Aprovechamos el marco que nos deja el recién conmemorado ‘Día Internacional de la Mujer’ para que Patricia Sanz comience su entrevista a través de La Cerca hablándonos de la problemática que a la propia de la diferenciación por géneros que aún predomina socialmente, se suma para muchas mujeres el sufrir algún tipo de discapacidad…

La presidenta del Observatorio de Igualdad de la ONCE y su Fundación (y vicepresidenta segunda del Consejo General de la ONCE) comienza refiriéndose a lo que aún son “sensaciones” (porque se carece de datos) que reflejan que “cuando se unen las dos variables, ‘de género’ (femenino, normalmente) y ‘discapacidad’, el factor de discriminación y de dificultad es multiplicador”. Eso que, reitera, que en el Observatorio manejan todavía como una ‘sensación’ (y, algunas mujeres, como ‘experiencia’), no dispone aún de “una evidencia apoyada en los datos correspondientes porque, hasta ahora, las estadísticas que se elaboran no llevan desglosada la variable ‘discapacidad’, y es lo que estamos solicitando desde hace tiempo”, explica.

No obstante, Patricia Sanz es consciente de que “no es algo fácil”, pero confía en que de verdad se logre “para saber cómo afecta ‘de más’ (porque sabemos que, desde luego, que la dificultad es importante cuando al género le añades una discapacidad”.

“Aún no sabemos cuánto es más difícil que una persona se incorpore (o se reincorpore) al mercado laboral cuando es mujer y tiene una discapacidad”

Asegura que no han encontrado una negativa como respuesta a esta petición por parte de la Administración, pero sí que desde ésta se les ha trasladado “la dificultad que las herramientas con las que trabajan les ponen sobre la mesa”; incide en que “lo importante sería desarrollar (informáticamente) lo que haga falta para poder obtener esos datos”.

Patricia Sanz señala, en este sentido, que el principal objetivo (tanto por parte del propio Observatorio de Igualdad de la ONCE como de los medios de comunicación) es “sensibilizar acerca de la necesidad”, partiendo de algunos ejemplos a partir de la realidad.

“Sabemos que es más difícil la inserción laboral de las personas con discapacidad (y sabemos cuánto, porque hay números que lo acompañan) y, por otro lado, sabemos que hoy en día es más difícil (depende también de la situación, de la edad y de la circunstancia) la inserción (o reinserción) laboral de las mujeres; pero no sabemos qué pasa cuando, en una misma persona, coinciden ambas variables: cuánto es más difícil que una persona se incorpore (o se reincorpore) al mercado laboral cuando es mujer y tiene una discapacidad”, señala.

Otro de los ejemplos que apunta gira en torno a la lacra de la violencia de género: “Conocemos, creemos e intuimos que a las mujeres con discapacidad, les afecta más (porque tienen una mayor vulnerabilidad), pero no sabemos cuánto más y no sabemos cuántas de esas mujeres tienen (como consecuencia de esa violencia de género) una discapacidad sobrevenida”.

Asegura que son datos que estaría muy bien poner sobre la mesa con el gran objetivo de, simple (y complejamente a la vez), intentar atajarlos.

Un Observatorio ‘joven’, pero lleno de futuro…

Patricia nos cuenta que el Observatorio de Igualdad de la Organización Nacional de Ciegos de España es “muy jovencito” y apenas afronta su etapa de “desarrollo y madurez para afrontar otros objetivos”. Concreta que “nació en 2008 y, aproximadamente durante los primeros tres años, la labor fundamental consistió en constituirlo (dándole forma y contenido) después de la idea inicial; en ése primer momento, era un Organismo que sobre todo miraba ‘hacia adentro’ (de la ONCE y todo su entorno: y Grupo empresarial) porque somos una Organización más que acostumbrada a defender la igualdad de oportunidades donde haga falta y a ser el altavoz de las personas con discapacidad, pero no habíamos trabajo en qué pasaba (incluso dentro) con las mujeres que sufrían discapacidad (si es que pasaba algo)… de modo que lo que se hizo fue recopilar toda esa información para tener una ‘foto’ de partida”, explica.

Prosigue relatando que “hasta comienzos de 2015, sobre todo hubo un ejercicio de salir hacia fuera para contar que este Observatorio existía, cuáles eran sus principales objetivos; y también nosotros entendimos que debíamos sumar a nuestra defensa de los derechos de la discapacidad, un segundo ‘apellido’ y abordar la igualdad de oportunidades para las personas con discapacidad en cuestión de género”.

Incide, también, en que “en este año (y durante los tres próximos) se está haciendo un esfuerzo, primero, porque hemos ampliado los objetivos y ya no sólo hablamos de ‘mujeres con discapacidad’ sino también de las trabajadoras de todo el Grupo (tengan o no discapacidad); y, además, seguimos dando a conocer esa problemática de la complejidad de lograr la igualdad de oportunidades en mujeres con discapacidad”.

“Cuando hablamos de puestos de responsabilidad en el ejercicio de la gestión (de la Organización, de la entidad, de la Asociación, etc.), cuanto más subes menos reflejo hay del género femenino”

¿Se habla también de ‘desigualdad de género’ en el seno de los movimientos asociativos, o estos suponen un ejemplo a seguir para el resto de la sociedad a este respecto?

“Son un claro ejemplo a seguir en cuanto a la atención del colectivo al que se dirigen” afirma; “cualquier asociación dentro de este mundo asociativo tiene, desde luego, un trato igual hacia su colectivo, sin diferenciar entre hombres y mujeres”.

No obstante, en lo ajeno a la propia atención, Sanz admite que “todavía nos pasa algo más parecido al resto de ‘empresas’ (más hablando en este sentido que en el de entidades); en la parte de ‘abajo’ de profesionales que prestan el servicio (y más hablando de entidades muy cercanas a lo social) hay mucha presencia femenina (muy técnicamente cualificada); en la medida que vas subiendo en la escala, sí se ve un ejemplo a seguir (cuando hablamos de puestos de representación, es verdad que se ha avanzado mucho en los últimos cinco o seis años); pero aún nos pasa que cuando hablamos de puestos de responsabilidad en el ejercicio de la gestión (de la Organización, de la entidad, de la Asociación, etc.), cuanto más subes menos reflejo hay del género femenino… Ahí todavía tenemos que avanzar”.

Los ‘techos de cristal’

En el Observatorio de Igualdad de la ONCE perciben, fundamentalmente, dos situaciones que se podrían definir bajo el concepto de ‘techos de cristal’. Patricia nos los explica.

“Uno es el ‘techo de cristal’ que supone que, al hilo de esa dificultad que comentaba de acceso a los puestos de máxima responsabilidad, también en los puestos de segundo y tercer nivel de responsabilidad (que, normalmente, se componen de personas elegidas muchas veces por criterios de cercanía y confianza con el máximo responsable) hay una presencia predominante del género masculino; en este sentido, la realidad de las mujeres va mejorando, pero parte de tan abajo que todavía le queda mucho para que hablemos de igualdad real de oportunidades”.

Continúa asegurando que, ‘techo’ que más observan “nos lo ponemos muchas veces nosotras, pero no como freno por ‘no querer’, sino como asunción del doble de responsabilidades: entendemos que nos lo exigen (lo sentimos así) y, por lo tanto, nosotras nos auto-exigimos ‘el 120%’ de desempeño profesional, ‘el 140%’ de desempeño y compromiso familiar… y eso suma mucho como para ser asumido por una sola persona”.

“Sigue habiendo bastante conciencia de que hay que avanzar e inquietud por hacerlo, pero que algunos ‘observan’ y entienden que el paso lo debemos dar sólo nosotras, pero es una responsabilidad de todos”

En el análisis de qué parte de culpa tiene la sociedad (como tal) en esas cuestiones y qué parte el propio colectivo femenino (al auto-exigirse más de asumible).

“En la parte laboral, yo no creo que sea cuestión de culpa… pero a veces pasa que cuando tú asumes un puesto de mayor responsabilidad, te puedes sentir ‘culpable’ porque a veces tienes que ‘descuidar’ más esa otra faceta familiar que forma parte de ti como persona (lo que llamamos ‘conciliación’); sabemos que los hijos no están ‘desatendidos’ si los atiende nuestra pareja… pero no lo estamos haciendo nosotras, y eso a veces (que yo creo que es una cuestión cultural en la que tenemos que avanzar) es una ‘culpa’ que sí que nos sumamos ‘a la mochila’…”, describe.

Así, apunta que “a veces accedemos a puestos de responsabilidad pero acabamos sintiéndonos mal porque sentimos que estamos ‘descuidando’ o ‘desatendiendo’ otras facetas importantes (que podemos delegar en la otra persona que las puede hacer igual de bien)… pero ahí hay un tema cultural fundamental)”.

No obstante, en la parte de la ‘sociedad’, Patricia sí señala especialmente una realidad (para las personas con y sin discapacidad) que han percibido también en el Observatorio y que asegura que debería preocuparnos: la de los jóvenes; “se supone que los temas de igualdad los abordamos desde edades tempranas de la Educación (y, de ahí, en adelante), pero nos encontramos con gente joven y adolescentes en los que esas situaciones de desigualdad y de control desmesurado (y, además, con la ayuda de las nuevas tecnologías) ponen sobre la mesa datos preocupantes; eso, repito, en gente que se supone que está recibiendo una educación (en su casa y en la escuela) bajo parámetros de igualdad… pero algo está pasando y algo no estamos haciendo bien entre todos porque el resultado es ése”,

Al hilo de esto, Patricia Sanz considera que “aparte de la Educación temprana que se ofrece en las escuelas, habría que incidir más en el tramo de la Formación Superior; creo que los Centros de Formación Superior y las Universidades son sitios desde los que se puede hacer muchísimo: formar, observar, detectar y reorientar ante situaciones que van más allá de lo razonable”.

Subraya que “todos en la sociedad hemos de mentalizarnos de que el problema de la desigualdad de oportunidades y del exceso de control sobre la otra parte no es solo un problema de nosotras, sino un problema de todos; cuando todos nos sintamos igual de responsables, daremos un paso importante; por el momento, percibo que sigue habiendo bastante conciencia de que hay que avanzar e inquietud por hacerlo, pero que algunos observan y entienden que el paso lo debemos dar sólo nosotras (y somos un 50% de los que podemos ayudar a avanzar de verdad)”.

“No nos quedemos sólo en la semana del ‘8 de marzo’…”

La presidenta del Observatorio de Igualdad de la ONCE pone en valor que lo fundamental de todo esto es “darlo a conocer, difundirlo a toda la sociedad; el discurso de sensibilización es absolutamente necesario, y cuantas más oportunidades tengamos de explicarlo (además, de manera sencilla), mejor”.

A pesar de la ‘juventud’ del Observatorio de la que nos hablaba anteriormente (o precisamente por esa edad aún temprana), su presidenta concluye que en el corto y medio plazo se quedaría muy satisfecha si se lograse “que, como equipo del Observatorio, se pudiese lograr esa diferenciación externa cuando hablemos de datos de cualquier ámbito y, además, sepamos qué efecto tiene unido a la discapacidad”.

Internamente, desea que “no sólo nos quedemos con la semana del ‘8 de marzo’, sino que pensemos qué ‘granito de arena’ podemos aportar cada uno de nosotros para dar pasos en igualdad de oportunidades (no sólo en lo que supone la discapacidad, que por supuesto) sino, además, de lo que supone la discapacidad unida al género”, concluye.

Les invitamos a escuchar al completo la conversación con Patricia Sanz, presidenta del Observatorio de Igualdad de la ONCE y su Fundación (y vicepresidenta segunda del Consejo General de la ONCE). Pueden hacerlo, si lo desean, a través del archivo de audio que acompaña a este texto.