Tras presidir la reunión de la Troika social con los interlocutores y la plataforma social, el ministro español de Trabajo, Celestino Corbacho, ha explicado que la “reflexión compartida” es que los signos de mejora de la economía “todavía son…
Tras presidir la reunión de la Troika social con los interlocutores y la plataforma social, el ministro español de Trabajo, Celestino Corbacho, ha explicado que la “reflexión compartida” es que los signos de mejora de la economía “todavía son débiles” y el desempleo “sigue creciendo”, por lo que las medidas públicas de estímulo deben mantenerse.
Así se lo trasladará al resto de sus colegas de la UE en la reunión informal de ministros de Empleo que se celebra en Barcelona durante la tarde del jueves y el viernes, y que sentará las bases para elaborar las políticas comunes en materia de empleo que los Veintisiete van a asumir en los próximos diez años, dentro de la llamada estrategia 2020.
Para Corbacho, esta estrategia “a corto plazo debería tener como objetivo medidas de corrección de la problemática social generada por la crisis y también sobre el empleo”, en especial en lo que afecta a los colectivos más vulnerables, como jóvenes y parados de larga duración.
En cuanto a las iniciativas de estímulo, Corbacho se ha referido a las medidas adoptadas en Europa “para animar la inversión en un momento en el que el sector privado estaba retrocediendo”, así como al apoyo dado a sectores como el de la automoción.
“Estas medidas deberían desaparecer en todo caso cuando la economía por sí misma tenga suficiente fuerza y no necesite de estímulos”, ha dicho.
En este mismo sentido se ha manifestado su coloega belga, Jöelle Milquet, al subrayar que “no queremos basarnos en una política miope de imperativos presupuestarios”, ya que “el crecimiento es muy frágil y siguen haciendo falta un apoyo”.
Según su análisis, la situación del empleo aún puede degradarse más el año próximo, y “por eso no nos podemos permitir actuar ciegamente y retirar las medidas para el empleo”, en particular en lo que se refiere a los colectivos más frágiles, como los jóvenes y los parados de larga duración, ya que sería “irresponsable” y “peligroso”.
Entre los interlocutores sociales, el secretario general del Centro Europeo de Empresas Públicas y Servicios Públicos (CEEP), Ralf Resch, ha defendido que “no es posible reducir los presupuestos públicos de la noche a la mañana, porque la recuperación se pone en peligro”.
También se ha hablado de la importancia de la llamada flexiseguridad (combinar la protección de los trabajadores con la flexibilidad interna y externa de las empresas).
Para el ministro de Trabajo y Asuntos Sociales de Hungría, László Herczog, este concepto debe servir tanto a los intereses de las empresas que quieren mantener a sus trabajadores como a los propios empleados.
Al respecto, el comisario de Empleo, Vladimir Spidla, ha defendido la eficacia de su aplicación durante la crisis, ya que sirve para apoyar a la población en unos momentos especialmente duros de transición hacia un nuevo modelo económico.
Sin embargo, el secretario general adjunto de la Confederación Europea de Sindicatos (CES), Jöel Decaillon, ha sostenido que para que funcione el concepto de “flexiguridad” hace falta un mercado de trabajo menos “degradado” y “precario” -ha dicho- que el que actualmente se sufre en Europa.
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