En la actualidad es propiedad de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, empleándose hoy en día como albergue juvenil.

La Ciudad de las Tres Culturas

Toledo se sitúa sobre un escarpado peñón rodeado casi en su totalidad por el llamado Torno del Tajo, un singular meandro que traza este río a su paso por Toledo. El gran valor estratégico de este enclave explica su continua ocupación desde tiempos prehistóricos. Importante ciudad celtibérica, más tarde romana, como capital del Reino Visigodo en el siglo VI fue escenario de los Concilios de Toledo. La huella musulmana se deja notar en el trazado de su plano y en su entramado laberíntico.

Tras la reconquista cristiana por Alfonso VI, queda incorporada al Reino de Castilla.

Toledo se convirtió en la Ciudad de las Tres Culturas, por albergar la convivencia pacífica y simultánea de cristianos, musulmanes y judíos. En los siglos XII y XIII, la Escuela de Traductores permitió un importante intercambio cultural, determinante en la transmisión de la cultura grecolatina y musulmana.

A partir del siglo XIV, la tolerancia de siglos anteriores desaparece para dar paso a un ambiente de crisis económica y social que culmina con la expulsión de los judíos en 1492.

Posteriormente, Carlos I la convierte en capital del Imperio Español. Una etapa brillante que duraría poco, ya que en 1561 Felipe II traslada la capital a Madrid. A partir de entonces se inicia una etapa de decadencia, interrumpida sólo en el siglo XIX por la llegada del ferrocarril a Toledo.

En la actualidad, está considerada una ciudad moderna y cosmopolita. Capital de Castilla-La Mancha desde 1982, fue declarada “Ciudad Patrimonio de la Humanidad” por la UNESCO en 1986.

Además de la Catedral, sus museos, iglesias, palacios y conventos, Toledo destaca por sus edificios fortificados y castillos. Entre ellos es de obligada referencia el castillo de San Servando, el Alcázar y los restos de la antigua muralla con sus puertas de acceso al interior de la ciudad.

El Alcázar está ubicado en lo más alto de la ciudad. Sus vestigios confirman que fue un lugar fortificado desde tiempos romanos. Para construir el actual edificio como residencia digna de emperador, bajo órdenes de Carlos V, se tuvo que destruir el anterior castillo medieval. En 1545, su primer arquitecto fue Alonso de Covarrubias, junto a Villalpando y Juan de Herrera.

En su exterior presenta grandes torreones cuadrados, rematados en sus esquinas por chapiteles de pizarra negra. Antes de terminar su construcción, la capital se trasladó a Madrid por lo que no llegó a ser residencia de reyes.

El Alcázar fue cárcel, cuartel, sede de talleres sederos y de la Academia de Infantería, albergando actualmente la Biblioteca Regional de C-LM.

Sufrió incendios durante las Guerras de Sucesión y de Independencia llegando a su casi total destrucción en 1936 durante la Guerra Civil. Su reconstrucción acabó en 1961.

Una de las puertas de acceso más monumentales de Toledo es la Puerta Vieja de Bisagra, también conocida como de Alfonso VI, construida por orden de Carlos V según trazas de Covarrubias.

Impresionante igualmente la Puerta Nueva de Bisagra, de carácter monumental, está formada por dos cuerpos intercalados por una plaza de armas. El cuerpo exterior cuenta con un arco de triunfo de sillares almohadillados, coronado por un escudo imperial de la ciudad, con un águila bicéfala flanqueado por dos grandes torreones con las figuras de dos reyes sedentes.

Castillo de Guadamur

El castillo de Guadamur es una bella fortaleza del siglo XV con claras influencias italianas. Fue construido en 1468 por el Conde de Fuensalida, Pedro López de Ayala, sobre otro castillo anterior de origen musulmán en el que se refugió el rey moro cuando Alfonso VI tomó Toledo.

En 1502 vivieron en él Felipe El Hermoso y Juana La Loca. Otros personajes históricos que pasaron por el castillo de Guadamur fueron el Cardenal Cisneros, Carlos V y la Princesa de Éboli, mandada recluir aquí por Felipe II.

Durante la Guerra de la Independencia, siendo propiedad del Duque de Uceda, fue utilizado como cuartel por las tropas francesas, quienes también lo incendiaron. Posteriormente fue vuelto a incendiar durante las guerras carlistas.

Abandonado, el castillo pasó a manos de los vecinos, a quienes se lo compró el Conde del Asalto, quienes lo reconstruyó en 1887.

Fue saqueado durante la Guerra Civil y posteriormente fue restaurado y amueblado por el Marqués de Campoó.

Su planta es cuadrangular, de 30 metros de lado. Cuenta con dos recintos amurallados y un foso que en su origen tuvo un puente levadizo defendido por dos cubillos y un matacán sobre la puerta.

Posee también escarpa y contraescarpa, y baluartes y defensas cilíndricos adosados a sus ángulos y paños. Cuenta con una torre del Homenaje, cúbica de dos cuerpos superpuestos, de 31 metros de altura. Está adornada con seis garitones con ménsulas circulares con labor de perlas y pirámides.

El conjunto está coronado por matacanes ornamentados por la misma sarta de perlas.

Su interior alberga una interesante colección de armaduras, tapices, muebles y cuadros de época.

Convertido en una vivienda privada, sirve de escenario para el rodaje de múltiples películas.

El Castillo de Montalbán conserva uno de los arcos góticos civiles más grandiosos de toda Europa

El Castillo de Montalbán está considerado una de las fortalezas más impresionantes de toda C-LM, principalmente porque cuenta con el amurallamiento completo de lo que iba a ser una población de cierta importancia, que luego no terminó de instalarse donde estaba proyectado.

Entre sus atractivos cabe destacar que conserva uno de los arcos góticos civiles más grandiosos de toda Europa.

Las condiciones del terreno en el que se asienta este castillo, han motivado la escasez de torres en su estructura al resultar innecesarias.

Ubicado en lo alto un cerro sobre el río Torcón, a 7 km del pueblo de San Martín de Montalbán, esta magnífica fortaleza fue propiedad de los caballeros de la Orden del Temple hasta la disolución de la misma. En ese momento, pasó a la Corona y está se lo entregó a don Alonso Fernández Coronel. Ya en el siglo XV fue propiedad del Condestable don Álvaro de Luna.

Posteriormente perteneció al marqués de Villena don Juan Pacheco, pasando a sus sucesores los Tellez-Girón y Pacheco, condes de la Puebla de Montalbán, y luego a los duques de Frías y Uceda.

El castillo, ubicado en una finca privada, puede visitarse durante todo el año salvo desde el 1 de febrero hasta el 16 de mayo, teniendo en cuenta que en esta época anida el águila imperial.

Castillo de Mora de Toledo

El tercer recorrido propuesto por la “Ruta de los castillos en Castilla-La Mancha”, invita al visitante a conocer una parte importante de la provincia toledana, desde los Montes de Toledo a través de las llanuras de La Mancha, convirtiendo el territorio de suaves montañas en inmensas llanuras tapizadas con colores de mil matices, recorriendo castillos con evocación de escenas quijotescas. Según las crónicas, el Castillo de Mora de Toledo formó parte de la dote de la princesa Zaida en su boda con el rey Alfonso VI.

De nombre Peñas Negras, este castillo roquero adaptado al terreno, es uno de los más importantes de Castilla-La Mancha a nivel arquitectónico. Se sitúa a 4 kilómetros aproximadamente del centro de la población.

De planta alargada y dos niveles interiores separados por un foso cortado en la roca, su torre del homenaje corta el castillo en dos partes, una de ellas patio de armas y la otra dependencias.

Su historia comienza en el siglo X. Más tarde, el castillo de Mora de Toledo perteneció a la taifa toledana. Al ser un lugar importante a la hora de asegurar a la ciudad por el sur, fue testigo de luchas entre cristianos y musulmanes. Una vez finalizadas, y tras su conquista, la fortificación fue entregada a la Orden de Santiago para la defensa y repoblación de la zona.

Historia de Consuegra

Se encuentra en lo alto del cerro Calderico, una pequeña cordillera sobre las inmensas llanuras manchegas, rodeado de los típicos molinos de viento.

Los romanos ya tuvieron aquí una población de cierta importancia a la que llamaron Consaburum, y levantaron cerca un gran acueducto a 23 kilómetros con el objetivo de proporcionar agua a este enclave, atestiguando la importancia que pudo tener el lugar.

Los musulmanes tuvieron aquí un punto de población vigilante destacado.

A fines del siglo XI, poco después de la conquista de Toledo por Alfonso VI en 1085, entraban los almorávides en España. El rey Al- Mutamid de Sevilla, temeroso más aún de los peligrosos norteafricanos que del avance de los vecinos reyes cristianos del norte, pide colaboración a Alfonso VI, y en prueba de amistad le cede su hija Zaida, para que el castellano se case con ella otorgándole en la dote, entre otros castillos, el de Consuegra. De este modo, en 1090 Castilla toma posesión de esta fortaleza, sin embargo en 1097 sufre el acoso de los almorávides. El rey Alfonso se resiste, lucha pero pierde, refugiándose en esta fortaleza.

Finalmente, en 1109 el castillo de Consuegra cae en poder de los bereberes hasta que en 1147 Alfonso VII reconquista Calatrava y su comarca, regresando Consuegra nuevamente y para siempre, a manos castellanas.

El monarca entregó Consuegra a la Orden militar de San Juan, y fueron estos caballeros quienes organizaron su defensa, a finales del siglo XII, frente a un nuevo ataque de los almohades. En 1183 se inició la repoblación de la villa y su comarca, haciéndola cabeza del gran priorato de San Juan, a manos de las órdenes de Calatrava y Santiago.

Una de las aldeas que constituyeron el Campo de San Juan, sería quien recogiera en el siglo XVI el testigo de la capitalidad de la comarca, quedando Consuegra a partir de entonces disminuida en su población y recursos.

Castillo de Consuegra

El Castillo de la localidad toledana de Consuegra, destinado en la actualidad a uso turístico y actividades culturales, fue edificado en los siglos X al XIII.

Los caballeros de la Orden de San Juan lo habitaron, capitaneando desde él la repoblación de estas tierras. La estructura de esta fortaleza de arquitectura militar sanjuanista es bastante atípica. Está constituida por un cuerpo central cuadrado con una gran torre cilíndrica a cada uno de sus lados. El recinto se encuentra rodeado por una barrera de la que sólo quedan restos en la zona que rodeaba el patio de armas.

Lo primero que aparece es un espacio vacío denominado centinela, desde donde se accede al castillo, rodeado por la barrera defensiva.

La puerta de acceso al castillo está enmarcada por dos estructuras cúbicas, y sobre ella se encuentra el escudo del Prior de la Orden Juan José de Austria y el de los Álvarez de Toledo.

Entre las estancias interiores destacan el aljibe, con cubierta de bóveda de cañón, un patio interior y los archivos de la Orden de San Juan, destruídos por las tropas francesas en 1809.

También se pueden visitar sus murallas, liza, patio de armas, acceso reforzado al donjón, galería, decantador, mazmorra, sala capitular, ermita, terrazas, torre albarrana y el jardín.

La torre albarrana, elemento defensivo árabe, es de forma circular y se encuentra en la parte más meridional del castillo. Tiene cuatro pisos, por lo que su altura es considerable.

La fortaleza está acompañada de una incomparable docena de molinos de viento manchegos que, alineados, dan lugar al conjunto conocido mundialmente de la “Crestería Manchega de Consuegra”.

El Castillo de Orgaz, con una torre del homenaje de 20 metros, muestra completa su imagen original

El Castillo de Orgaz fue construido en el siglo XV a los pies del antiguo camino de Sevilla, sobre los restos de otra edificación más antigua, posiblemente una fortaleza árabe del siglo X.

Es obra de don Álvar Pérez de Guzmán, cuyas armas presiden, muy desgastadas hoy en día, la puerta principal de acceso. En las Guerras de las Comunidades fue incendiado por las tropas de Carlos V porque en él se habían refugiado los vecinos del pueblo partidarios de los comuneros.

Ya en el siglo XVIII el Castillo de Orgaz estaba desmantelado, contándose incluso que se sacaron de su interior 400 carros de escombros. Hasta la segunda mitad del siglo XX permaneció con bastantes desperfectos en el exterior y destruido totalmente en su interior.

A finales del siglo XIX fue sacado a subasta, haciéndose con su propiedad por 11.000 reales, don Apolinar Moreno Ventas, quien lo pasó como regalo de boda a su sobrino Francisco Moreno Ventas.

Sus herederos lo vendieron a su dueño actual, quien lo ha restaurado y convertido en habitable. Exquisito y pequeño, lo encontramos en la parte oeste de Orgaz. Su disposición es curiosa, rectangular, con una gran torre del homenaje de 20 metros en uno de sus cuatro ángulos. Los otros tres están defendidos por bellos garitones volados cuyo almenaje descansa en series de modillones. En el muro oriental aparece una estructura semicircular, ábside de la que fuera capilla del castillo. El resto del edificio, con sus muros muy bien conservados al exterior, ofrece completa su estampa primitiva.