La cabeza de una joven anónima a medio rapar, representación gráfica de uno de los castigos que con mayor frecuencia se aplicó a las mujeres durante la dictadura franquista. Esa es la imagen que ilustra el cartel del curso Mujeres, Memoria y Justicia, que celebra la Universidad de Castilla-La Mancha durante esta semana en el Campus de Ciudad Real. Organizado por la y el : Mujeres, Memoria y Justicia, el curso pretende recuperar el testimonio de las mujeres que durante el franquismo sufrieron una represión específica por el hecho de ser mujeres, los denominados crímenes de género que hasta no hace mucho tiempo han sido ignorados o conscientemente silenciados. Violaciones a esposas, mujeres o hijas de republicanos; el secuestro de sus hijos recién nacidos, que solían entregarse a familias del régimen; y otras mil formas de violencia, como la mencionada de afeitar el cráneo de las disidentes y hacerlas desfilar mientras aguantaban los insultos o las agresiones de los vecinos.

La antropóloga María Dolores Martín Fontecha, codirectora de la iniciativa junto al profesor de la UCLM Ángel Ramón del Valle Calzado, es muy explícita respecto al alcance de la represión franquista contra las mujeres. “En todo el territorio nacional se estuvieron produciendo violaciones hasta entrada la década de los sesenta; es decir, en muchos pueblos operaba una “manada” con licencia para actuar impunemente, sobre todo contra mujeres vinculadas con algún pasado republicano: haber desempeñado algún cargo democrático, haber sido maestras o, simplemente, por su condición de esposas, hijas o hermanas de republicanos”.

Y todo ello, en un contexto de total impunidad, como añade la también directora del Centro para la Investigación y Memoria: Mujeres, Memoria y Justicia. “Todo el mundo miraba para otro lado”, explica Martín Consuegra, quien considera “imposible” cuantificar el número de víctimas de estas prácticas. “No hay archivos donde podamos consultar cuántas mujeres han sido rapadas o violadas. En los pueblos que hemos visitado, los testimonios coinciden en que las agresiones se producían absolutamente al criterio del agresor, sobre todo con aquellas que estaban más desprotegidas; ellas utilizan una expresión muy significativa que es “levantarse el mandil”, no utilizan la palabra violación porque la violación supone un delito y violar a una roja o una pariente de un rojo durante la dictadura no era un delito”.

El curso que se celebra esta semana en la Facultad de Letras pretende, precisamente, recuperar el testimonio de estas víctimas, directamente o a través de los investigadores que los han recopilado. “Para cubrir esa brecha de la memoria y otorgar cierta dignidad a las víctimas es para lo que estamos aquí reunidos”, ha manifestado , quien ha inaugurado el curso junto al decano de la Facultad de Letras, ; el director académico del Vicerrectorado de Estudiantes y Responsabilidad Social, ; la alcaldesa de Ciudad Real, , y la delegada de la Junta de Castilla-La Mancha en Ciudad Real, . Estas dos últimas responsables han coincido en señalar la necesidad de realizar una lectura de la memoria histórica en clave feminista, en la que se dignifique a las víctimas.

Tras la apertura del curso, el investigador del (CSIC) ha pronunciado la conferencia inaugural, sobre el deber de la memoria y la centralidad de las víctimas. A continuación, la profesora de la ofrece una ponencia sobre el papel de la justicia transicional en la visibilización de los crímenes contra las mujeres. Esta primera jornada concluye con la intervención de María Dolores Martín Consuegra y de la maestra de , quienes abrirán un debate con los asistentes.

El curso continúa hasta el próximo jueves e incluye el análisis de cuestiones como la depuración y la represión de las docentes republicanas, las víctimas infantiles de la dictadura franquista, o la represión en la guerra civil y en la postguerra en la provincia de Ciudad Real.

Colonias escolares

Paralelamente a las ponencias, la Facultad de Letras acoge una exposición de dibujos realizados por niños y adolescentes en los años treinta del siglo pasado, durante su estancia en las colonias escolares que creó el republicano para acoger a los hijos de los combatientes. Los dibujos, cuyos originales pertenecen en su mayoría a universidades y centros de investigación extranjeros, representan el impacto de la guerra civil en los pequeños, desde los bombardeos a la escasez, así como escenas cotidianas durante su ingreso en estos centros de protección.