El Palacio de Bellas Artes BOZAR de Bruselas (Salle Heny Len Bœu) acoge los días 5 y 6 de febrero la representación de “El Retablo de Maese Pedro”, una versión inédita de la singular ópera que escribiera Manuel de Falla para teatro de títeres y…
El Palacio de Bellas Artes BOZAR de Bruselas (Salle Heny Len Bœu) acoge los días 5 y 6 de febrero la representación de “El Retablo de Maese Pedro”, una versión inédita de la singular ópera que escribiera Manuel de Falla para teatro de títeres y marionetas.
La dramatización corre a cargo de la compañía española Etcétera, dirigida y fundada hace más de 25 años por Enrique Lanz, a quien el proyecto le perseguía desde hacía tiempo; su abuelo, Hermenegildo Lanz, titiritero como él, fue amigo de Manuel de Falla y creador de las figuras con las que se estrenó su ópera en París en 1923.
Enrique Lanz está considerado como una de las grandes referencias internacionales del teatro de marionetas, desarrollando una intensa labor pedagógica tanto en España como en Latinoamérica. Miembro de la Real Academia de Bellas Artes de Granada, actualmente también desempeña la dirección artística del evento sobre autómatas que anualmente se organiza en Parque de las Ciencias de dicha localidad andaluza.
“El Retablo de Maese Pedro”, basado en el texto -casi literal- del capítulo XXVI de la segunda parte de “El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha”, tiene el valor añadido al captar en tan breve pasaje todo el espíritu de Miguel de Cervantes. La versión de Lanz, sin embargo, tiene el objetivo principal de conectar tanto con el público de ópera más exigente como con el público infantil o escolar. El espectáculo comienza con otra obra de Falla, “Concierto para clave y cinco instrumentos”, que sirve de preámbulo a un juego de proyecciones de sombras y al corpus de la ópera. Luego llega el momento mágico de la irrupción en escena de marionetas gigantes, títeres de hilo entre seis y siete metros cuya estética se inspira en pinturas y esculturas del barroco.
El relato avanza y da cuenta del delirio que afecta al personaje de Don Quijote, que, durante su asistencia a una representación de títeres (la función no deja de ser un teatro de marionetas para marionetas), acaba confundiendo realidad y ficción, hasta el punto de que, sintiéndose parte de la trama, termina destrozando el teatrillo en su afán -equivocado- de salvar al personaje de Melisendra.
La espectacular puesta en escena de este teatro de títeres sobre una función de títeres, es el resultado de un imaginativo y esforzado trabajo de montaje y producción, con un impactante tratamiento de luces y sombras y con un mágico despliegue de maquetas, esculturas, escaneados en 3D y marionetas gigantes.
A ello se suma el complemento orquestal ideado por él director musical, Josep Vicent, que lleva a buen puerto las diferentes músicas que Manuel de falla empleó para su ópera, combinando notas antiguas, folclóricas, litúrgicas o de vanguardia.
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