El danés, el alemán, el magiar, el búlgaro, el griego, el sueco, el ruso, el flamenco, el italiano, el rumano, el catalán, el vasco y el gallego son algunos de los idiomas presentes en la exposición en los que se ha editado este clásico de la literatura infantil. Una edición facsímil de un ejemplar de 1863 ilustrado por Gustave Doré, algunos ejemplares ilustrados por Constanza o José Ramón Sánchez y uno escrito por Roald Dahl son los más emblemáticos de la muestra. La mayoría de las ediciones pertenecen al siglo XX, la más antigua data de 1935.

Charles Perrault publicó en 1697 su “Historie ou contes du temps passé”, también llamada “Contes de ma mere L’Oye”, en la que incluía “Le petit Chaperon Rouge”. Era la primera versión literaria del mito, dirigida a las jóvenes de la corte del Rey Sol con clara intención didáctica, ya que la niña acaba en el vientre del lobo. En 1812 Jakob y Wilhelm Grimm publicaron “Kinder um Hausmärchen”, una colección de cuentos de la que formaba parte “Rotkäppchen”. Caperucita se había hecho más discreta, pero sigue cayendo en el error y precisa de un cazador que la salve. Se trata de la versión más conocida.

Según explica la propietaria de las obras expuestas, “es posible que Perrault se inspirase en tradiciones de la Francia profunda. Investigaciones diversas han descubierto que en Italia y otros lugares europeos había una tradición oral de relatos similares”. En relación con los hermanos Grimm, prosigue la profesora “en un principio tenían el objetivo de divulgar el folclore de la zona central de Alemania, donde la caperuza era una prenda popular. Aunque también se admite que el cuento podría haberles sido transmitida por una amiga de origen hugonote que podría haber conocido de primera mano la versión de Perrault”.

Para la profesora Muñoz, Caperucita es, en definitiva “algo más que un cuento de hadas, un mito que subyace en nuestro inconsciente colectivo y que nos enfrenta a ciertas contradicciones internas como si actuase a modo de espejo”. Por todo esto, afirma, “hace tiempo que dio el salto desde la literatura y viene siendo utilizada como icono publicitario, porque los especialistas en técnicas para el consumo son conscientes de la atracción que ejerce la explosiva combinación de inocencia y seducción que encarna la niña vestida de rojo”.