Hoy no he dejado de pensar durante todo el día en la cifra de muertos que se ha cobrado ya este virus al que ya no sé que calificativo ponerle.

Sinceramente es algo que me azora y me llena de tristeza.

La cifra de fallecidos que las autoridades han dado hoy aquí, en nuestra tierra, es de 1.255, lo que suponen 78 muertos más que ayer.

Hay 11.788 contagiados que sepamos, pero según las noticias que hemos conocido en los últimos días, son muchas más las víctimas y posiblemente los contagiados, pues a la gran mayoría no se les hace ningún test.

No quiero entrar en esta columna en los porqués. No voy a valorar el para qué, ya que la respuesta a la que llegaría sería muy difícil de creer y explicar, por infame, malévola y carente de cualquier escrúpulo.

Solo diré, una vez más, que nadie tiene derecho a ocultar la realidad, por dura que sea. Nadie puede arrogarse la facultad de decidir si se miente con la intención de ocultar la causa de una muerte, porque se está jugando con el dolor de las víctimas.

Oía hoy una entrevista que hacían al presidente del que, visiblemente afectado, decía que la cifra de fallecidos por coronavirus es mucho mayor de la que se está diciendo desde las autoridades regionales. Que él lo ha podido comprobar con los datos de los registros civiles.

Y esta mañana tuve la oportunidad de hablar con varios alcaldes gracias a la videoconferencia. Un avance tecnológico que os aconsejo que pongáis en marcha para comunicaros con familiares o amigos y podáis veros las caras, además de hablaros.

Como decía, comentando con ellos cómo lo llevan, todos, sin excepción, me decían que lo peor ahora está en las residencias de mayores.

Que allí, por falta de previsión de las autoridades sanitarias, el contagio ha sido de proporciones mayúsculas y que eso, en un colectivo de alto riesgo como es de los mayores, es traumático.

Es un clamor que siguen faltando equipos de protección individual contra el contagio y que faltan test para comprobar si los residentes y el personal están infectados.

Y he pedido inmediatamente al Gobierno regional que es urgente que compre y mande este material a las residencias.

Y le he pedido que mande más personal. Que nuestros mayores están muriendo y que nuestros trabajadores y nuestros sanitarios también.

Y nada más pedirlo me han insultado. Algún destacado dirigente socialista, que en vez de trabajar para localizar material, test y respiradores se dedica únicamente a atacar a la oposición, llamándonos carroñeros.

Y yo les digo que si creen que me voy a amedrentar por esos insultos, es que no me conocen. Porque voy a seguir y seguir sin descanso. Pidiendo y exigiendo. Aportando ideas y propuestas como he hecho hasta ahora.

El que oculte la realidad e insulte a quien diga la verdad, en el pecado llevará la penitencia.

Sigo luchando por mis paisanos y por mi tierra. Pese a quien pese.

Y un enorme aplauso y mi mayor admiración a los trabajadores de las residencias. Mucho ánimo.